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El Papa y Lula hablaron de familia, eluden el aborto

El pontífice pidió a miles de jóvenes compromiso y castidad. Además del presidente, recibió a líderes de otras religiones.





SAO PAULO (AFP).- El papa Benedicto XVI llamó ayer a la juventud latinoamericana a comprometerse con la sociedad y a respetar la castidad y reiteró su oposición al aborto, tema que evitó sin embargo al reunirse poco antes con el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.

El Papa, que fue aclamado con fervor por 40.000 jóvenes en el estadio Pacaembú de Sao Paulo, llamó a la juventud latinoamericana, cantera de la Iglesia católica en el mundo, a convertirse en «apóstoles» del mensaje cristiano y asumir un compromiso con la sociedad para luchar contra la violencia, las drogas y la corrupción.

«El Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y fraterna (…) no dejándose llevar por el odio y la violencia», dijo el pontífice a miles de muchachos que representaban a 204 diócesis brasileñas, así como de Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Ecuador, Perú, Honduras y México. El Papa llamó a «hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte».

Y repitió el mensaje de condena al aborto y la eutanasia con el que llegó a Brasil el miércoles, al pedirles a los presentes que «sean promotores de vida, desde su inicio hasta su natural declive».

Decenas de miles de jóvenes aclamaron al papa a su llegada al estadio Pacaembú de Sao Paulo, donde transmitió su mensaje a la juventud latinoamericana, en su segundo día de visita a Brasil. «¡Papa, yo también te amo!», tronó la multitud, cuando el papamóvil ingresó al estadio. Cantos de bienvenida, miles de flashes, gritos y miles de manos agitándose acompañaron el recorrido del papamóvil alrededor de la cancha, hasta el escenario montado bajo una gigantesca cruz con forma de paloma.

La multitud colmó desde tempranas horas de la tarde las tribunas del estadio y un cuarto del terreno de juego; los participantes estaban vestidos con camisetas de colores que identificaban su parroquia, colegio o movimiento religioso, y portaban banderas gigantescas e imágenes religiosas.

Minutos antes de la llegada de Benedicto XVI, los jóvenes rezaron el Ave María tomados de las manos y le dijeron no al aborto, animada por el locutor. «¡Santo padre, cuente con nosotros, también estamos a favor de la vida!», gritaron los jóvenes. «¡Sí a la vida! ¡No al aborto! ¡Sí a la vida! ¡En todos sus instantes! ¡Porque vida es siempre vida!».

Poco antes, el tema del aborto estuvo ausente de la reunión del pontífice y del presidente «No hubo ninguna palabra sobre aborto o preservativo» en la reunión de cerca de una hora entre Lula y el pontífice, aseguró a su término la representante de Brasil en el Vaticano, Vera Machado. Desde el inicio de la gira, Benedicto XVI abogó por el «respeto a la vida, desde su concepción hasta su natural declive», en un claro mensaje contra la eutanasia y el aborto.

El tema del aborto está candente en América Latina tras su despenalización en Ciudad de México y los proyectos gubernamentales para legalizarlo en Brasil. En el encuentro de cerca de una hora, Lula reafirmó la vocación laica del estado brasileño.

«Nuestro empeño es preservar y consolidar el estado laico, y tener en la religión un instrumento para tratar el espíritu y los problemas sociales», dijo Lula, según Machado. El encuentro de cerca de una

hora en el Palacio de los Bandeirantes, sede del gobierno de Sao Paulo, se realizó en un clima de «mucha armonía y de mucha coincidencia de puntos de vista», contó Machado. Lula habló con el pontífice sobre «la importancia de la familia para crear valores firmes en la sociedad brasileña e internacional». También explicó los programas brasileños de lucha contra el hambre y la pobreza.

Después, Benedicto XVI dialogó durante unos 20 minutos con representantes de otras religiones y otras denominaciones cristianas, que reafirmaron el compromiso ecuménico en Brasil, en el monasterio de Sao Bento, donde se aloja el pontífice.

El rabino Henri Sobel le agradeció por haber obrado por la reaproximación de católicos y judíos cuando era el cardenal Joseph Ratzinger, bajo el pontificado de Juan Pablo II.


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