El fantasma de Cromagnon



La noche del 30 de diciembre se convirtió en fuego, humo, llanto, dolor. Las imágenes desgarradoras del boliche de Once recorrían todo el país e impactaban. Sensibilizaban. Despertaban conciencias.

Apenas habían pasado unas horas de la tragedia cuando en Cipolletti se empezó a hablar con preocupación de los pubs que en la madrugada de convierten en boliches. ¿Tienen las salidas de emergencia necesarias?, ¿quién controla qué cantidad de personas ingresan?

Para “tranquilizar”, los funcionarios municipales salieron a aclarar que en la ciudad “las inspecciones se realizan en forma periódica”, que “ningún local tiene una sola puerta”, que “en líneas generales, estamos bien”.

Pero no fue suficiente. Menos aún cuando uno de los secretarios reconoció que en ocasiones se topan con salidas de emergencia “trabadas” como medida de seguridad y que los lugares suelen reunir más gente de la que deberían albergar por su capacidad.

El insistente reclamo obligó a realizar un amplio operativo, entre Comercio, Bromatología y Protección Civil del municipio, bomberos y policía. No hubo clausuras ni multas importantes, pese a que en algunos pubs, como ocurre la mayoría de los fines de semana, había más gente de la que permite la norma vigente (una persona por metro cuadrado); pese a que las salidas de emergencia en algunos casos están ubicadas en lugares poco apropiados o no cuentan con una correcta señalización o son utilizadas para otros fines.

El resultado fue sólo un par de infracciones menores y el pedido de un nuevo estudio para determinar “la carga de fuego local”.

En vez de llevar calma, los funcionarios preocuparon. “Si hay irregularidades a la vista, ¿por qué no actúan?”, fue la pregunta que se generalizó. Las explicaciones que pretendieron dar quienes participaron del procedimiento ayudaron a sembrar el malestar. Como cuando uno de los secretarios dijo en una radio local que una de las confiterías céntricas es la que menos problemas tiene con las salidas de emergencia, porque posee un frente con grandes ventanales que “son fáciles de romper”.

¿Quiere decir que ante una emergencia la fórmula para escapar es destrozar una ventana y tratar de salir sin cortarse?

Es grave.

Las repercusiones siguieron. Y antes de que el tema continuara sumando puntos en contra en su gobierno, Alberto Weretilneck, salió con el gran anuncio: “vamos a proponer por ordenanza que se anulen todas las habilitaciones de las confiterías y boliches para empezar de cero”, dijo la semana pasada el intendente.

Anticipó que se incluirá este tema al debate del proyecto de habilitaciones comerciales que quedó pendiente a fin de año, cuando sólo se hablaba de cambios en las reglamentaciones de los ciber y la venta de bebidas alcohólicas.

Fue llamativo. Si no ocurría el infierno en República Cromagnon, arrebatando 190 vidas; si la comunidad no insistía en expresar su preocupación, en Cipolletti se iba a modificar la ordenanza de habilitaciones comerciales sin tener en cuenta la situación de las confiterías y locales bailables. Ningún cambio se mencionaba hasta diciembre de 2004.

Aunque tarde, es bueno que esto se incorpore ahora a la discusión y que se concreten los controles que se prometieron, siempre y cuando no se realicen para llevarle a la comunidad una tranquilidad aparente, sino real.

Elizabeth Hoischen

betty@rionegro.com.ar


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