El cordobés y Macri, en la era del deshielo



ESCENARIO

ARNALDO PAGANETTI Agencia Buenos Aires

Con Daniel Scioli disciplinado bajo los azotes kirchneristas, en silencio la casi totalidad de funcionarios peronistas con funciones ejecutivas por temor a no ser socorridos por las arcas nacionales, José Manuel De la Sota, empezó a levantar el perfil nacional con la mente puesta en 2015. No le fue muy bien el viernes pasado en Córdoba, donde resultó desairado por varios gobernadores que no respondieron a su invitación para presenciar en un palco VIP el partido entre Argentina y Paraguay. Debió conformarse con la foto con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, dando comienzo a un deshielo, que podría desembocar en un proyecto presidencial conjunto, de acuerdo con la evolución del complejo devenir político. Además de Scioli, lo esquivaron el socialista santafesino Bonfatti y la estrella bonaerense Sergio Massa, intendente de Tigre. Pero al ponerse codo a codo con Macri, predicando diálogo, consenso y sana convivencia democrática, De la Sota, se colocó en el centro de la escena y se pasó al bando de los enemigos de la Rosada. Ayer, tras la fracasada audiencia en la Corte Suprema por el reclamo de una deuda de más de mil millones y la réplica del ministro Hernán Lorenzino, quien lo acusó de estar en campaña electoral, recitó que pelear por los derechos de la provincia no lo convierte en “desestabilizador”. Y volvió a llamar “vanidosa” a la presidenta Cristina Fernández. “Hablemos”, le propuso. Igual que Macri, quien ayer por su lado acentuó un contrarrelato: hay que ocuparse - dijo - de la agenda real, la inflación, la falta de trabajo, la inseguridad y el aislamiento del mundo. Con la división y el conflicto no resolvemos nada, pontificó. De la Sota y Macri deberán hacer esfuerzos extraordinarios para convertirse en alternativa. No arruinar todo compitiendo entre sí. Y sumar, a la vez, a referentes del peronismo disidente o a expulsados del firmamento kirchnerista.


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