El Quinteto canta pero no tiene dónde mostrarse

Los neuquinos cumplieron 10 años de actividad. Salen con el primer CD, un producto depurado, que requiere del lugar acorde donde lucir los hallazgos instrumentales.



por BEATRIZ SCIUTTO

NEUQUEN (AN).- El crecimiento de la producción artística en Neuquén es una cabeza con dos caras. Aparece un rostro que se lleva todas las loas a la actividad incesante: cada día se multiplica y purifica en filtros de perfeccionamientos.

Al mismo tiempo, si el cuerpo gira, exhibe ya no una máscara, sino el mismo rostro en el que se proyectan como en un documental todas las necesidades, carencias, esfuerzos y orfandades de la gente del arte.

Los artistas producen y no tienen dónde mostrarlo. O sea, cualquiera puede armar su espectáculo, sea en la calle o en un pub, pero hay obras que requieren tratamientos especiales, un equipamiento digno para un producto cuidado en orígenes: sus luces, sonido. Pero estos recursos suelen estar ubicados en la categoría de “objeto suntuario”: una sala como Dios manda, contratos para giras por el interior y otros beneficios que sólo se ponen a disposición de un número ínfimo de neuquinos.

Esa falta de espacio ahoga a cualquiera y es precisamente lo que está sintiendo a piel viva El Quinteto, un grupo neuquino, con diez años intensos de trabajo, calidad instrumental y depurada temática.

Tiene su primer disco editado pero el escenario no aparece. Así las cosas, decidió realizar el lanzamiento del compacto “El Quinteto: canta” sin mediar un recital en vivo. El disco cuenta con interesantes arreglos que enfatizan lo instrumental y por momentos con secciones corales enriqueciendo las -de por sí-, reconocidas habilidades de las cuatro guitarras y las cinco voces originarias: Carlos Muñoz, Eduardo Seleme, Ricardo Soria, Eduardo Aguiar, Diego Castro y Paco Flores.

En un recorrido por el compacto, hay verdaderos hallazgos, y el desempeño individual centrado en la valiosa voz de Carlos Muñoz.

Es el resultado de una sumatoria de afectos. Un poco por cumplir una década, tal vez porque es la despedida de Diego Castro -quien se fue a vivir a Córdoba- y sobre todo el CD es un corte en el trascurrir de la agrupación, para re

verenciar a aquellos que están muy ligados a la empresa. El arte de tapa pertenece a la hija de uno de los instrumentistas, también lleva la reproducción de una obra plástica. Y sobre todo, han querido homenajear a la música de los pueblos de nacimiento de los integrantes. “Sin olvidarnos de Neuquén”, claro, razón de existencia de todos estos días. Así se fueron sumando, según las provincias, aportes de otras artes como Tata Herrera en la “Zamba de Ambato”; Horacio Bascuñán en “El cigarrito” y músicos interesantes tales Cecilia Raspo en violoncelo y Natalia Toledo violín, Miguel Espinosa percusión, Fernanda Sandoval, Gonzalo Isaurralde en bajo y Otro Puerto.

La gente de El Quinteto proviene de distintas vertientes y regiones musicales. Pero reconocen un origen común en el folclore argentino y latinoamericano, especialmente en el movimiento que floreció en la década del 60. Retoman “el espacio creado por los grupos que enriquecieron la música popular a través del canto colectivo”

El costo de esta tirada fue casi de 10 mil pesos, en parte con ayuda del municipio en el centenario de la capital; de los propios autores y la edición de Unión Músicos Independientes.

“No nos embanderamos con ningún discurso” dice Carlos Muñoz. “Sí, queremos que se consideren y pongan en valor las producciones locales. No se puede hacer un emprendimiento con tanto esfuerzo, para una primera muestra cada diez años y que la iniciativa se agote en esa instancia inicial”.

Si algo les hace falta, por estos días, es el merecido lugar para poder gozarlo en vivo. ¿Se les dará?


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