El más famoso

Por Redacción




HÉCTOR CIAPUSCIO (*)

Allá por principios de este siglo publicamos un artículo sobre quién había sido en las últimas décadas el personaje argentino con mayor popularidad en el mundo. Aclarábamos que la pregunta era bastante ingenua o pretenciosa dado que los argentinos estábamos lejos de ser interesantes a la mirada del mundo, pero que sin embargo era bueno plantearla como una manera de fortalecer un poco el decaído ego nacional. En aquella oportunidad nos decidimos (superando a Borges) por Ernesto “Che” Guevara. Lo veíamos así a base de lo que sugerían biografías importantes como las del mexicano Jorge Castañeda y la del norteamericano Lee Anderson, pero sobre todo por la difusión mundial de su iconografía; el voto de los jóvenes, mujeres y hombres, universitarios o proletarios, nos daba la respuesta en forma de multitudinarias remeras y chombas con su efigie de guerrillero heroico proliferando tanto en Roma, París o La Habana como en Sri Lanka. A la altura de este 2011, cuando estamos todavía más ignorados, casi desaparecidos de la mirada de los otros en razón de nuestra decadencia y el provincialismo de quienes dirigen el país dando la espalda al mundo, todavía nos queda curiosidad suficiente para volver a preguntarnos quién es actualmente el argentino más famoso. Y como es lógico en tiempos en que –como decía George Steiner– “el fútbol es la única religión planetaria” y estamos abrumados (algunos) o extasiados (los más) por su omnipresencia en los medios, ahora no hay que buscar al argentino más famosos en los símbolos revolucionarios sino en las pantallas televisivas y las crónicas del deporte más popular. Y, como se puede suponer, la elección recae fatalmente en Lionel Messi, para quien el cliché de “el mejor del mundo” en cuanto futbolista, es una calificación canónica desde hace tiempo en los medios de Europa y de muchos países, casi todos. Y si nos faltaba alguna referencia desde Estados Unidos, un país donde el “soccer” no es popular, el “New York Times” del 21 de mayo recién recibido nos completa el escenario. En primera plana y con gran foto se lee “Lionel Messi, Soccer Boy Genius”, un título sorprendente en el diario más importante de Estados Unidos, un medio que casi nunca se ocupó de este deporte y menos en primera plana. Pero la crónica que anuncia ese título para la sección deportiva es todavía más inesperada. La firma su especialista deportivo Jere Longman y resulta, por calidad, extensión y contenido, un plato fuerte. Lo que cuenta sobre este “ágil, imparable virtuoso que se desplaza con el balón pegado a su tobillo, un verdadero misil atado a una pelota de fútbol y con un casi sobrenatural sentido del campo de juego”, que dice el subtítulo de la primera página, no es fácil de sintetizar. Afirma que este tímido muchacho de 23 años, a quien el comentarista vio en el partido de Barcelona vs. Madrid del 27 de abril, gana este año más de 43 millones de dólares. Que ha hecho 53 goles en 50 partidos, que es un genio imposible de describir, una máquina de aceleración, poder, balance, agilidad, visión y virtuosismo y que juega como un niño que se divierte. El cronista hace el relato del partido que presenció en el Camp Nou y abunda en prolijas descripciones de jugadas memorables. Cita al escritor Eduardo Galeano: “Nadie juega con la alegría con que lo hace Messi. Como un chico gozando del pasto, jugando por el gozo de jugar, no por la obligación de ganar”. Cita también a su respetado colega británico Ray Hudson que escribió: “Messi tiene ojos de camaleón y es tan resbaladizo como una anguila enjabonada con vaselina, pero con un hambre de gol parecida a la de un zombi buscando su presa”. Y no faltan las citas poéticas. Una versificación se titula “Él no vive aquí”, es de Robert Lalasz y dice: “¡Brillante! / Mágico! / ¡Aaaaaaaaaaagh! / ¡Genio absoluto otra vez / Es Messi! / (…) ¡Él vive en el / Espectro magnético / del genio”. Otra cita en verso de otro autor dice: “¿Cuántos ángeles / pueden bailar en la punta de un alfiler? / ¿Cuán magnífico / es este Messi? / No hay respuesta / Es como contar las burbujas / En una botella de champán”. Todo esto sobre las virtudes futbolísticas de nuestro compatriota es más que suficiente por bien conocido. Pero el mocito tiene otro aspecto que es quizá más excepcional: el de su comportamiento dentro y fuera de las canchas, sus diferencias en relación con la mayoría de los famosos del fútbol profesional, poblado de maleducados y vanidosos. O lo que trasciende sobre el respeto y cariño que despierta en su técnico y en sus compañeros del equipo catalán. Hay cientos de referencias en los medios. Una nota periodística reciente, por ejemplo, comenta bajo título “Un tipo raro”, que es serio, que le han caído encima fama y dinero pero él sigue humilde y sencillo, como no creyéndosela. Que no es vaguito, que cumple, que no discute con nadie, que siempre sonríe, que no es vicioso, que no es fiestero, que no grita ni hace gestos destemplados, que aguanta patadas sin protestar, que agradece a su familia, que no ve las horas de juntarse en su país con los suyos, que habla poco, que hace mucho, que sostiene una fundación de ayuda a la salud y educación de niños vulnerables y que ha sido nombrado “Embajador de buena voluntad de Unicef. Es lindo verlo a este Lionel Messi, el argentino más famoso por genial jugador de fútbol, como un compatriota ejemplar también como persona. (*) Doctor en Filosofía


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