El mesías que llegó a Boedo

Ramón Díaz, lejos de Núñez, fue profeta en tierra ajena y le devolvió el orgullo a San Lorenzo.

¿Cuánto de este título le deben a Ramón Díaz?, fue la primera pregunta que recibió Gastón Fernández mientras forcejeaba para que no lo despojaran de su camiseta. “Fue 50 y 50”, maulló ‘La Gata’.

El ‘Pelado’ (46 años) volvió, después de cuatro años, para renacer la discusión acerca de la importancia del DT. Más allá de sus folclóricas visión y dialéctica, el ahora riojano más conocido fue un Mesías para San Lorenzo, pero también el bálsamo (seguramente pasajero) para un fútbol argentino viciado por la corrupción y la violencia.

Díaz se olvidó de la opulencia de sus tiempos ‘millonarios’ y apeló al equilibrio y la moderación. Aún sin saber lo que dijo dentro de las cuatro paredes del vestuario, lo único que derrochó, como buen (DT) ‘Santo’, fue fe y esperanza. Todo lo demás lo administró con paciencia de monje y astucia de zorro.

Ramón fue quien resucitó a un grupo de jugadores que en seis meses pasaron de la verguenza del 1-7 ante Boca y el 0-5 ante River a golear al equipo de Russo por 3-0, y dejarle en claro a sus detractores que su tan pronosticada caída nunca sucedería.

El ‘Pelado’ llegó a San Lorenzo sabiendo que sus pasos retumbarían más allá de los límites de Boedo. Pidió por el ‘Lobo’ Ledesma y la ‘Gata’ Fernández (lo dejó ir Passarella), confió en Agustín Orión, recobró al mejor Sebastián Méndez y recalcó que vender a Lavezzi (justamente a River) sería el peor error, porque junto con Silvera eran “los mejores delanteros del torneo”. En el medio cargó de responsabilidades al ‘Burrito’ Rivero, Hirsig y el ‘Malevo’ Ferreyra, y transformó en su mariscal a Tula, quizá su jugador fetiche.

Lejos de discursos ostentosos, siempre fue un alquimista del humor y la mesura, conocedor de las virtudes y debilidades del ‘Santo’ y sus perseguidores.

Pregonó los triunfos de Boca en la Libertadores, sabedor de que la simultaneidad de los campeonatos permitirían equiparar fuerzas con el potencial ‘Xeneize’, y hasta sacarle ventaja. Y sólo entró en alguna que otra polémica con el River de Passarella y Aguilar, entendiendo que su éxito personal y el cataclismo de aquellos le reabrirían las puertas del corazón ‘millonario’.

Ramón fue el profeta de un San Lorenzo que también le dio la oportunidad de vencer viejas leyendas que se crearon en su contra. Porque esta vez en su equipo no hubo grandes figuras, salvo él. Con sus chiflidos, gritos desarticulados, la remera a rayas, el ‘piano, piano’ y la 4×4.

Será como dice la ‘Gata’: 50 y 50.

 


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