«El derecho a fumar y las obligaciones laborales»

Como ex fumador con satisfacción veo que paulatinamente distintos municipios, sectores públicos y privados se van sumando a la prohibición de fumar y con ello es posible que el aire que nos toca respirar sea un poco menos insalubre.

También observo que esto está generando un cambio en el comportamiento de funcionarios, obreros, empleados, etc. que, prisioneros de ese hábito nocivo que va minando su salud, no pueden abstenerse y se ven compelidos a salir reiteradas veces al exterior de los lugares donde trabajan para entregarse deleitosamente al vicio sin ningún tipo de comedimiento.

Esta modalidad la observamos en las veredas de las oficinas, comercios, ventanas, balcones, etc., con el consiguiente entorpecimiento y demora en la atención al público y otros requerimientos.

Está claro que cada uno es dueño de hacer lo que le plazca con su vida o su salud, siempre y cuando no perjudique a otro; también admito que no se puede obligar o pretender que un empleado fumador de un momento a otro deje abruptamente esa dominante costumbre pero, si nos ceñimos al pensamiento o ideales que llevan a la búsqueda de la siempre ansiada mayor productividad, excelencia, esmero en el trabajo, compromiso, eficiencia, responsabilidad, cabal cumplimiento de las obligaciones, etc. deberíamos formularnos las siguientes preguntas, pues creo que la legislación no debe haber previsto estas consecuencias:

¿qué pasa con los funcionarios, oficinistas o empleados que no fuman y que a causa de la momentánea y repetida ausencia de su compañero fumador en el horario laboral se ven recargados en sus tareas o funciones con la lógica incidencia en la diligente atención que el público o clientes se merecen?

¿Acaso está convenido que el tiempo improductivo resultante de todas las veces que el empleado abandona su lugar de trabajo para fumar y ociar lo debe compensar quedándose trabajando un período equivalente luego del horario normal de actividades?

¿Es justo consentir que un empleado deba soportar un aumento de tareas por no ser fumador, mientras que su compañero se toma tranquilamente el tiempo para fumar plácidamente fuera del recinto, charlando y haciendo sociales?

¿Es correcto que los usuarios, contribuyentes, clientes, etc. deban perder más tiempo del habitual aguardando resignadamente su turno en las colas, mientras algunos empleados se ausentan para fumar como si nada?

¿En qué orden de importancia colocamos el derecho a fumar y la obligación de cumplir con el trabajo?

Tomás Heger Wagner, DNI 7.687.223

Neuquén


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