El mundo del Islam cada vez más cerca de Occidente

Con 1.200 millones de fieles, es la segunda religión después del cristianismo. Inmigrantes musulmanes aportan su color étnico en los países centrales.

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El caluroso martes de 1492 el grito de Rodrigo de Triana inau- guró el comienzo y la clau- sura de dos épocas civilizatorias. Aquel mismo año, en el reino de Granada capitulaba el último bastión libre del Islam en la península Ibérica. La cultura árabe fuertemente enraizada en las bases del Corán se había irradiado desde aquel lugar al resto del mundo.

Al-Khorezmi, el más famoso matemático musulmán, brilló a la altura de Pitágoras y Euclides aunque quizás no se lo reconozca en esa medida. Nacido algunas décadas después de que los moros llegaran a España sentó las bases de la numeración moderna y las operaciones aritméticas que hoy utilizamos. De hecho la palabra algoritmo deviene de su nombre. y es uno de los pilares matemáticos en la ciencia de la computación.

Quizá sea éste el legado más conocido de las ciencias árabes o al menos el que ha tenido una profunda incidencia en la cultura occidental.

El repliegue cultural de los moros, como siglos antes sucediera con egipcios y Persas dejaba sus descubrimientos a las nuevas naciones del naciente mundo occidental y se refugiaba en los preceptos del profeta Mahoma.

Siglos después las nuevas potencias tuvieron colonias en países musulmanes y comenzaron a recibir inmigrantes en sus territorios, que se conformaron en comunidades. Las democracias occidentales vieron crecer así las características mezquitas en sus ciudades y comenzaron a convivir con el Islam.

Para muchos La Meca fue una realidad más allá de «Las Mil y Una Noches», cuando Casius Clay se rebautizó Muhamad Alí como musulmán. Para otros fue la religión alternativa en que se refugiaban las razas segregadas, no tan blancas y que reivindicaban su origen en continentes antiguos.

La religión musulmana se divide en Shiítas y Suníes y además en diferentes etnias. Esta variedad hace que el peso religioso sea diferente en la vida cotidiana y política de cada una de ellas.

El fundamentalismo islámico, sobre todo después de la revolución iraní de 1979, reprobaba los modelos occidental-capitalista y el marxista materialista. Esta expresión fue tomada por muchas congregaciones musulmanas dentro de las cuales algunas profesan la violencia armada como una guerra santa.

Por otro lado también hay grandes comunidades islámicas mucho más flexibles al modo de vida occidental y enemigas de la violencia religiosa.

Mas allá de los perfiles políticos que pueden diferenciar a la comunidad musulmana, el Islam es la segunda religión después del cristianismo con 1.200 millones de seguidores.

«Londres huele a curry» comenta el viajero experto que descubre la riqueza multiétnica en la capital británica. Una presencia que con sus mitos y tradiciones excede naciones y es protagonista en la actual aldea global.

Horacio Licera


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