El día a día de un siglo

Un diario se nutre de ilusiones. De ideas potentes que circulan –compartidas, discutidas, inquietas–, apasionadas como toda construcción humana.

Durante un siglo, cada día, “Río Negro” ha sido actor, testigo y vínculo de una sociedad que ha escrito su historia a través de sus páginas. Una historia de etapas fundacionales, de conmociones y conflictos, pero también de creaciones del arte y la ciencia, de logros del trabajo y el esfuerzo. Ocupó su lugar de aporte ciudadano y ejerció el control y la crítica, la investigación y la propuesta.

Lo ha hecho con las herramientas que la ciencia y la técnica ponían a su alcance. Desde la vieja imprenta de tipos móviles a la era del telégrafo, las teletipos, la imagen a color, la computadora y la internet, muchas veces sus periodistas, tipógrafos y distribuidores han debido sortear dificultades y apremios para que el diario estuviera a tiempo en manos de los lectores.

La responsabilidad y la camaradería han generado recuerdos divertidos, momentos de preocupación y dolor, vividos todos con la intensidad que da la convicción de ser parte de una actividad digna y útil. Este suplemento invita a compartir momentos de la “cocina” de este diario de todos los tiempos: la gente que lo hizo y hace, sus testimonios e imágenes.

“Río Negro” ha sido y es tribuna, reflejo, palabra e imagen para una comunidad de lectores, anunciantes y proveedores que lo han hecho posible.

Hoy comparte con ellos la alegría. Y también el compromiso de seguir trabajando en favor del conocimiento, la prosperidad, el respeto y la comunicación.


Un diario se nutre de ilusiones. De ideas potentes que circulan –compartidas, discutidas, inquietas–, apasionadas como toda construcción humana.

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