El Cuarteto de Nos(otros)



Opinión

Marcelo Antonio Angriman (*)

“Los goles no se merecen, se hacen” o “los goles que no se hacen en el arco ajeno se sufren en el propio”, son frases hechas de la enciclopedia futbolera. Los resultados deportivos no siempre responden al ideal de justicia. Por ejemplo en tenis o en vóley puede que gane quien menos puntos hizo en un partido. En boxeo, para citar otro caso, puede que un púgil que sufra una paliza durante toda la pelea, encuentre en una mano salvadora la tabla que lo salve del naufragio. Pocos días atrás a punto estuvimos de sufrirlo en carne propia, cuando el formidable Maravilla Martínez husmeó, a segundos del final, el polvo de la lona. Tal vez en esta cuestión aleatoria, en ese desafío permanente a la rigidez de lo preestablecido, esté el subyugante encanto del deporte. Cuántas veces habrá pensado el maestro Tabárez o el Bichi Borghi cómo marcar a Messi. Cuántos dibujos defensivos habrán bosquejado para contrarrestar sus eléctricas apiladas. Sin embargo la Pulga una vez más se salió con la suya. Qué duda cabe que en el primer tiempo frente a Chile, Argentina mereció una objetiva derrota en función de las jugadas de gol que generó el local. Sin embargo el conjunto nacional se fue a los vestuarios con un 2-0 a su favor. Es allí cuando la vara de la justicia deportiva puede resistir diferentes miradas: ¿Es acaso injusto que el resultado premie la virtud y castigue la torpeza? Pues bien, en esta semana de Eliminatorias, el Cuarteto de Nos(otros) sonó en su mejor versión. El “tan biónico” Messi, el Pipita Higuaín, el Kun Agüero y Ángel Di María, tanto en grupo, como en los solos, demostraron lo determinante que resulta la calidad de ejecución a la hora de resolver una melodía. Hay una diferencia apabullante de categoría individual entre estos jugadores –junto a Gago– respecto del resto de los rivales que forman parte de las Eliminatorias. La velocidad, la eficacia y sobre todo la técnica nacida en los potreros de estos futbolistas, permiten que la Albiceleste siempre cuente con un As guardado bajo la manga. Mientras mantengan este nivel, Argentina será un equipo de temer. Alejandro Sabella tendrá que trabajar duro para ajustar las demás líneas y conseguir que el vértigo y el equilibrio convivan. Quizás ese día la selección deje de depender de un cuarteto, para convertirse en una sinfónica. (*) Abogado. Prof. Nac. de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar


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