El futuro del comandante Chávez



Aunque el presidente venezolano Hugo Chávez sufrió una gran derrota en el referéndum del 2 de este mes -los conteos electorales independientes señalan que perdió por un margen más amplio del que oficialmente se anunció, y todo parece indicar que sólo aceptó el resultado bajo presión militar-, también hay motivos para pensar que podría recuperarse políticamente en el 2008.

Internacionalmente, Chávez podría añadir nuevos países al bloque de “antiimperialistas” alimentado por sus petrodólares y recuperar algo de su imagen de comandante imbatible. El año próximo habrá elecciones en Paraguay y la República Dominicana y en el 2009, en El Salvador.

No se puede descartar que -invirtiendo apenas una pequeña fracción de lo que gastó en financiar campañas presidenciales en otros países- Chávez podría añadir Paraguay o El Salvador a su “Alternativa Bolivariana para los Pueblos de las Américas” (Alba). Esto expandiría su imperio político, que ahora integran Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y podría darle nuevo oxígeno como aspirante a líder regional.

Claro que la victoria opositora en el referéndum del 2 de diciembre, que hubiese convertido a Venezuela en un país “socialista” al estilo cubano y permitido a Chávez transformarse en presidente vitalicio, obligará al gobernante venezolano a concentrarse más en consolidar su propia base de apoyo en casa.

Las encuestas de salida de urnas muestran que la derrota de Chávez no se debió tanto a un aumento de votos de la oposición como al hecho de que muchos simpatizantes chavistas no salieron a sufragar. Esta vez Chávez obtuvo 3 millones de votos menos que en las elecciones presidenciales del 2006.

Hubo tres quejas recurrentes entre los chavistas que esta vez no le dieron su apoyo al comandante presidente: que Chávez se pasa demasiado tiempo viajando por el mundo, que regala demasiado dinero en el exterior para tratar de convertirse en un líder mundial, en lugar de destinarlo a reducir la pobreza en Venezuela, y que su enamoramiento con la dictadura cubana llevaría a la abolición de la propiedad privada y a un régimen totalitario en Venezuela.

“Chávez va a tener que concentrarse más en su propia casa y va a tener menos tiempo para concentrarse en otros países -me señaló Patricio Navia, un profesor de la Universidad de Nueva York que estuvo en Caracas para el referéndum-. Pero va a tener una gran oportunidad en Paraguay, donde puede influir con relativamente poco dinero y sin necesidad de viajar”.

El ex obispo izquierdista paraguayo Fernando Lugo, a quien sus rivales políticos describen como cercano a Chávez, es un fuerte candidato opositor para las elecciones de abril del 2008. El lema de su campaña, en un país que ha sido controlado por el Partido Colorado desde hace seis décadas, es “cambio o muerte”.

En El Salvador, el partido derechista ARENA también enfrentará un reto formidable del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en el 2009. El FMLN, que perdió las últimas elecciones al presentarse con un ex líder guerrillero de la izquierda radical, acaba de nominar como su candidato a Mauricio Funes, un periodista que proyecta una imagen más moderada y moderna.

En Venezuela, Chávez todavía cuenta con muchas cosas a su favor. Aún conserva el control casi absoluto del Congreso, la Suprema Corte, 20 de 22 gobernaciones, la mayoría de las cadenas de radio y televisión y -lo que quizá sea más importante- una avalancha de petrodólares que a pesar de los crecientes problemas económicos seguirá pudiendo gastar a su antojo.

Lo más probable es que Chávez se dedique a consolidar su base de apoyo mediante una combinación de mayores subsidios a sus simpatizantes y el fortalecimiento de mecanismos de control político como los Círculos Bolivarianos -inspirados en los comités de vigilancia de Cuba- para asegurar que quienes reciben subsidios estatales voten por él en las próximas elecciones.

Asimismo, Chávez podría beneficiarse de las divisiones en la oposición. Aunque los líderes opositores mostraron una gran madurez política al unirse para derrotar las reformas constitucionales propuestas por Chávez en el referéndum, no está tan claro que sean lo suficientemente inteligentes como para unirse en torno de candidatos comunes para las elecciones estatales y nacionales de los próximos años.

Mi conclusión: el futuro de Chávez dependerá -como siempre ha sido el caso- de los precios del petróleo. Su megalomanía siempre ha sido directamente proporcional a los precios del crudo, que subieron de 9 dólares por barril cuando Chávez asumió la presidencia en 1999 a casi 100 este año.

Mientras los precios del petróleo permanezcan en sus niveles actuales y Estados Unidos siga comprando 34.000 millones de dólares anuales de petróleo venezolano, Chávez no corre peligro de caerse. Acaba de sufrir una derrota mayúscula pero no está fuera de juego, ni en casa ni en la región.

ANDRÉS OPPENHEIMER (*)

Especial para “Río Negro”

(*) Periodista argentino. Analista internacional. Miami


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