El graffiti como pasión y proyección

Wam es conocido en el ambiente grafitero “chico que pinta monos” y sus trabajos inspiran respeto en Bariloche.





ARTE URBANO

Juan Manqueo es uno de los cuatro o cinco “graffiteros” de la ciudad que no pueden parar de pintar y con 18 años ya suma una treintena de murales distribuidos en el centro de los barrios.

Sus trabajos, en muchos casos desarrollados junto a un grupo de amigos y aficionados a este arte urbano, sobre todo dan de color y vida a las grises paredes de los barrios del IPPV donde empezó a pintar.

Es un autodidacta y su nombre artístico, Wam, juega con el sonido de su nombre y la gracias de las letras que reproduce en sus pinturas. Empezó a pintar en el invierno de 2009, con tan solo 14 años, atraído por el trabajo de un compañero de la Escuela Industrial y a medida que se familiarizó con el espíritu y la técnica el graffiti se convirtió en su forma de expresión.

“Siempre me gustó dibujar, un día vi a otro hacer un dibujo en una pared, que va a estar ahí hasta que se caiga la pared, que la gente lo reconoce, empecé y después no lo pude dejar” relató mientras guiaba a “Río Negro” entre las huellas de su arte.

Los monos son una de las figuras predilectas en su definido estilo y tienen una razón profunda en su modo de expresión. “De chico me decían mono y los empecé a pintar para demostrar que no me molestaba y la gente se dio cuenta y lo dejó de decir” relató.

Durante su infancia tomó clases con el destacado dibujante Gabino Tapia, al que definió como “un capo”, y de esos trazos iniciales pasó al aerosol y los murales que ya definieron su vocación.

“El graffiti no se enseña, se aprende por interés propio” sostuvo Juan que, no obstante esta certeza, piensa estudiar la carrera de artista plástico, en la Universidad de Buenos Aires cuando termine el Industrial.

Antes de comenzar cualquier proyecto solo o con su grupo pide permiso a los propietarios de la pares elegida y en algunos casos recibió autorización del municipio para trabajar en murales públicos.

Por ahora no tiene sponsor y realiza trabajos paralelos a sus estudios para solventar el costo de la pintura, aunque ya tuvo alguna que otra contratación menor para decorar paredes de habitaciones.

La “movida graffitera” tiene un grupo reducido de cultores y otros tantos aficionados que se suman esporadicamente, pero no está exenta de rivalidades. En el marco de esa puja Juan “Wam” debió retocar algunos de sus murales que fueron dañados o rayados por manos anónimas, aunque fueron pocos casos.

En contrapartida la movida del graffiti le permitió a él y su grupo organizar un encuentro en enero con pintores de Buenos Aires que dejaron su arte en el playón de la Costanera.

También fue convocado a pintar un mural con un graffitero de Santiago de Chile que vio su trabajo en el hostel donde paraba, lo localizó y lo invitó a compartir esa esa experiencia.

rionegro.com.ar


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