EL IMPERDIBLE: Keiko



¿Hay una palabra que diga más que virtuosismo?, tal vez ¿genialidad? ¿Hay un término que lo supere en intensidad? Si alguien encuentra esos conceptos servirán para calificar el concierto que dio Keiko Kotoku en el V Festival de Internacional de Percusión. Fue sublime. El concierto de esta percusionista japonesa marcó, sin duda alguna, el clímax de una semana de conciertos del mejor nivel.

Keiko apareció en el escenario haciendo un ritmo con sus pies, allí se encontró con un termo, quitó su tapa e invitó con un poco de té a Gabriel Amadeo Videla, que tomó el recipiente, y empezó a sacarle sonidos. La tapa del termo terminó rodando por el suelo y Keiko y su invitado largaron con la primera pieza, ella con su marimba y él con el cajón peruano. Fue su primer obsequio al público argentino, una milonga, que apenas insinuó lo que vendría..

Pero el momento más esperado del concierto, fue sin dudas, la interpretación de su autoría: GAKU. Una obra que recuerda el horror vivido en Hiroshima y Nagasaki.

Keiko Kotoku nació en Hiroshima y la vida hizo que se encontrara con una sobreviviente de la bomba atómica, Keiko Murakami. Del encuentro de ambas nació la visceralmente conmovedora GAKU, obra que desde entonces recorre escenarios del mundo y que llegó a la Patagonia para ser interpretada por las protagonistas de ese pasado común. Keiko Murakami leyó un fragmento de su biografía y explicó que la pieza nació como un homenaje a la memoria y a la paz. Pidió escuchar atentamente a la artista y meditar por la paz. El silencio fue total. Una escenografía que viró del azul al rojo se usó de fondo para crear un ambiente para esta pieza cargada de dramatismo y ternura. Keiko ejecutó su obra. Parecía sumida en un trance, el público también. Siguieron minutos inefables.

El público aplaudió varios minutos de pie, mientras la madre de Keiko filmaba la escena desde el escenario con lágrimas en los ojos.

 

SUSANA YAPPERT

sy@patagonia.com.ar


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