El desorden



En los desórdenes del jueves 14, como si respetara un guión invisible, el gobierno colaboró con su parte. Después de muchos rodeos se decidió a tocar un poco el gasto público y empezó por los jubilados. Nada menos. Siguiendo el libreto del duranbarbismo no explica, no argumenta, no discute. Cedió espacio a los demagogos, les dejó el papel más fácil. Y al final, “blindó’’ el Congreso.

Ni el setentista más nostálgico podría haber imaginado una situación mejor.

Pero tal vez el error empezó antes. No en la campaña de octubre de 2017, en la que Cambiemos no anunció los cambios que se proponía aplicar. Sino en el 2015, cuando fue por primera vez a las urnas sin mostrar su identidad, culposo y con pánico de que lo tacharan de “neoliberal’’. El dilema: si decimos la verdad, no ganamos. Por lo tanto, no hay que ir contra la corriente populista que prefiere la mayoría. Debutaba así el “kirchnerismo de buenos modales’’. Las consecuencias de esa decisión, astuta para ganar pero insuficiente para gobernar, el oficialismo las padece hoy en las calles. Y ya no puede volver atrás. Hay momentos en los que conviene arriesgarse a perder una elección a cambio de ganar legitimidad para, cuando las simpatías se modifiquen, gobernar con la solidez de un mandato electoral. Algún día, también, será hora de recuperar la figura del gobernante como estadista que no sólo tuitea y obedece a focus groups, sino que hace docencia y se anima a enfrentarse con las veleidades de la opinión pública, y la opinión publicada.

Joaquín Bertrán

DNI 5.433.822

Algún día, también, será hora de recuperar la figura del gobernante como estadista que no sólo tuitea y obedece a focus groups, sino que hace docencia.

Joaquín Bertrán

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Algún día, también, será hora de recuperar la figura del gobernante como estadista que no sólo tuitea y obedece a focus groups, sino que hace docencia.

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