El humor es salud

Miguel Ángel Cherutti habló con “Río Negro” del show que trae a la región junto a Nito Artaza: “La leyenda continua”.



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Luego de actuar en el verano de Punta del Este, Cherutti y Nito están en plena gira nacional con “La leyenda continua”, fusión de music hall con revista, géneros que ambos conocen bien, desplegando una galería de imitaciones con personajes argentinos e internacionales de la canción y la política. Dupla imbatible durante más de diez años, traen su show a la región. Estarán hoy y mañana, a las 22, en el Casino Magic de Neuquén y el domingo, a las 20, en el Círculo Italiano de Villa Regina. Estuvieron distanciados y cada uno siguió al frente de elencos propios, pero el tiempo limó asperezas y resurgió la amistad. Antes de llegar con el tour nacional al Valle, Miguel dialogó con “Río Negro” sobre la función del humor. “Nosotros tenemos la posibilidad de contar con ese don natural. Uno va amoldándose, adaptándose, estudiando, viendo el termómetro, analizando al público. No te quepa la menor duda. No es que utilizamos la psicología desde el punto de vista problemático social o como se quiera llamar. Hoy seguimos de cerca el escepticismo junto a la alegría por los resultados de Argentina en el Mundial. Hay un cambio de carácter en la sociedad, de temperamento. La gente está feliz, alegre… creo que aportamos simplemente el habernos adaptado como humoristas a circunstancias muy buenas que nuestro país ha tenido, no tan buenas, regulares, malas, siempre tratando de dejar de lado –somos también ciudadanos– los problemas. Hemos estado de acuerdo y en desacuerdo con diferentes cuestiones de un gobierno, pero tratando de desarrollar el don que tenemos de sobrellevar una situación sin meternos en el conflicto social que atravesamos. Evitamos todo tipo de mala onda desde el escenario, bajando línea política desde una ideología, conformando a lo largo de estos años recientes un aprendizaje importante en todo esto. Son veintinueve de profesión que tenemos ambos, Nito creo que me gana por uno o dos. Ante el malhumor social muchas veces, frente a todo lo que pasa, los humoristas tenemos algo que nos favorece. Hay que ser práctico, inteligente y saber qué quiere la gente, qué le gusta. Eso con Nito podemos decirlo. Es de lo único que me jacto en este quehacer. No sé si hay algún secreto, si tenemos nosotros la varita mágica para adivinar las tendencias, pero nos hemos adaptado bien a situaciones de todo tipo. –¿Quién les dejó esas enseñanzas? –Nito siempre nombra a (José) Marrone, a Alfredo Barbieri, a Don Pelele (Francisco Pablo Quiroga Soria); él conoció a (Manuel A.) Petit, por ejemplo, uno de los más grandes empresarios de la revista porteña. Yo tuve la suerte de actuar al lado de Gerardo Sofovich en su mejor momento, junto a capos como Porcel, Juan Carlos Calabró, Minguito (Juan Carlos Altavista), tanta gente que dejó enseñanzas. –Hicieron también “Lo que el turco se llevó”… –Un título maravilloso como “Robó, huyó y lo votaron”… –Bueno, indican –si no te gusta la palabra política– una percepción atinada de lo que ocurría en el país entonces… –Sí… en esa temporada Jorge Guinzburg estuvo a punto de compartir nuestro escenario y por razones personales no pudo hacerlo. Al año siguiente me separé de Nito por la famosa pelea, que no fue mediática pero estuvo a punto de serlo, porque no estaba de acuerdo con lo que él quería encarar en política. Y yo no me daba cuenta de que ansiaba defender de verdad y de corazón los ahorros de los jubilados atrapados en el famoso corralito. Él también reconoció haberse corrido de vereda, dejando el espacio para que otros ocuparan un lugar que nos habíamos ganado a fuerza de trabajo durante tantos años. Pero, más allá de ese distanciamiento, siempre fuimos amigos. Nos reencontramos, aclaramos nuestras diferencias y estamos trabajos otra vez juntos. El humor sana, sí, sí… totalmente. Lo afirmo desde Cherutti artista y desde Cherutti ciudadano común. Cuando subo al escenario, yo mismo, en esas dos horas de función, me puedo sanar de un problema que tuve antes de salir a escena. Hacemos un humor sin golpes bajos, con un doble sentido sutil.

Eduardo rouillet


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