El frío del sur no logra parar el desarrollo vitivinícola

Ya hay más de 3.600 hectáreas en plena producción, incluso en zonas en las que era impensado implantar viñas hace algunos años atrás. Y la mayoría de muy buena calidad.

Inversiones y reconversión

De la mano de nuevos emprendimientos productivos que arrancaron desde el laboreo mismo de la tierra, a lo que se sumó el desembarco de inversiones que fueron sobre seguro y se quedaron con viñas que ya arrastraban una carga genética de excelencia acumulada durante décadas de existencia, la región patagónica comenzó a sonar más fuerte en el ámbito vitivinícola nacional y dejó de ser un lugar distante del núcleo productivo a nivel país para pasar a fortalecer un nombre propio dentro del sector.

En los últimos años distintos emprendimientos destinados a la elaboración de vinos de calidad han tomado impulso en la región sur de la Argentina, especialmente en San Patricio del Chañar, en la provincia del Neuquén.

Es más, las duras condiciones climáticas imperantes en esta parte del territorio nacional no fueron impedimento para que también se desarrollaran otras zonas productoras de uvas para vinificar más al sur, como las instaladas en El Hoyo de Epuyén, en Chubut, o bien en otras zonas con no tanta tradición viñatera como en 25 de Mayo, en la provincia de La Pampa.

En un trabajo reciente elaborado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) se presta especial atención a toda esta movida vitivinícola bien al sur de la Argentina.

El informe sobre “La nueva vitivinicultura de la Patagonia argentina” destaca a la provincia de Río Negro como la principal zona vitivinícola de la región, en donde el principal aspecto productivo de los últimos quince años es el proceso realizado hacia la reconversión varietal.

En el 2000, tenía en existencia 2.731 hectáreas dedicadas a la producción de uvas cuyo destino final era la elaboración de vinos. En ese entonces, estaban distribuidas de la siguiente manera: 2.544 hectáreas en territorio rionegrino; 179 hectáreas eran cultivadas en Neuquén; 8 en La Pampa y no había registros de producción en el Chubut.

Pero en una década solamente, la situación cambió de manera sustancial. Río Negro comenzó con un proceso de reconversión y purificación de viñedos que apuntó a dejar sólo aquellas variedades que el mercado demandaba. Un nuevo recuento de hectáreas implantadas realizado en el 2010 indicaba que la provincia tenía 1.733 hectáreas dedicadas al cultivo de uvas para vinificar.

Neuquén, en tanto, pasó de las 179 hectáreas apuntadas en el 2000 a 1.656 hectáreas una década después. En el medio estuvo la puesta en marcha de los emprendimientos vitícolas en San Patricio del Chañar, que dieron un gran impulso a toda esta región y en donde se consolidaron bodegas como NQN, Schroeder y Del Fin del Mundo.

Dice el informe del INV que “el desarrollo de estas zonas fue el resultado del esfuerzo de los productores, de los gobiernos provinciales, de las entidades financieras y de grupos inversores que visualizaron la oportunidad de iniciar este proyecto en áreas que no tenían antecedentes vitivinícolas”.

También se observó un avance importante en La Pampa y Chubut. La primera pasó de las ocho hectáreas declaradas en el 2000 a tener 211 hectáreas oficializadas a finales del 2010. Mientras que la provincia del Chubut sumó 20 hectáreas de viñas en lo que fue el primer emprendimiento productivo de estas características, ubicado más allá del límite inferior de Río Negro.

Las últimas cifras oficiales proporcionadas por el INV indican que Río Negro posee 1.685 hectáreas implantadas con vides para vinificar; Neuquén tiene 1.689 hectáreas; La Pampa 216 hectáreas y Chubut, 21 hectáreas, sumando entre todos 3.611 hectáreas, todos datos correspondientes al cierre del 2013.

¿Qué influyó para que se diera este cambio productivo en la región? El trabajo del INV destaca que fueron determinantes en este proceso las óptimas condiciones ecológicas de estas zonas para la vitivinicultura de calidad, su influencia en las características distintivas de los vinos y mostos y el conocimiento de sus cualidades por parte de los consumidores nacionales y extranjeros de los producidos en este terruño.

La reconversión e implantación de nuevos viñedos y el desarrollo de más bodegas han tenido como factor determinante el auge alcanzado en los últimos años por el comercio internacional de vinos del país y el creciente interés de los países importadores por los del Nuevo Mundo Vitivinícola.

En síntesis, la necesidad de los consumidores por experimentar nuevas sensaciones en el mundo del vino le abrió la puerta al nacimiento de más emprendimientos productivos, una movida que no le resultó ajena a la vitivinicultura regional y que llevó a los resultados arriba apuntados. Estos escenarios traccionaron los cambios necesarios en la calidad del producto a través de inversiones para la innovación de tecnología de punta y cambios de las variedades para la adaptación de la oferta a las nuevas exigencias del mercado.

El clima, una ventaja

La Patagonia argentina es la más austral de todas las regiones vitivinícolas y la que está ubicada a menor altitud (38° a 42° de latitud sur). La producción viñatera se asienta, principalmente, en las márgenes de los ríos Negro y Colorado. Comprende áreas bien delimitadas de La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut.

En nuestra región se advierten áreas bien diferenciadas como el Alto Valle y el Valle Medio del río Negro, Alto Valle y Valle Medio del río Colorado, todos ellos con extensas zonas aptas para el cultivo de la vid.

Los días son templados y luminosos y las noches frescas, con una apreciable amplitud térmica. El principal factor limitante en materia productiva está presente en las heladas tardías y tempranas, que perjudican especialmente a las variedades de ciclo vegetativo largo.

La mejor virtud de esta zona es el viento fuerte, ya que produce sequedad en el ambiente evitando la aparición de enfermedades, y esto se traduce en la posibilidad de la elaboración de vinos orgánicos, sin adición de agroquímicos.

Por su clima frío, las uvas y mostos presentan características diferentes de las zonas cuyanas, mayor contenido de acidez y regular tenor azucarino. Se elaboran vinos genéricos y de apreciable calidad enológica.

Conclusión

La vitivinicultura de la región patagónica argentina posee características ecológicas propias que contribuyen a diferenciar la calidad de sus uvas y de los vinos elaborados.

Se han producido en la zona modificaciones importantes en la composición cualitativa de los viñedos a través de la erradicación de variedades de alto rendimiento por otras de alta calidad enológica, especialmente tintas, y también al iniciar nuevos emprendimientos vitícolas y enológicos. Se ha aplicado tecnología en el cultivo y en las bodegas.

También se ha incrementado el número de bodegas a través de importantes inversiones en áreas no tradicionales con el objeto de mejorar la producción de vinos hacia aquellos de calidad, lo que ha abierto el camino a las exportaciones. Prueba de ello son las cifras que muestran un incremento en los volúmenes exportados y en los dólares.

También se ha integrado todo este impulso vitivinícola al desarrollo de emprendimientos turísticos enológicos y al socioeconómico de las zonas rurales ofreciendo diversos servicios al turista.

En suma, una región que ofrece en la actualidad oportunidades de crecimiento vitivinícola muy importantes y cuyo desarrollo no se agotó con los cambios implementados en la última década.

(Redacción Central, sobre la base del informe elaborado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura)


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