El maldito invierno

El invierno y su máxima demostración, la nieve, es un fenómeno maravilloso de la naturaleza para disfrutarlo cuando se tiene dinero en el bolsillo. Pero en la pobreza el frío duele, se transforma en un enemigo poderoso y a veces mata en silencio.

Algunos tienen suerte, como la pareja que logró sobrevivir cuatro noches dentro de un automóvil que quedó sepultado debajo de la nieve en medio de una desolada ruta.

La masa de aire helado es maldecida por los crianceros del interior que perderán buena parte de sus animales, por las familias que habitan en ranchos que apenas se sostienen, por los vagabundos que duermen donde pueden y los pibes que siguen lavando coches en la ciudad con el agua casi congelada.

Cuando la temperatura desciende, los problemas sociales aumentan. Y si no aumentan, quedan tan expuestos que el Estado se ve obligado a redoblar su apuesta para evitar muertes absurdas asociadas con la pobreza.

El frío es tan crudo que no distingue su daño. Hasta interrumpió los prolongados festejos que el gobierno disfrutó a partir de las «buenas noticias» que llegaron desde España con el convenio que Jorge Sobisch firmó con Repsol-YPF.

Incluso parece que el invierno congeló buena parte de las expectativas creadas dentro del oficialismo, que pretendía apurar el trámite en Nación para cerrar definitivamente el pacto de Madrid, donde Sobisch avaló una prórroga de la concesión del yacimiento gasífero Loma de la Lata a cambio de 8.000 millones de pesos de inversiones para los próximos 17 años.

Pero aquí el clima de fiesta duró poco tiempo. El frío y sus devastadoras consecuencias obligaron a bajar un cable a tierra. Y como si eso fuera poco, el gobierno nacional echó un balde de agua fría sobre la efímera euforia neuquina.

El secretario de Energía de la Nación, Daniel Montamat, sorprendió esta semana con el freno que aplicó al impulso y encandilamiento inicial que provocó el anuncio de la millonaria inversión, en una provincia donde las «malas noticias» le llevan varios kilómetros de ventaja a las «buenas noticias».

En la reunión de la Comisión de Combustibles del Senado de la Nación que se realizó el 11 de julio último, Montamat dijo que ahora que la empresa Repsol-YPF planteó el pedido de prórroga ante el gobierno nacional, la secretaría a su cargo, antes de tomar una definición, estudiará con «criterio técnico» la oferta de la compañía. Y al salir de ese encuentro, el funcionario avanzó un poco más allá cuando le dijo a este diario que «sólo se ratificará el contrato en el caso de que se constate un incremento real de las inversiones».

Si dentro de los 8.000 millones de pesos la compañía petrolera pretende incorporar gastos de operación y mantenimiento en los yacimientos que explota en la cuenca neuquina, queda claro que no se puede hablar de inversiones por esa suma de dinero. Sería el equivalente a comprar un automóvil y decir que luego se invertirán 40 pesos por semana para llenar el tanque de nafta y 100 pesos al año para enviarlo al taller mecánico.

Existen tantos intereses en juego detrás de la prórroga de esta licencia para la explotación del yacimiento de gas más importante de la Argentina y de Latinoamérica, que cuesta medir hoy su verdadero alcance. Ni siquiera se puede conocer el potencial de reservas de gas, más allá del horizonte de las ya comprobadas.

El secreto sobre la vida útil de Loma de la Lata sólo lo tiene la compañía que explota el recurso y es obvio que el Estado está negociando en inferioridad de condiciones, mucho más si se tiene en cuenta lo que el capitalismo ha definido como uno de los valores más cotizados, la información y el conocimiento.

El gobierno neuquino ha decidido tomar el rol protagónico en esta negociación y vuelve a apostar al petróleo y al gas para intentar cambiar el malhumor de la sociedad. También participa del elenco el gobierno nacional, ávido por mostrar resultados. Por último, y por ahora, se cierra el telón con la empresa Repsol que, al asegurarse diez años más en el manejo del yacimiento, mejora sus perspectivas de negocios.

El diario «Clarín» publicó la semana última una noticia que, de confirmarse, podría mostrar la pata de la sota. La empresa inglesa British Petroleum estaría interesada en apurar su desembarco en la petrolera española para consolidar posiciones en el mercado europeo y no perder la carrera de negocios que se abren en Latinoamérica, donde la voracidad de consumo del Brasil es la tajada más atractiva.

En medio de esta danza de intereses, en el Senado de la Nación se acelera la marcha para aprobar la nueva ley de hidrocarburos, después de haber mantenido pisado el tema durante varios años.

Todo esto es curioso porque hay demasiados movimientos al mismo tiempo. Y una de las piezas que está rodando en esta maquinaria aún sin forma es Neuquén, la provincia del gas y del petróleo.

De todos modos, ésta es una discusión alejada de los «sin gas», hombre y mujeres que tienen una sola preocupación: enfrentar este maldito invierno sin morir en el intento.


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