¿El PJ también quiere “verdaderos meritócratas”?

Redacción

Por Redacción

¿El PJ también quiere “verdaderos meritócratas”?

mirando al sur

Cuando no hay un líder claro, este equipo tiene que conformar la mejor organización para cumplir el mejor de los papeles”, dijo el ex gobernador sanjuanino José Luis Gioja, casi al pasar, mientras firmaba junto a su antecesor, el exgobernador de Jujuy Eduardo Fellner, el acta de traspaso de fondos y la entrega de las instalaciones partidarias, en la sede de Matheu 130, a pocas cuadras del Congreso nacional. Ocurrió el pasado martes 10 de mayo y se refería, claro, a la nueva conducción del Partido Justicialista (PJ), que él encabeza junto al excandidato presidencial y exgobernador bonaerense Daniel Scioli, con mandato hasta el 2020.

Con Cristina Kirchner afuera, la lista de unidad del peronismo evitó una elección interna o una intervención judicial. Alberga a representantes de todos los sectores, “mariscales de la derrota” y figuras con aspiraciones de futuro. Gobernadores y ex, legisladores y ex, intendentes y ex, sindicalistas de la vieja guardia y de las nuevas camadas, referentes partidarios hasta ayer enfrentados; todos coinciden ahora acerca de dos cuestiones: la necesidad de “abrir puertas” y realizar una convocatoria amplia, que contemple los “matices” y espacios afines, y la lectura política de que el mandato recibido en las urnas en diciembre fue ejercer el rol de opositores.

Gioja se explayó un poco más sobre la idea: “Si no hay liderazgo natural, habrá que construirlo, seguir trabajando. Hay un equipo de compañeros que tiene que crear estructuras y organizaciones para que puedan reemplazarlo y tener esa presencia necesaria en democracia, donde unos gobiernan y otros hacen oposición”. Es una situación poco común dentro del peronismo, que siempre busca encolumnarse detrás de un líder. La presentación de las nuevas autoridades partidarias en el Teatro Avenida, el 3 de mayo, hizo recordar a los muy memoriosos al Congreso del Teatro Odeón, en diciembre de 1984, un año después de la derrota electoral frente a Alfonsín, antes de que se iniciara la renovación peronista. La conducción en esa oportunidad quedó presidida, en ausencia, por María Estela Martínez de Perón, José María Vernet y Lorenzo Miguel como vicepresidentes y Herminio Iglesias como secretario general. Los “renovadores” impugnaron el congreso del Odeón y convocaron a otro, que se realizó en febrero del 85 en la ciudad santiagueña de Río Hondo, en el que eligieron una conducción paralela. Se respetó la titularidad de la viuda de Perón y fueron elegidos el entonces senador Oraldo Britos y el sindicalista de “los 25” Roberto García como vicepresidentes, con Carlos Corach como apoderado.

También ahora el justicialismo se recompone tras la derrota, rescatando su estructura partidaria por sobre la vacancia de liderazgo unipersonal, mostrando que hay peronismo después del kirchnerismo y aspiraciones de renovación después de la ortodoxia. Esta circunstancia lleva a la nueva conducción del PJ a plantear un modelo de organización que pretende ser menos verticalista y más deliberativo y “técnico”. Como en los “partidos modernos”, quieren articular distintas “áreas temáticas” para generar propuestas. Según indicaron, la idea es convocar a especialistas en diversos temas, realizar encuentros semanales, para “no sólo quedarse en la crítica” sino armar proyectos para enviar al Congreso y tener visibilidad. Según Scioli: “Nuestro punto de encuentro está en los problemas (de los) que venimos hablando: despidos, aumentos de tarifas, inflación. Debemos mostrar una oposición madura, comprometida con la gobernabilidad e institucionalidad, buscando aportar ideas operadoras y mostrar que hay otros caminos que no sean profundizar el ajuste”.

La prédica movimientista parece estar dejando lugar a una revalorización de la racionalidad. Reparan en que los liderazgos que no dejan pensar, que cercenan el debate y exigen obediencia y acatamiento ciego terminan conduciendo al fracaso. Cuando estos liderazgos se corren del centro de la escena o caen en desgracia, salen a la luz todas las deficiencias que arrastraron. También las lacras que apañaron o encubrieron. Todavía resuena la frase de Miguel Pichetto, presidente del bloque del FpV en el Senado, al votar a favor del arreglo con los holdouts: “Recuperé la capacidad de pensar. Ya no estoy atado por las obligaciones de ser gobierno”. Mientras tanto, con el justicialismo saliendo a la palestra, el sindicalismo ocupando nuevamente su lugar y los empresarios haciéndose oír a través de sus entidades, el presidente Macri se encuentra con los actores políticos y sociales instituidos como interlocutores necesarios. Bienvenida esta centralidad de los partidos, actores sociales organizados e instituciones parlamentarias para debatir las leyes y abordar en conjunto los problemas más acuciantes.

Una provocativa publicidad presentando un nuevo modelo de una conocida marca de autos instaló el debate sobre la “meritocracia”, aquel lugar “donde progresan los que saben lo que tienen que hacer y lo hacen… sin chamullos; los que saben que cuanto más trabajan más suerte tienen”. El spot publicitario (https://www.youtube.com/ watch?v=D-hEOCxqTx4) que desató polémicas y motivó contraspots igual de ingeniosos (https://www.youtube.com/watch?v=8T-DOs7xP7U) tuvo, en todo caso, el acierto de resumir uno de los relatos que imperan en la Argentina del poskirchnerismo, incluso más allá del Mundo Pro. ¿También en el peronismo están buscando “verdaderos meritócratas”?

La presentación de las nuevas autoridades partidarias en el Teatro Avenida hizo recordar a los muy memoriosos al Congreso del Teatro Odeón, en diciembre de 1984.

Esta circunstancia lleva a la nueva conducción del PJ a plantear un modelo de organización que pretende ser menos verticalista y más deliberativo y “técnico”.

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La presentación de las nuevas autoridades partidarias en el Teatro Avenida hizo recordar a los muy memoriosos al Congreso del Teatro Odeón, en diciembre de 1984.
Esta circunstancia lleva a la nueva conducción del PJ a plantear un modelo de organización que pretende ser menos verticalista y más deliberativo y “técnico”.


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