El “Loco” se quedó con el auto

El plantel "xeneize" inicia el extenuante viaje de regreso, luego de la gran conquista



Los dos goles convertidos en menos de cinco minutos fueron suficiente mérito para que el delantero de Boca, Martín Palermo, haya sido el mejor jugador de la final de la Copa Intercontinental.

Palermo fue premiado por los organizadores de la empresa japonesa Toyota con una camioneta último modelo, pero el futbolista optó por el valor del vehículo, uno 22 mil dólares.

El delantero es el primer jugador argentino que convierte dos goles en una final Intercontinental. En 1992, el brasileño Rai hizo lo propio para San Pablo en el partido donde venció a Barcelona de España por 2-1.

Al avión: El plantel de Boca volverá a subirse hoy a un avión para viajar durante 34 horas hacia Buenos Aires, en el vuelo 940 de la empresa Varig.

El arribo del equipo está previsto para el viernes a las 10.40. en el aeropuerto de Ezeiza, y descansará hasta el domingo, cuando en la “Bombonera” enfrente a San Lorenzo, por la decimoséptima fecha del torneo Apertura.

Sin banco: Los defensores Hernán Medina y Daniel Fagiani, y el volante Fernando Pandolfi fueron los jugadores que quedaron afuera del banco de suplentes en la final ante Real Madrid.

La decisión de Carlos Bianchi coincidió en que los tres futbolistas son los últimos que se sumaron al plantel.

También violencia: El primer indicio de sus presencias fue la agresión sufrida por el argentino Santiago Solari, ex jugador de Ríver y ahora integrante del plantel de Real Madrid.

Pero la confirmación llegó con el corre de las horas, cuando varios allegados a los dirigentes boquenses comentaron que al menos 300 barrabravas arribaron el domingo a Tokio.

En el estadio, los violentos se identificaron con bandera que llevó su firma: “Podrán igualarnos pero nunca imitarnos.

Jugador N” 12″.

La bandera se sumó a varias cientas, más pacíficas, con leyendas identificatorias de distintas partes de la Argentina y una en homenaje a su ídolo máximo: “Maradona es Dios”.

Saludos: Tal como fue su promesa, Diego Maradona envió al plantel de Boca Juniors un telegrama deseádole suerte para la final ante Real Madrid, un partido que no podrá ver en directo debido a que las leyes de Japón le impiden el ingreso al país.

También le transmitió su saludos el presidente Fernando de la Rúa, quien al momento del encuentro encabezó la habitual reunión de Gabinete de los martes.

Con abrigo: La fría noche de Tokio hizo que los jugadores titulares de Boca ingresaran al estadio con una abrigada campera azul con vivos amarillos.

Cumplida la presentación del partido y los saludos, los jugadores “xeneizes” se sacaron el abrigo y lucieron debajo camisetas de manga corta.

Dos patrones: El colombiano Jorge Bermúdez y el malagueño Fernando Hierro fueron hoy los capitanes de Boca y Real Madrid.

El “Patrón” boquense ocupa esa función en los torneos locales, mientras que Hierro es uno de los jugadores más veteranos del plantel español.

Dos banderas: El equipo de Boca Juniors ingresó al estadio Nacional de Tokio con dos banderas, una de Japón y otra de la Argentina, que los jugadores colocaron en el verde césped. Eso fue muy bien recibido por el público local que lo premió con un fuerte aplauso.

Los jugadores del “Millo” no lo vieron

RIO DE JANEIRO (Infosic).-Lejos de Buenos Aires y de Japón, los jugadores de Ríver Plate vivieron ayer con indiferencia la victoria de sus colegas de Boca Juniors en la Copa Intercontinental.

Mientras el plantel de Boca festejó en Tokio, los futbolistas de Ríver se encaminaban rumbo a las instalaciones del club Fluminense para realizar su primera práctica con miras al cotejo del jueves frente a Vasco da Gama, por las semifinales de la Copa Mercosur.

De todos modos, ningún jugador de Ríver observó el partido entre Boca y Real Madrid porque a esa hora estaban desayunando en el hotel Sheraton de Río de Janeiro.

En cambio, algunos colaboradores del entrenador Américo Gallego se acercaron hasta la oficina de un empleado de ese establecimiento para saber que sucedía en Japón.

Al final del partido, el coordinador de prensa Eduardo Bongiovanni comunicó al entrenador y al resto del plantel el triunfo de Boca, aunque ningún jugador de Ríver se refirió a la victoria del eterno rival.

Pese a cruzarse con muchos periodistas argentinos que llegaron para cubrir el cotejo, nadie se animó a preguntar el resultado de Boca.

De hecho, los jugadores de Ríver lograron su objetivo de abstraerse del clima festivo de Buenos Aires.

La delegación de Ríver adelantó su viaje a Río de Janeiro para meterse de lleno en el cotejo ante Vasco da Gama, que en el partido de ida -jugado en el estadio Monumental- goleó 4 a 1.

Ahora, Ríver debe ganar por tres goles como mínimo para forzar una definición por penales, o por cuatro para clasificarse directamente a la final.

“Nuestro gran partido será el jueves -dijo Gallego- y esa es nuestra gran preocupación. Tenemos que estar concentrados para ese partido”.

“La 12” copó Japón

Una bandera de quinientos kilos de peso, casi tres mil voces de aliento y una tribuna que se pareció a la “Bombonera” fue el impresionante marco que le pusieron los hinchas de Boca a la final de la Copa Intercontinental.

La invasión de hinchas de Boca a la capital japonesa se convirtió en un récord absoluto en la historia de la Copa, que alcanzó 20 ediciones en Tokio.

En una noche muy fría y ventosa, el jugador “Número 12” le puso un color y calor que los japoneses contemplaron con asombro y estupor.

Nunca un equipo llevó más de 500 hinchas al Lejano Oriente, pero Boca, con esa hinchada tan numerosa, seguidora y también proclive a los peores desbordes, se dio el lujo de ostentar toda su presencia para ofrecer un aliento incansable.

Desde temprano los hinchas, en su gran mayoría con camisetas, gorros o bufandas, coparon una de las tribunas y se adueñaron de la noche.

Pese que el viaje tiene un costo superior a los 2.400 dólares, los hinchas estuvieron casi en plenitud y portó todas las banderas posibles y, por supuesto, el enorme estandarte que fue exhibido con orgullo cuando Boca salió a la cancha y también el festejo final.

Cuando todavía estaban enrollando la gigantesca bandera por sobre sus cabezas, llegó el primer estallido con el madrugador gol de Martín Palermo.


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