El ´día a día´ le quita brillo a Obama

Tras haber asumido con enormes expectativas, el alto desempleo, las trabas a la reforma en Salud y traspiés internacionales atenúan el apoyo de los estadounidenses al líder.



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El presidente se ha enfrentado con crecientes problemas para aprobar la reforma del sistema de Salud, que encuentra cada vez más opositores dentro de los conservadores de su propio partido.

Por SILVIA AYUSO/DPA

Las ventas de camisetas y pósters de Barack Obama siguen a buen ritmo en los alrededores de la Casa Blanca. Pero, a seis meses de que asumió la presidencia de EE. UU. el primer mandatario afroamericano, los lemas de “esperanza” y “cambio” que tanto lucen en los souvenirs parecen haber perdido brillo entre unos ciudadanos que ya no están tan convencidos de los poderes de Obama para sacar al país de sus graves problemas.

Dos encuestas de diversos medios publicadas cuando Obama cumplió seis meses en la presidencia demuestran una fuerte caída en la confianza en el mandatario y en sus ambiciosos proyectos para levantar al país de la profunda crisis en la que está sumido.

El diario “Político”, una de las biblias de los “insiders” en Capitol Hill, el centro de poder en Washington, publicó el miércoles un sondeo según el cual la opinión pública “empieza a perder la confianza en Obama”, indica el título en primera plana. De acuerdo con la encuesta, el número de estadounidenses que confían en Obama ha caído del 66% en marzo al 54% en julio, mientras que los que afirmaron que no confían en el presidente crecieron del 31% al 42%.

El rotativo recuerda que la suya no es la única encuesta que señala la caída de popularidad de Obama, especialmente en temas clave de su agenda como la reforma sanitaria o el multimillonario paquete de estímulo para la economía.

De hecho, el lunes, el diario “The Washington Post” publicaba su propio sondeo, elaborado con la cadena ABC, según el cual sólo el 49% de los estadounidenses aprueba la prevista reforma del sistema sanitario del mandatario, frente al 57% que los respaldaba en abril. Además, según ese estudio, el número de voces críticas contra la reforma sanitaria subió del 29 al 44% en el mismo período. Unas cifras coincidentes con las de “Político”, que registra en su encuesta que un 40% de estadounidenses considera que la reforma sanitaria hará empeorar la situación, frente al 38% que cree que la mejorará y un 22% que opina que seguirá igual.

La reforma sanitaria está considerada clave en el programa interno de Obama. De hecho, el lunes el mandatario replicó duramente a un comentario del senador republicano Jim deMint que la semana pasada llamó a frustrar la reforma sanitaria de Obama para “romperlo”. “Si somos capaces de detener a Obama en esto, será su Waterloo. Lo romperá”, dijo a periodistas el viernes.

Obama respondió afirmando que la reforma sanitaria no es una cuestión personal ni política, sino un problema que amenaza con quebrar la economía del país en el futuro inmediato. Y criticó que los que se oponen a la reforma “preferirían sumar puntos políticos antes de ofrecer alivio a los norteamericanos que han visto cómo los costos se incrementan tres veces más que sus salarios”.

Sin embargo, crecen las señales que apuntan a que la Casa Blanca no podrá cumplir su meta de pasar la reforma sanitaria a las cámaras antes de su receso de agosto. De hecho, en las últimas -y numerosas- ocasiones en las que Obama ha aludido al tema la fecha concreta no ha vuelto a aflorar. Además, la reforma sanitaria no es el único de los numerosos problemas que afronta la administración de Obama, que se ha impuesto una ambiciosa agenda para este año en el que Estados Unidos no logra salir de la fuerte recesión económica.

De hecho, si bien la confianza en que el paquete de 787.000 millones de dólares que Obama aprobó para impulsar la economía sigue gozando de un fuerte respaldo, del 56%, éste es significativamente más bajo que el 64% y el 72% que alcanzaba antes de asumir la presidencia. Y ahora, más de seis de cada diez estadounidenses se oponen a gastar más dinero en estimular la economía, sobre todo en vista de que la temida línea del 10% de desempleo está a punto de traspasarse en buena parte del país.

Más reveses: la aplaudida intención de Obama de cerrar la prisión de la base naval en Guantánamo, Cuba, antes de fin de año ha sufrido otra contrariedad, al ser retrasado el informe que un equipo de la administración norteamericana debería haber presentado sobre las políticas de detención e interrogatorios y un plan para clausurar la cárcel tal como estaba previsto, lo que ha enojado a muchos defensores de los derechos humanos.

Entre tanto revés, quizás un triste consuelo: la oposición, el Partido Republicano, no parece estar sacando rédito de la baja de popularidad de Obama. Una formación que además tiene que afrontar sus propios problemas, como la estela de escándalos sexuales que ha diezmado su lista de “presidenciables” para las próximas elecciones.


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