El hombre que fabrica las máquinas de 'tattoo'

Trabajaba en una empresa que cerró y a los 50 no tenía salida.




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NEUQUEN (AN).- Manteniendo siempre una sonrisa esperanzadora y esa humildad que lo caracterizan como el sencillo hombre que es, Mariano Segovia se define como "un artesano que simplemente fabrica el pincel para que alguien haga una obra de arte". Nació hace 51 años en Capital Federal. Se crió jugando e viejos talleres y allí apuntó su vida. Hasta que se quedó sin trabajo y sin futuro. Fue en ese momento cuando encontró una salida inimaginable: fabrica, con mucho éxito, máquinas tatuadoras que vende en toda la región.

En 1988 llegó a la región, a Cipolletti, donde vive actualmente, y a partir de allí comenzaría a trabajar en la industria de las gaseosas. Cuenta que en 1996, llegó a jefe de planta y gerente de producción de una conocida firma. En medio de la crisis del 2001, Mariano se quedó sin trabajo cuando la compañía en la que trabajó durante cinco años bajó las persianas."Deje el alma en ese emprendimiento", confiesa.

"A los 50 años me encontré con que había que empezar de nuevo, cuando en realidad debería estar haciendo un balance de tantos años de trabajo", reconoce.

En paralelo a su trabajo en la industria de las gaseosas, el arte comenzó a ocupar una parte muy importante en su vida. Siempre se dedicó a la escritura y desde hace 15 años participa habitualmente en el Centro de Escritores de Cipolletti.

Un buen día, el hombre encontró una alternativa que le permitió hermanar el arte, los fierros y la mecánica.

Mariano cuenta que la primera máquina tatuadora la construyó para regalársela a su hija Fernanda, para su cumpleaños. "Es una máquina rudimentaria. La base esta hecha con un tenedor y tiene un motorcito grabador que es el que hace accionar la aguja", explica.

Rápido, la experiencia laboral lo convirtió en un experto en cuanto a electricidad, electrónica y soldaduras. Además, apeló al conocimiento de algunos tatuadores que le explicaron los detalles fundamentales para que una máquina funcione correctamente. "Estoy muy agradecido con Cristian Benvenuto y Diego (del local Cucaracha), porque fueron los que me enseñaron todo lo que sé", dice Mariano.

Tras la primera invención le llovieron pedidos, y así armó más de veinte máquinas, de las cuales vendió diez. "Lo que en aquel momento fue simplemente un regalo, hoy me significa un recurso para subsistir", cuenta. "Estoy decepcionado con mi situación, pero a la vez estoy entusiasmado con volver a ser el idealista que era cuando tenía 18", agrega.

Con los primeros buenos resultados: "me empezaron a pedir más máquinas". Y enseguida añade que"yo no dejo de poner esa cuota de arte cuando instalo una máquina.

Cada pieza es construida artesanalmente por él, desde los tornillos (que no existen en el mercado y hay que fabricarlos) hasta el bastidor y las bobinas. "Todo lo hago en mi casa, con un torno que me prestaron", explica. Los aparatos que arma actualmente son de acero inoxidable y según el modelo varía el precio y el tiempo de construcción.

También está fabricando, junto con Wálter Videla, las fuentes de alimentación de las máquinas, que son la parte electrónica del equipo. "Esto es muy útil para los que se dedican a pintar con muchas agujas, ya que necesitan fuentes más profesionales", explica Segovia.

Los tatuajes parecen ser el último grito de la moda. Cada vez más personas en el mundo eligen dibujarse el cuerpo, marcándose con un sello que los distinguirá para siempre. Sin embargo, el mercado del "tattoo" a nivel nacional todavía no es algo que esté muy explotado. "En Bánfield hay un grupo de chicos que arman buenas máquinas para vender al exterior, que es donde más se consume esta actividad", cuenta el inventor.

En la "II Patagonia Tattoo Convention" que se llevó a cabo la semana pasada en un boliche de Neuquén, Segovia tuvo la oportunidad de contactarse con dos distribuidores de elementos y accesorios para tatuajes radicados en Buenos Aires.

Ellos le ofrecieron exportar sus equipos a Europa, donde las máquinas artesanales están muy de moda. "La verdad es que no cuento con un capital, pero tendría que organizarme y ver si puedo instalar un taller en mi casa; estoy sorprendido con la demanda que tengo", cerró.

Con un poema en la piel

NEUQUEN (AN).- Además de fabricar máquinas artesanales para tatuar, Mariano Segovia es poeta de alma. Y lo demuestra en cada oración.

Los que siguen son fragmento sobre eternos dibujos en la piel.

"Se reía aún cuando hablaba de muerte. Jugaba y la tristeza no se arrancaba de sus ojos y sin embargo el amor desesperadamente y casi sin querer, se instalaba entre nosotros, sin pedir permiso, sin decoro y terminó en un beso cuando todavía no grababa su rostro y sus ojos almendrados, llenos de vida contradecían la imagen suicida. Ella no quería morir, en realidad imploraba vivir. El bar desapareció, la gente quedó en el escenario convertida en tiesos cactus, la música en un fuerte viento. Solos en el desierto atinamos a mirarnos detenidamente.Durante los meses siguientes, aunque no quería admitirlo, la esperaba y me negaba a pensar en ello pero los Rollings se encargaron de recordármelo esporádicamente. El día del accidente no fue una excepción y apenas me sacaron de terapia y de la sala, la imagen del desierto y las del hospital, mezcladas en mi afiebrada conciencia se alternaban con una pesadilla en la cual una víbora se deslizaba por mi cuerpo y descubría la cabeza de mujer. Era ella, aunque su pelo de color rojo acentuado y sus ojos, verde amarillento intenso, nada tenían que ver con las apacibles almendras.


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