El mundo virtual, qué hace a nuestra vida psíquica

Las relaciones sociales y las patologías que genera, en esencia, no han variado tanto. Especialistas en el tema hablan de las "nuevas enfermedades mentales".

Una cosa es nacer y crecer en el mundo digital y otra muy distinta es haberse habituado a él de a poco, a medida que los cambios se iban dando. Para estos últimos -los de más de treinta- el advenimiento de las nuevas tecnologías de información y comunicación («el mundo virtual») empezó revistiendo una especie de «magia». Magia que por otra parte ya no tiene, porque casi todos, quién más, quién menos, habitan de algún modo el ciberespacio.

Eso no quiere decir que no siga siendo vivido por muchos como un espacio extraño y, casi por añadidura, potencialmente «peligroso». Para la psicóloga y psicoanalista Diana Litvinoff, lo que cambió decisivamente con Internet es la concepción del espacio y del tiempo. Esto genera nuevos temores, nuevas sintomatologías, nuevas necesidades de adaptación de la persona al mundo (el real, no el de la pantalla) y nuevas manifestaciones del malestar de vivir. Y por supuesto, nuevas potencialidades expresivas. Pero la condición humana, las vinculaciones primarias del sujeto, lo inconsciente, asegura, no ha cambiado. «Con la inmediatez se acortan las distancias y todo parece estar al alcance de la mano, pero a la vez la distancia permite el disfraz -explica Litvinoff- y la capacidad de adoptar diferentes personalidades y formas de ser».

Como máscaras de teatro

A primera vista, esta sería una característica del mundo virtual que daría nuevas formas de expresar la personalidad, o sea, un aspecto positivo. Pero justamente uno de los aspectos de Internet más explotados por la prensa es la cara opuesta de esta potencialidad: la capacidad de agredir (y de ser agredido) sin poner el cuerpo, la falta de control sobre la exposición de la intimidad que ahora resulta posible sin límites.

«El sujeto puede expresarse, justamente, porque está escondido, amparado por la distancia», comenta la especialista. Pero el mundo virtual no es un mundo aparte.

En la salud mental son cruciales las relaciones con los demás. Y cada vez cobran más relevancia las relaciones fluidas con «otros» con los que tal vez nunca se dé un encuentro concreto, por fuera de la pantalla de la computadora, la webcam y el micrófono. Sin embargo, «Internet no ha traído nuevas patologías -remarca la psicoanalista-; en todo caso, las patologías tienen que ver con algo más amplio que es el contexto social».

Lo que quedó atrás

La enfermedad más típica de hoy es el ataque de pánico. También las fobias, el temor al contacto.

Pero, ¿qué pasa con la satisfacción de ese deseo supuestamente «todopoderoso»? «En general, cuando todo le está ofertado, el hombre retrocede, se protege», opina la psicoanalista. En el consultorio es frecuente que las personas lleguen con la preocupación por lograr algo y que desistan justo en el borde, cuando están por alcanzarlo. Y esa podría ser la razón por la que en la práctica las relaciones entre hombres y mujeres de determinada edad y de determinado nivel sociocultural, por ejemplo, terminan siendo muy diferentes de la liberalidad que sugeriría el exhibicionismo que provee la Web, según la especialista observa. El resultado sería una creciente insatisfacción. La posibilidad de satisfacción parecería estar en la acción de poner el cuerpo, cuando Internet ofrece la posibilidad de una especie de satisfacción sin poner el cuerpo.


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