“El problema frutícola debe estar en la agenda nacional en forma urgente”

La toma de decisiones debe ser inmediata para devolver eficiencia a la producción.



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El sector frutícola acumula ya tres años con rentabilidad negativa, lo que hace insostenible la permanencia de varios productores.

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Los precios para la fruta que va a mercado externo no han mejorado esta temporada.

En la economía y en la producción, los tiempos no deben ser lógicos o abstractos. Son, ante todo, perceptibles, reales. El tiempo corre y lo que ayer era expectante hoy es urgente y mañana, tarde. Tal es el caso de “la problemática frutícola”. No podemos seguir hablando de ella y preocuparnos por su estado. Debemos hacer algo ahora, ya. Ocuparnos. El gobierno de Río Negro debe instalar en la agenda presidencial la calamitosa situación por la que está pasando nuestra principal economía regional, que puede, sintéticamente, enumerarse en los siguientes puntos no taxativos: a) El actual es el tercer año consecutivo de rentabilidad negativa del negocio en términos globales; b) La producción, en volúmenes, ha caído respecto del año anterior. En fruta fresca, la pera ha disminuido un 8% y la manzana un 19%; c) La paridad cambiaria no es favorable al sector, pues el ritmo devaluatorio del peso no sigue la velocidad de la inflación. Tenemos, pues, alza de costo en dólares; d) Los precios tanto de ultramar como en Brasil son similares al 2011; sólo en el mercado interno han mejorado; e) La crisis de Europa y la devaluación del real en Brasil atentan seriamente contra la competitividad del sistema, pues resienten la demanda efectiva de tales orígenes. También las licencias a la exportación de manzanas al vecino país, que amenazan con extenderse a las peras en represalia a las políticas que limitan la importación al país; f) No existen fondos suficientes para realizar las tareas culturales imprescindibles para la próxima cosecha; g) No hay precio de referencia y hoy los que se pagan al productor no cubren los costos; h) Perdemos volumen y calidad, lo que repercute fuertemente en nuestras exportaciones; I) Estudios técnicos estiman un ingreso a la región no menor al 12% o sea 70 millones de dólares de ingreso menos al año; La lista podría seguir, pero nos parece que para pintar un cuadro de situación, alcanza y sobra. De seguir sin hacer nada, lo único que puede esperarse es que la cantidad de pequeños productores primarios continúe disminuyendo (en casi 15 años pasamos de unos nueve mil a casi tres mil en el presente). Pérdidas de empleos, inversión y más, mucho más. Con la fruticultura así, Río Negro entra en recesión con todo lo que ello implica, directa e indirectamente. Hoy, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la fruticultura de la Norpatagonia está fundida. Muchas veces hemos repetido que sin un negocio frutícola en expansión no hay Río Negro factible; la trama social que la misma implica es irreemplazable. Y lo mismo hemos dicho del turismo y cada una de las actividades económicas que son la razón de ser de nuestra provincia. Se han dejado de lado, por los motivos que fuesen, iniciativas que, aún con sus más y sus menos, entendíamos como fundamentales para que el sistema continuara funcionando. El Plan Frutícola Integral, las mesas frutícolas, las leyes de transparencia y contrato, la determinación de los costos mínimos, etc. Podemos aceptar que el nuevo gobierno no las comparta o no vea eficacia en ellas; pero, de ser así, o se corrige o se las reemplaza por nuevas. Lo único que no puede hacerse es no hacer nada. Porque lo que el Estado no haga o no proponga, el mercado lo soluciona de la peor manera. No estamos pidiendo (nunca lo hemos hecho) una devaluación sin más. Sí atender la sobrevaluación del peso a través de un conjunto de medidas que tiendan al mismo fin que la devaluación o que compensen el aumento incesante de los costos internos. Esto es aplicable no sólo a la fruta sino a todas aquellas economías muy ligadas al tipo de cambio o “paridad cambiaria” dependientes que existen en todo el territorio nacional y provincial (turismo, hidrocarburos, lana, pesca, etc.). Desde luego que combatir un crecimiento de los precios del 20, 22 o 25% es una de esas medidas. Sin inflación, la competitividad puede tener un margen. A contrario sensu, las pérdidas actuales del negocio serán inevitables y crecientes. Asimismo, otro conjunto de medidas compensatorias y simultáneas puede volver a situarnos como una economía regional eficiente y competitiva, a saber: 1) Tipo de cambio diferencial para la fruta o bien tipos de cambios múltiples, para un mejoramiento de la competitividad-precio; 2) Disminución de retenciones, pero con medidas compensatorias para que el beneficio de tal medida no recaiga únicamente en los empacadores/exportadores (pueden ser compromisos de metas de producción, blanqueo de mano de obra, constitución de un fondo anticíclico frutícola, etc.); 3) Aumento de los reembolsos por puertos patagónicos; 4) Aplicación o sanción de una nueva normativa en materia de transparencia comercial y regulación de la distribución de las ganancias al interior del circuito; 5) Diversificación productiva, mejora de la calidad y la variedad de las especies; 6) Incremento sustancial de la productividad; 7) Innovación tecnológica y medidas que favorezcan el cooperativismo o la asociación de productores; 8) Disminución selectiva de la presión tributaria provincial y/o nacional, también sujeta a la restricción de una función-objetivo en materia de metas de producción y ganancia de mercados internacionales. Va de suyo que cualquiera de las medidas expuestas son atribuciones del gobierno nacional, ya que es quien posee la capacidad y la jurisdicción de diseñar y aplicar dichas herramientas. Por eso planteamos que es imprescindible y urgente que la “cuestión frutícola” sea parte de la agenda del Poder Ejecutivo Nacional y del Congreso. Estamos dispuestos a acompañar cualquier iniciativa que se tome en ese sentido y aportar nuestro grano de arena a fin de “salvar” la fruticultura rionegrina. Eso sí, lo primero es lo primero. Reconocer el problema. En tanto y en cuanto se diga que la temporada es buena porque comenzó sin conflictos, más allá de ser falsa porque el conflicto existe, no ayudará a resolver el problema. Como con la inflación: si no se habla y/o el Indec publica cualquier cosa, no tenemos inflación. Un infantilismo que, en el caso de la fruticultura, no podemos repetir. Lo único que no se puede hacer en esta coyuntura es no hacer nada. Si seguimos como está, las consecuencias sociales serán la demostración de que el error fue desconocer y mirar para otro lado. Ahí vamos a ver si la temporada comienza sin conflictos. Ahí, el conflicto será sinónimo de fruta. (*) Legislador. Presidente Bloque Alianza Concertación

Bautista Mendioroz (*)

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