El jazz visita la obra de Ástor de la mano de Tarrés



El guitarrista y compositor Fernando Tarrés editó “Todo Buenos Aires”, un disco que recorre la obra de Ástor Piazzolla y forma parte de un proyecto musical que ya lleva varios años y permanece en perpetuo estado de movilidad. Para este abordaje, que surgió a partir de una comisión encargada por el Buenos Aires Jazz Festival, el guitarrista armó una banda diseñada especialmente para la ocasión en la que a su quinteto habitual sumó al violinista Damián Bolotín y, por momentos, a un cuarteto de cuerdas. “Además de que siempre supe que no me iba a hacer cargo de la carga simbólica que trae aparejada la figura de Piazzolla y que opera como un obturador para abordarlo libremente, creo que lo medular de este trabajo fue encontrar los modos de desencriptar su música y volver a encriptarla pero en mi lenguaje personal”, aseguró Tarrés en charla con Télam para definir el principal desafío que tuvo al enfrentar el repertorio piazzolleano. “Contemporáneo”, “Milonga del ángel”, “Invierno porteño”, “Mumuki” y “Summit” son algunas de las obras de Piazzolla que Tarrés dejó registradas en “Todo Buenos Aires”, un material que recibió elevados elogios de la crítica musical, como las cinco estrellas (el máximo puntaje que otorga) que le tributó la revista española especializada en estos temas “Cuadernos de Jazz”. Tarrés explica que, de alguna manera, este es el tercer encuentro que realiza con la obra de Ástor Piazzolla a lo largo de su carrera musical y el que, estima, dejará las huellas más profundas. “Cuando tenía 20 años y arrancaba mi carrera musical tuve un flechazo grande y toqué algunas cosas de él y después a mediados de los 90, cuando estaba estudiando en Estados Unidos, me enganché seriamente a escuchar su música tratando de decodificar ciertos gestos y viendo cómo podía extrapolarlos a cosas que yo quería hacer”, cuenta. “La diferencia con el presente es que nunca había tocado seriamente su música que fue el desafío que dio origen a todo este proceso”, remarca. De trampas e impactos Hablando sobre aquellas cosas del creador de “Libertango” que más lo impactaron, Tarrés señala que “es una música tremenda donde lo que más me impresionó fue este equilibrio que tiene entre una cosa muy meditada, concebida, acabada, depurada y una cosa medio genial de la intuición, una cierta picaresca, que da lugar a una obra que condensa tanto el mundo intelectual como el emocional”. Por otra parte y señalando aquellos reparos o cuidados que tuvo en este trabajo de relectura de lo piazzolleano, el guitarrista cordobés remarca que “lo primero fue destrabar un lugar de trampa que tiene su música y donde vi naufragar muchos de los tributos que se le rinden”. Pidiéndole aclaraciones sobre cuáles serían estos “lugares-trampa”, Tarrés consigna que la de Piazzolla es una música que “está plagada de elementos que él sabía que en él sonaban genuinos pero que en otros ya no suenan genuinos, cosas que están al borde de lo demodé pero que en él brillan”. “Mientras que con sus mismos recursos otros son romanticones él es lírico;”, dijo. Y agregó: “Para mí Piazzolla era un tipo que bailaba al borde del filo con un gracia extrema y creo que una de las dificultades mayores fue poder llegar a la emoción que te produce pero abordándolo desde otro lado”, remarca. Siguiendo con las metáforas dancísticas, Tarrés apunta que abordar la obra de Piazzolla es como “bailar con el diablo, porque estás hablando de un ícono cultural de un poder simbólico increíble; estás hablando del monstruo, del tipo que partió el tango, del polémico, del consagrado mundialmente”. Tener esto presente llevó al guitarrista y compositor cordobés a saber que “no me iba a hacer cargo de la figura de Piazzolla sino solamente de su música. El laburo fue cómo desencriptar y volver a encriptarlo pero en mi lenguaje”, resume. Hablando sobre todo el proceso que significó este abordaje de Piazzolla y que Tarrés divide en cuatro momentos, el músico dice que “hoy me doy cuenta que encontré la manera de hablar cosas propias a través de sus códigos”. “El disco es una etapa del proyecto. La primera fue cumplir con la comisión del Buenos Aires Jazz Festival y presentar el material en 2009, cosa que hice con un noneto compuesto por mi quinteto más un cuarteto de cuerdas”, reseña. Tarrés repasa que cuando escuchó la grabación de ese concierto “tuve que replantear todo y empezar de cero, casi que tiré todo a la basura, no sólo que reescribí los 11 temas que había presentado sino que reescribí otros nuevos”. En este proceso, Tarrés bajó del noneto a una formación estable de sexteto ya que advierte que “la cantidad de instrumentos tienen un peso específico y alivianar la orquestación me permitió que la cosa pudiera circular mejor”. Pese a esta decisión y como había encontrado cosas valiosas con el cuarteto de cuerdas que no quiso perder, hizo que en el disco aparecieran las dos formaciones. “Después de grabar del disco -aclara- pasó algo habitual y es que tocamos el material mucho más seguido en giras y presentaciones, con lo cual ahora tenemos un nivel de abstracción mucho mayor al del momento de la grabación”. “Hay momentos -cuenta- en que de Piazzolla no queda nada, quizás ni siquiera una figura, pero está ahí”. El músico anuncia que va a haber una cuarta parte del proyecto y es “cómo todo esto repercutirá en lo que yo escriba a partir de ahora”. “Cuándo te metés con alguien de ese nivel con esta profundidad -redondea el guitarrista- eso necesariamente deja una marca, de modo tal que habrá que ver qué de sus gestos quedan en mí después de habitar su música”.


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