El psicoanálisis, hoy



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De qué trata el psicoanálisis, tan vituperado hoy día? El psicoanálisis trata de lo que se dice tras el dicho; es la palabra, el discurso, el medio que usamos los humanos para comunicarnos y hasta para domesticar a “las fieras”. Su descubridor, creador, el Maestro vienés Sigmund Freud (1856-1939), médico, encuentra una técnica mediante la cual aliviar el sufrimiento humano y de allí elabora su teoría con los elementos que estaban a mano en su época: la biología, los filósofos, los poetas, la psicología. Sigmund Freud parte de la ciencia médica. Utiliza la neurología para el inicio de sus investigaciones acerca del comportamiento humano, hace uso de la fisiología, de la física, quiere descubrir el funcionamiento del pensamiento apoyado en la ciencia de su época. Es así como comienza a armar su teoría a la que denomina: psicoanálisis. Encuentra que en el ser humano hay algo que no responde a la exactitud de la ciencia. A través del discurso del sujeto descubre que es el inconsciente lo que hace que el ser humano sea “el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Tal vez podamos pensar en que el inconsciente existió siempre, claro. Si está dentro del lenguaje podemos afirmar que siempre existió. Freud fue el descubridor de ese inconsciente del que hablamos los psicoanalistas, que tiene sus leyes y su particular modo de funcionamiento (insiste en otorgarle el valor de ciencia) al que se accede solamente a través de la palabra; la palabra, recurso de excelencia al que apelamos cuando alguien nos demanda por su sufrimiento. ¿Casualidad? Tres años antes de que muriera Sigmund Freud, un francés, Jacques Lacan (1901-1981), médico, psiquiatra, psicoanalista, publica su primer trabajo (“El estadio del espejo como formador de la función del yo”). Jacques Lacan ¿en qué se apoya? Se basa en su experiencia analítica, en la lectura de Freud e incorpora elementos del estructuralismo, de la lingüística estructural, de las matemáticas y de la filosofía. Al igual que su Maestro, Sigmund Freud (su proyecto era incluirse en las ciencias), Jacques Lacan insiste en que el psicoanálisis sea incluido en la ciencia. Pero el psicoanálisis “arruina” la elegancia matemática, la pretensión de exactitud y la pretensión totalizante, no de la ciencia sino del discurso de la ciencia. El sujeto siempre produce error en la cuenta, hace que no haya exactitud: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Así es como afirma: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. El inconsciente es el discurso del Otro. Este Otro debe entenderse al modo de ese lugar ilusorio y a su vez real donde el bebé que llega a este mundo es alojado en su extrema indefensión, es lo real de la realidad y es el baño del lenguaje que comienza a escuchar (así lo ha comprobado la ciencia) desde el seno materno. A esta altura de la humanidad hay algo que no podemos dejar de reconocer: el hombre crece –realiza su crecimiento– tan inmerso en un baño de lenguaje como en el medio llamado natural. Este baño de lenguaje lo determina, incluso antes de que haya nacido, ya que su primer alojamiento es en el deseo en el que sus padres lo reciben como objeto, quiéranlo o no, privilegiado. El deseo es, propiamente, la pasión significante, es decir el efecto del significante en el animal que lo marca y cuya práctica del lenguaje hace surgir en un sujeto, un sujeto no simplemente descentrado, sino condenado a sostenerse tan solo de un significante que se repite, es decir, como sujeto dividido. El psicoanálisis le recuerda a la ciencia que la palabra es el lugar donde se aloja el significante, por lo tanto el significante es causa material de la corteza cerebral. La palabra de amor con que la madre se dirige a su retoño “moldea” el cortex cerebral. Sin esa palabra de amor no se “termina de armar” el complejo circuito de la plasticidad neuronal. Eric Kandel, Premio Nobel de Medicina en el 2000, investiga acerca de la memoria y descubre la plasticidad cerebral. Esta plasticidad de la que habla la ciencia es a la que apelamos los psicoanalistas, ya que allí están “grabadas” las conexiones significantes que elabora el sujeto en su constitución como tal. Ir más allá del Maestro (padre) es a condición de servirse de él. Los hombres de excepción vienen de a pares: Freud para Lacan; Cristo para San Pablo, Hegel para Marx, y podríamos seguir con la lista. El maestro Sigmund Freud señaló que hay tres profesiones imposibles: educar, gobernar, psicoanalizar. Por ello dijo que un psicoanalista debe sostenerse en tres pilares: análisis personal, análisis de control y seminarios (investigación permanente). Es por esta razón que en nuestra ciudad de General Roca, en diciembre del 2006, un grupo de psicoanalistas con distintos recorridos en su práctica y formación comenzamos a trabajar en lo nuestro. Así es como el 26 de abril del 2011 fundamos una institución sin fines de lucro a la que nominamos: “Causa Psicoanalítica en General Roca”, cuyo fin es “la transmisión del psicoanálisis basado en un solo punto de partida que reconoce en el equívoco (el inconsciente) su fundamento. El desarrollo y el porvenir del psicoanálisis se sustentan en la formación permanente del analista: el trípode freudiano, a saber: formación teórica, análisis personal y análisis de control”. Con alegría, rigurosidad y pasión hoy somos 25 socios de distintas localidades valletanas. (*) Licenciada en Psicología. Psicoanalista. Presidenta de “Causa Psicoanalítica en General Roca”.

CRISTINA G. AGUIRRE (*)


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