El dramático peregrinar de Elizabeth y sus hijos

Vive con sus tres niños en un monoambiente prestado desde hace años. El IPPV le prometió una casa, pero aún sigue esperando. Uno de los pequeños padece un serio

CIPOLLETTI (AC).- En abril de 2004, Elizabeth Mena buscó desesperada a los medios de comunicación para dar a conocer su historia: peregrinaba desde hacía tiempo para conseguir un techo digno para sus cuatro hijos, dos de ellos discapacitados. En ese momento, esta mujer separada que ahora tiene 38 años, vivía en una casa prestada de un ambiente, con paredes continuamente húmedas y sin las condiciones para atender a sus chicos, menos aún para cobijar allí a los pequeños con problemas.

La difusión pareció tener eco. Un mes después el IPPV emitió una nota al Ministerio de Familia considerando «urgente» el caso. Gustavo Zovich, delegado de la Zona Alto Valle Oeste, solicitó la provisión de un PROVI para construir. Supuestamente faltaba el terreno, que Mena gestionaba ante el municipio, para iniciar la obra. Mientras, la mujer recurría a la solidaridad. Llevaba a la nena Down -que por entonces tenía 2 meses y graves problemas de salud- a la casa de su madrina. Era imposible tenerla en la precariedad y la escasa calefacción del monoambiente, recuerda la mamá. Luego el cuadro de la pequeña se agravó y tuvo que ser internada. Mena anhelaba una mejoría de la beba y tener pronto un lugar digno para cuidarla. Pero en la espera, llegó el dolor.

Lucinda, de 7 meses, falleció el 10 de setiembre de 2004. La causa fue un fallo multiorgánico. La mamá sabía que el estado de la beba era delicado. Pero le quedó el sabor amargo de no saber si quizás su pequeña podría haber vivido más si estaba en mejores condiciones habitacionales.

«Mi hija se murió teniendo el derecho de tener una casa», cuestionó ayer la mujer, que volvió a los medios de comunicación. Pese a las promesas y a dos años transcurridos, aún sigue viviendo en el mismo monoambiente húmedo que le prestan en e barrio Anai Mapu. Y aún sigue oyendo «sólo promesas».

La mujer dijo que el IPPV le ratificó que está dispuesto a darle los materiales para la casa, «pero falta que el municipio dé un terreno». Y en el municipio, luego de varios intentos en Acción Social, le dijeron que le iban a «tratar de solucionar su problema», sostuvo. Aunque ante tantas idas y vueltas, ella ya no confía más en las palabras. «La documentación que tengo dice que iban a construir la vivienda por los dos nenes discapacitados. La nena se me murió, pero tengo al otro y no voy a parar», dijo.

Erik, el segundo de los tres hijos que aún viven con ella, tiene 9 años. Padece un retraso psicomotor madurativo importante. Recién a los 5 años comenzó a hablar. Y actualmente se encuentra con trastornos graves del habla, del aprendizaje y de conducta.

Mena tiene además a Elio (16) y Javier (5), por quienes también lucha para que vivan mejor.

La mujer dice que no está pidiendo que le regalen el terreno. Pese a que ahora tuvo que dejar de trabajar en una casa de familia porque no tiene quién lleve a los chicos a la escuela (Erik concurre a la Especial), asegura que hará lo posible por pagar el pedazo de tierra que le den.


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