El enterrador de un país habitado por diferentes pueblos



Sus seguidores lo calificaban al principio como “el nuevo Tito”. Pero mientras que el mariscal Josip Broz Tito se convirtió después de la II Guerra Mundial en el fundador de la Yugoslavia comunista, Slobodan Milosevic entrará en la historia como el enterrador de aquel país habitado por diferentes pueblos.

Sus esfuerzos por crear una Gran Serbia en detrimento de las otras naciones se consideran la causa principal de la desintegración del antiguo estado de los eslavos del sur. Y Milosevic también es causa de otras secesiones: los albaneses en la provincia serbia de Kosovo exigen la independencia con el argumento de los crímenes cometidos durante sus gobiernos, al igual que ocurre en el pequeño Montenegro. Durante 14 años Milosevic fue el factor determinante de la historia de Serbia y Yugoslavia.

Nació el 20 de agosto de 1941 en Pozarevac, en el este de Serbia, y estudió derecho en Belgrado. Durante sus años de estudiante emprendió su carrera política, que le ayudó asimismo a avanzar en el plano profesional. En septiembre de 1987 derrocó a su mentor político, el presidente moderado de Serbia Ivan Stambolic, a quien en el 2000 hizo incluso asesinar. Banquero con dominio del inglés y experiencia internacional, apareció como el hombre soñado por Occidente para liderar la renovación antiburocrática al frente del Partido Comunista serbio en 1988.

Pero el sueño derivó en pesadilla un año más tarde, cuando Milosevic asumió una retórica socialista de fuerte sesgo nacionalista para movilizar a los serbios en torno a cuestiones como “sus” territorios en Croacia y Bosnia y el “corazón del ser serbio” en Kosovo.

La comunidad internacional, tanto en Occidente como en el este, lo aceptó como “factor de paz y estabilidad en los Balcanes”. Pero el estilo de gobierno de Milosevic significó un aumento de la represión interna, buscando acallar las críticas sobre sus concesiones internacionales. Los opositores fueron marcados por la propaganda del régimen como enemigos de Serbia.

A fines de los años '90, Milosevic había formado una alianza non sancta entre el aparato estatal, los servicios secretos y el crimen organizado. Nadie estaba protegido ante esta concentración de poder, que era apoyada por tribunales corruptos. Occidente instó a fines de 1997 a Milosevic a resolver el problema de Kosovo mediante negociaciones internas con los líderes moderados de la etnia albanesa. El dirigente serbio optó en cambio por apretar las clavijas, llevando a su país a la peor derrota de su historia moderna. Ataques guerrilleros y terroristas en Kosovo fueron seguidos por una respuesta sobredimensionada de las fuerzas de seguridad serbias. La violencia en Kosovo llevó a Yugoslavia a un enfrentamiento con la OTAN, que significó 78 días y noches de bombardeo masivo, hasta la capitulación de facto de Belgrado en junio de 1999, con Kosovo convertida en un protectorado de las Naciones Unidas. El conflicto también llevó a una orden de captura internacional contra Milosevic, a partir de mayo de 1999, por crímenes de guerra. (DPA)


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