El electorado local ratificó su independencia

Por Redacción

por: DANIEL MARZAL

Con alguna resonancia que evoca otros análisis repetidos tantas veces, en cada mesa de debate político ayer se pudo escuchar nuevamente el trillado diagnóstico del Bariloche imprevisible.

Luego de un rápido repaso sobre las cifras de elecciones anteriores y las del último domingo, es obvio concluir que el electorado local hace un culto de la autonomía. Es esquivo, inasible y desconfiado. Castiga con severidad cuando se siente defraudado y no se asume como deudor de nadie.

Hay quienes comparan esa conducta con la exhibida por los votantes porteños. Otros eligen buscar en el fuerte componente migratorio de la población local y el alto porcentaje de sectores medios las razones sociológicas de tanta independencia.

El dato sobre la mesa es que la infidelidad incorregible de los barilochenses sigue pasando facturas. Esta vez destruyó el apresurado mito que se había creado en torno al invicto electoral del intendente Icare.

Hace sólo unos meses kirchneristas y radicales se lo disputaban como garantía de triunfo seguro. Icare hubiera preferido mantener prescindencia en una elección dond no se jugaba gran cosa, pero la presión lo obligó a definirse y se quedó con la UCR. No sólo eso, sino que puso a su colaboradora directa Beatriz Iparraguirre como segunda en la fórmula y en los últimos días cargó con el peso de la campaña en Bariloche.

La derrota lo bajó al llano para dejarlo como un actor más en el mapa político local, que ahora tiene una configuración nueva y un futuro abierto.

El error de cálculo de Icare fue de tal calibre que, según propia confesión, hasta la mañana del domingo estaba convencido de que ganaba.

La caída del oficialismo local tendrá consecuencias que se verán con el tiempo. Porque una cosa es perder y otra distinta es perder por 19 puntos, como les ocurrió el domingo.

El desconcierto con el resultado, es justo decirlo, también alcanzó al PJ y el Frente Grande, que hasta diez días antes se sentían ganadores, pero en la última semana les corrió un sudor frío al ver la masividad del acto que montó la UCR en Bomberos y el despliegue de punteros y ayuda social que llevaron a los barrios.

Lo cierto es que, llegado el momento de votar, volvió a hacer de las suyas el electorado de pulso indescifrable. Ese que se pasa de bando con toda naturalidad y obliga a los políticos a manejarse sin puntos de referencia ni espacios cautivos. Sugiriéndoles, como al pasar, el sabio consejo de revisar cada tanto las patas de la silla.

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