El debate sobre el futuro de CAFI

El titular de PFT, Hugo Sánchez, fue el disparador de esta polémica.

¿debe disolverse la entidad?

Cuántos discursos caerían si verdaderamente la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) saliera de la escena del Valle.

Ésta es una de las primeras conclusiones –entre otras tantas– que se pueden extraer de la entrevista que se le efectuó la semana pasada al titular de Patagonian Fruit (PFT), Hugo Sánchez.

Políticos y funcionarios que, en su gran mayoría, insisten en sus mezquinos mensajes buscando culpables y no soluciones para la actividad, son los que terminan por desvirtuar el poco contenido que se rescata de la discusión en busca de una mejor y más competitiva fruticultura para la región.

Palabras que sistemáticamente son utilizadas como muletillas, dentro de este debate, profundizan enfrentamientos y postergan posibles soluciones, las que son cada vez más urgentes para el sector.

Trabajemos sobre cierta hipótesis. ¿Hasta qué punto al gobierno nacional no le es conveniente este permanente estado de crisis en la actividad para poder justificar toda su estructura burocrática y de poder “puesto al servicio” de la fruticultura? Y dentro de este hipotético escenario, ¿la CAFI no ocuparía un lugar preferencial para la administración Kirchner? Este razonamiento, ligado más a la Florencia renacentista de Maquiavelo, debería ser computado, entre otros, a la hora de buscar nuevos y posibles puentes de diálogo con el gobierno nacional.

Pero no podemos quedarnos con la crítica sólo hacia el pétreo poder político.

Los problemas de la fruticultura son multicausales y los empresarios tienen un lugar destacado dentro de este escenario.

Está claro, tal como lo señala Sánchez en parte de su entrevista, que la CAFI fracasó en su intento de acercar posturas para mejorar las condiciones para el sector. También es cierto que la Nación no sólo no los tiene en cuenta a la hora de aplicar políticas para la región, sino que también los ridiculiza frente a terceros en las multitudinarias reuniones que se realizan tradicionalmente en las dependencias nacionales cuando se sientan, una y otra vez, a discutir los problemas del sector.

CAFI carece, hoy más que nunca, de un norte definido y se podría arriesgar que fue la misma presión de la política la que le hizo perder su rumbo.

Este contexto lo lleva, lenta pero progresivamente, a su degradación como institución.

Entre otras cosas apareció, y muy marcado en estos últimos tiempos, que la Cámara no puede generar una visión común ya que son los conflictos de intereses entre las mismas empresas los que terminan por dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento.

Egoísmos, celos profesionales, problemas de protagonismo, son sólo algunas de las conductas que llevaron a la Cámara a muchos de sus continuos y profundos fracasos. Hubo avances puntuales pero, lamentablemente, fueron mayores los retrocesos observados en estos últimos años.

Pese a todo esto, lejos de pensar en la disolución de la Cámara, los empresarios regionales deberían redoblar sus esfuerzos para crear una nueva institución que permita conseguir los logros tan mentados para toda la actividad.

Se necesitan mística, convicción y fondos disponibles para poder torcer el rumbo.

Hoy el Valle muestra una crisis que va mucho más allá de lo económico-financiero. Existe un serio problema de liderazgos en las dirigencias empresariales, gremiales y políticas. Si no existe la capacidad de modificar este estado de letargo en el que está sumergida la actividad, no hay mayor productividad o nuevas variedades que puedan llegar a salvar el sistema.

(Redacción Central)


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