El corazón es el más afectado cuando se sufre de estrés
El disestrés se manifiesta por altos niveles de ansiedad, angustia, cambios en el carácter, dificultad para dormir, tendencia al consumo de psicofármacos y adicciones. Ya en 1957, los investigadores norteamericanos Meyer Friedman y Ray Rosenman describieron a la personalidad «tipo A», propia de personas impacientes, hiperactivas, competitivas, con tendencia a hacer varias cosas al mismo tiempo y a la agresividad. Este tipo de personas suelen ser exitosas, pero a una altísimo costo, ya que son mucho más vulnerables al estrés y a la enfermedad cardiovascular que aquellas de personalidad tipo B (que, como contrapartida, son más relajados y reflexivos).
«La personalidad de tipo «A» es autogeneradora de estrés porque tiende a reaccionar desproporcionadamente frente a estímulos poco importantes, identificándolos erróneamente como amenazas», señala el cardiólogo y especialista en Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti. «El estrés es una vivencia personal. No importa lo que pasa, sino cómo yo me lo tomo», dice el especialista, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (Sames). Lo que consideran desde aquí es que, si bien la personalidad de tipo A tiene una base hereditaria y genética, se pueden aprender algunos comportamientos y estrategias que ayudan a vivir en forma más distendida y saludable. Pero además el disestrés, según señala la psiquiatra María Cristina La Bruna, produce alteraciones en el contenido de grasa y azúcares en sangre (obesidad, colesterol alto, diabetes) e hipertensión arterial, lo cual a su vez aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La especialista, coordinadora de la sección de Psicopatología de un centro privado porteño especializado en enfermedades cardiovasculares, y advierte que «esta situación es cada vez más frecuente en las mujeres, siendo su evolución y pronóstico peor que en varón». La autoexigencia, la doble responsabilidad que muchas asumen en el ámbito familiar y laboral, y el hecho de que la mujer suela dejar para lo último el cuidado de su propia salud y la visita al médico, provocan que, en muchos casos se llegue tarde a un diagnóstico de enfermedad cardiovascular. A esto se suma el preconcepto (tanto de los pacientes como de los profesionales), de que los males del corazón son primordialmente masculinos.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios