El desafío de Alemania al abandonar la energía nuclear

El país apagará en serie y hasta el 2022 los 17 reactores que posee. Ahora deberán encontrar una compensación equiparable y en pocos años.




EUROPA

Alemania, la primera economía europea, deberá hacer frente al desafío de encontrar en pocos años la forma de compensar el abandono de la energía nuclear a pesar de que los grupos del sector pronosticaron una fuerte carencia a partir del próximo invierno. El último de los 17 reactores nucleares alemanes quedará apagado en 2022 y, ya desde ahora, el país deberá prescindir de ocho de los más antiguos de ellos: así lo decidió en la noche del domingo al lunes el gobierno de la canciller Angela Merkel. Sin embargo, no dijo una palabra sobre los temores de cortes de corriente el próximo invierno, como ya auguran los responsables de las centrales y los administradores de las líneas de alta tensión, así como la Agencia Federal de Redes. Este organismo, que controla las redes de electricidad, gas y telecomunicaciones, considera que “la situación quedará bajo control el semestre de verano pero que habrá tensiones en otoño y en invierno”. “Producimos bastante electricidad. El problemas es la estabilidad de la red”, explicó a la AFP Claudia Kemfert, experta en cuestiones de energía. En claro: la detención de las ocho viejas centrales, que producen sólo 10% del consumo del país, no impedirá a Alemania cubrir sus necesidades. En cambio, la decisión de parar de golpe los viejos reactores --cinco de ellos en las regiones del sur y del oeste del país, las más industrializadas y densamente pobladas-- puede plantear problemas de distribución. Cuatro grandes operadores de redes eléctricas en Alemania ya pidieron al gobierno que se postergue el cierre de una o dos de las ocho centrales condenadas, para que desempeñen un rol estabilizador, lo que según fuentes del partido gobernante será aceptado. Más allá de los riesgos de cortes de corriente a corto plazo, el abandono de la energía nuclear plantea dos interrogantes a medio plazo: el del precio de la electricidad, en momentos en que el átomo es uno de los medios de producción más baratos, y el de las emisiones de CO2, que podrían dispararse si el carbón o el gas sustituyen al nuclear. Alemania mantiene pese a todo, por el momento, su objetivo de reducir en 40% sus emisiones de gas de efecto invernadero de aquí a 2020, respecto a 1990. El gobierno Merkel pretende apostar con fuerza por la energía eólica producida en el mar (offshore) , pero Alemania no podrá evitar la construcción de nuevas centrales convencionales, para suplir al menos los caprichos del viento y del sol. “Las centrales de gas son mejores que las centrales de carbón ya que contaminan menos (...)”, afirma Kemfert. Pero también incrementan la dependencia de Alemania de las importaciones de gas, en particular ruso, que le aporta un tercio del gas consumido. Ello pone a Alemania a merced de las importantes fluctuaciones de los precios, pero también de los conflictos geopolíticos que perturban las entregas de gas. Por Aurélia End (AFP).-


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