El otro mundo que vieron los chicos de Comi-Co

Llevaron a 17 pequeños de ese paraje a Bariloche. El asombro fue el común denominador.

Los chicos llevaron su asombro hasta el teleférico, el único paseo turístico gratuito que pudieron conseguir.
SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB)- «¡Es lindo!», exclamó Mario Ovando, un niño de 8 años al observar temeroso desde la góndola del Teleférico Cerro Otto el paisaje del Nahuel Huapi. Junto a Martita Pricila (7) miraban con asombro y por primera vez en su vida las cosas desde lo alto. No es sólo la primara vez que ascendían en un teleférico, es la primera vez que salen de la estepa, conocen una ciudad, ven la luz eléctrica, calles asfaltadas, una vidriera.

Mario y Martita visitaron esta ciudad con otros 17 chicos del paraje Comi-Co, junto a cinco adultos, en un viaje para pasar la Navidad junto a un arbolito con luces de verdad y permitir a los pequeños conocer por primera vez la vida en un lugar diferente al de su hábitat rural.

En el ascenso al cerro Otto, la única excursión turística que pudieron realizar, ya que les fue cedida sin cargo, los niños vieron por primera vez lo que es una isla y disfrutar del paisaje y el lago Nahuel Huapi. Con la timidez propia de los niños de campo y el asombro ante un mundo nuevo, los pequeños no paraban de mirar y preguntar sobre ésto y aquéllo.

El grupo arribó a esta ciudad por tren, con pasajes cedidos por Sefepa, y se alojó en dependencias de la ex escuela de policías, en el barrio Ñireco. Desde allí visitaron el centro de esta ciudad y descubrieron un montón de cosas nuevas. El mal tiempo que reinó estos días y la falta de recursos fueron una limitante para recorrer un poco más los alrededores del Parque Nacional Nahuel Huapi.

El paraje Comi-Co está ubicado al pie de la meseta de Somuncura y a 70 kilómetros de Los Menucos, el pueblo más cercano. Allí viven unas 200 pers

onas dedicadas a las actividades de cam-po. Los niños concurren a una escuela rural y también hay un destacamento policial y un centro de salud. El paraje es administrado por una comisionada de fomento.

Comi-Co significa agua dulce en lengua indígena y se caracteriza por el aislamiento que tiene en medio de la extensa Patagonia. El paraje suele permanecer largas semanas prácticamente aislado, ya que es escaso el tránsito de vehículos hasta el lugar.

Cristina Bustamante, la coordinadora del grupo, explicó que este proyecto, denominado «Una Navidad para los niños de Comi-Co» buscó que pasen una fiesta navideña con luces, ya que hasta la fecha nunca habían visto un arbolito de Navidad encendido.

Junto a ella viajaron Mauro Esteban Pepe, docente en Vied-ma, quien está a cargo de los varones, Marcela Walter, de Cipolletti, quien oficia de cocinera del contingente y Lorena Parra (de Cipolletti) e Inés Painemar (de Los Menucos)

Tanto la espectacular belleza del lago como el viaje en cablecarril serán experiencias inolvidables para los 17 pequeños visitantes de Comi-Co.
, quienes cursan la carrera docente y ofician de ayudantes durante la salida.

En los comercios los niños conocieron un montón de objetos nuevos. Bustamante explicó que los llevó a una verdulería, donde conocieron numerosas frutas y verduras que vieron por primera vez en la vida. «A los niños hubo que explicarle todo, hasta qué es un pomelo y cómo se diferencia de una naranja», ejemplificó.

Las cosas que más les impactaron a los niños fueron los modernos automóviles, el lago, las «casas grandes que hay en la ciudad», «todas las cosas que se pueden comprar», «las luces en la noche» y la vista desde la cima del cerro Otto.

«Descubrir lo que para los otros es cotidiano»

«La idea es que los niños vean que hay un mundo diferente al que ellos están acostumbrados y descubran lo que es una ciudad y las cosas que para la mayoría de la gente son cotidianas», explicó Cristina Bustamante.

La docente indicó que se resolvió venir a Bariloche pues es una ciudad que visitan miles de turistas de todo el mundo. «¿Cómo nosotros, que en alguna medida estamos tan cerca, no vamos a querer venir a visitarla?. Muchos de los paisanos que viven en la Linea Sur a veces no tienen la oportunidad para conocerla, para ver una noche con luces», sostuvo.

Bustamante afirmó ser misionera cristiana y que ello la motiva especialmente para trabajar y ayudar a los más carenciados. Sostiene que el grupo no tiene ninguna estructura importante, pero si mucha voluntad para ayudar y hacer cosas. El dinero necesario para los mínimos gastos que demanda el viaje y la comida para pasar una semana junto al Nahuel Huapi se reunió merced a la colaboración de la FM Manantial de Vida, de Cipolletti, la cual organizó una maratón solidaria.

Asimismo, el grupo tuvo varios «padrinos», los cuales aportaron algunos pesos y hasta se obtuvieron las confituras y el pan dulce para pasar una noche navideña que seguramente perdurará en la memoria de todos los pequeños.

Entre los agradecimientos los niños no dudaron en mencionar al «oficial Silva», el cual sostuvieron les ayudó mucho en su alojamiento en la ex escuela de policía de esta ciudad. Entre otras anécdotas, los adultos del grupo informaron que les prestaron colchones y frazadas para dormir, y que las mismas fueron cedidas desde la alcaidía local. Asimismo, desde la comisaría del Melipal, les tramitaron el ascenso en el teleférico cerro Otto, la única excursión que pudieron hacer los pequeños.


Los chicos llevaron su asombro hasta el teleférico, el único paseo turístico gratuito que pudieron conseguir.
SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB)- "¡Es lindo!", exclamó Mario Ovando, un niño de 8 años al observar temeroso desde la góndola del Teleférico Cerro Otto el paisaje del Nahuel Huapi. Junto a Martita Pricila (7) miraban con asombro y por primera vez en su vida las cosas desde lo alto. No es sólo la primara vez que ascendían en un teleférico, es la primera vez que salen de la estepa, conocen una ciudad, ven la luz eléctrica, calles asfaltadas, una vidriera.

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