El próximo gobierno deberá afrontar las Cuentas Pendientes
Déficit fiscal, cepo cambiario e inflación. Quien gane en octubre, asumirá condicionado por la realidad económica. La gradualidad de las posibles medidas de corrección es lo que diferencia hoy las propuestas de los candidatos.
LA HERENCIA ECONÓMICA DE CARA A 2016
A medida que se acercan las elecciones, comienzan a vislumbrarse aquellos cambios necesarios y cuentas que quedarán pendientes para quien se haga cargo del Ejecutivo en diciembre.
La impronta que el gobierno actual ha impreso a la vida política es tan fuerte, que de algo no caben dudas: quien sea el ganador de la puja electoral buscará diferenciarse de quienes dejan el poder, introduciendo cambios en las distintas áreas de gobierno. La economía es una de ellas.
Saber cuáles son los problemas y qué es lo que planea cada espacio político al respecto, resulta por lo tanto crucial en momentos de definición política como el actual.
La lista podría ser interminable y, dada la interdependencia de las distintas variables económicas, las decisiones que pudieran tomarse tendrán efecto inmediato, sobre todas o algunas de las demás cuestiones a resolver.
Encontrar la manera de salir del corsé cambiario será no sólo tema de discusión en medio de la campaña, sino uno de los primeros desafíos del próximo gobierno. Es difícil pensar en liberar el dólar sin que el exceso de demanda contenido provoque, al menos inicialmente, un fuerte salto en el precio. El atraso del tipo de cambio es evidente, mientras los países de la región optan por depreciar sus monedas ganando en competitividad. Si se espera que la liberación cambiaria no sea traumática, será indispensable contar con la entrada de divisas en cantidad.
Ello introduce otro de los pendientes. En el 2016 habrá necesidad de financiamiento genuino desde el exterior. Para obtenerlo hay un camino corto y uno largo. El más directo es el endeudamiento. El gobierno esperaba retornar a los mercados el año pasado una vez cancelada la deuda con Repsol y con el Club de París. La explosión del conflicto con los buitres abortó la idea. Hacer atractivo el país a los capitales extranjeros será uno de los desafíos desde diciembre.
El camino más largo y trabajoso es volver a hacer crecer el superávit comercial. La buena performance del comercio exterior durante la última década se interrumpió con la crisis global del 2009, pero recibió el golpe de gracia con la implantación del cepo cambiario a fines del 2011 (ver recuadro).
La cuestión de la deuda ha sido precisamente una de las banderas del kirchnerismo. Cierto es que el país ha saneado su deuda externa. El peso actual de las acreencias en moneda extranjera llega sólo al 38% del Producto Bruto Interno (PBI). El punto es que la deuda en dólares se intercambió por una en pesos y lo que ha crecido exponencialmente en el período 2007-2014 es la deuda interna. Desactivarla en pesos será otro de los pendientes para el próximo presidente (ver recuadro).
Esto último guarda estrecha relación con la cuestión fiscal. El crecimiento de la deuda en pesos surge por el abultado crecimiento del gasto público durante los últimos cuatro años.
El 2014 terminó con un rojo fiscal de 110.000 millones de pesos. Financiar semejante agujero sin entrada de divisas sólo es posible acudiendo a la emisión monetaria. Sin embargo, usar la maquinita no sólo acrecienta la deuda interna, sino que impacta de lleno en el nivel de precios.
He aquí el otro gran tema a resolver. La inflación sostenida ha sido la constante durante los últimos siete años. A excepción del 2009, en dicho período el incremento anual de los precios nunca estuvo por debajo del 20% y el año pasado rozó el 40%. En el 2015, la caída de la actividad y la estabilidad del tipo de cambio están contribuyendo a que el alza de precios sea menor (ver recuadro). Pero el efecto de las medidas adoptadas desde diciembre para atender el resto de las variables tendrá, sin dudas, consecuencias sobre el nivel de inflación. Por ello, analizar las propuestas de cada espacio político de cara a lo que depara para el país desde el 2016 es indispensable.
La primera discusión es el “qué”. Cuáles serían los objetivos de política económica que perseguiría cada candidato y a cuál de los temas pendientes daría prioridad.
A decir verdad, no existen notorias diferencias ideológicas entre los tres candidatos que hasta el momento están mejor posicionados en las encuestas.
Los especialistas sostienen que desde el año próximo la política económica dará un giro hacia los mercados, cualquiera sea el nuevo presidente. Lo afirman sobre la base de una certeza: la Argentina necesitará financiar la transición y esos fondos habrá que buscarlos en los mercados. Para lograrlo, será necesario abrir la economía.
La discusión es entonces el “cómo”. Cuáles serían las medidas concretas que adoptaría cada espacio. Las expresiones de los candidatos y/o sus equipos técnicos en los medios son elocuentes. La clave es la gradualidad. Cómo destrabar el cepo cambiario, un claro ejemplo.
Mauricio Macri ha manifestado que lo dejaría sin efecto al otro día de asumir el gobierno. Se trata de una medida drástica y de alto costo social. La misma significaría una gran transferencia de recursos desde los sectores asalariados a los exportadores.
Massa, en cambio, se ha mostrado más cauto. Apuesta a la apertura cambiaria, espera lograrlo en el mediano plazo y con intervención del Banco Central.
Scioli expresa los deseos de continuidad en materia de política social. Es por ello que no cree en la apertura del cepo de una sola vez, atendiendo el alto costo que ello tendría en cuanto a precios y pérdida del poder adquisitivo. Su plan es desactivar el cepo en los primeros dos años de gobierno.
Intenciones que chocarán contra la realidad de la herencia recibida, a la hora de pasar de las propuestas a la gestión.
Diego Penizzotto
diegopenizzotto@rionegro.com.ar
LA HERENCIA ECONÓMICA DE CARA A 2016
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