El retorno de la política monetaria expansiva

Después de tres meses, la base monetaria volvió a crecer en marzo. El financiamiento al fisco para sostener el gasto sigue siendo la clave.



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PANORAMA NACIONAL

En marzo último, el gobierno retornó a una política monetaria más laxa, permitiendo la expansión de los principales agregados y evitando esterilizar la cantidad de pesos emitidos mediante otros instrumentos financieros. Se refuerza así el esquema de financiamiento del gasto mediante emisión monetaria, característico desde fines del 2011 y sólo abandonado parcialmente durante la gestión de Carlos Fábrega al frente del Banco Central (BCRA).

La información indica que en el tercer mes del año la base monetaria, que incluye los billetes y monedas en circulación, más los depósitos de reserva de los bancos en el BCRA, creció un 30% interanual. El dato señala un cambio en la política monetaria aplicada desde fines del año pasado. Es que en diciembre del 2014 la base monetaria creció un 24,5% interanual, a lo que siguieron dos meses de retracción.

Según explica un informe del economista Carlos Melconian, la emisión llegó a 20.000 millones de pesos en marzo. El mismo mes, la expansión de la base monetaria alcanzó los 25.800 millones de pesos, mientras que en enero y febrero se había reducido en 23.097 y 1.694 millones de pesos, respectivamente.

Al mismo tiempo, el agregado monetario amplio M3, que incluye los depósitos a la vista, los plazos fijos y las inversiones en distintos instrumentos financieros, creció en marzo un 30,1%.

La modalidad que en los últimos tres años ha utilizado el BCRA para quitar de circulación los pesos emitidos es la colocación de letras (Lebac), un instrumento financiero propio que ofrece una tasa de interés del 28%, superior a la de cualquier plazo fijo.

Sin embargo en marzo, el BCRA revirtió la operatoria y, en lugar de colocar Lebacs en el mercado, retiró antes de su vencimiento aquellas letras emitidas con anterioridad. Así, lejos de esterilizar la emisión monetaria, terminó reforzando la tendencia al crecimiento de los agregados monetarios.

Según estima Melconian, el financiamiento al fisco mediante emisión habría alcanzado los 15.000 millones en marzo.

Ése es precisamente el origen de la necesidad de ampliar la emisión.

El 2014 finalizó con un agujero fiscal de 110.000 millones de pesos, un 70% más grande que el registrado en el 2013.

La presidenta ha dado sobradas muestras de que en un año electoral no piensa abandonar las banderas políticas que caracterizaron al espacio oficialista. Por el contrario, los últimos anuncios –moratoria impositiva, aumento del 50% en la cuota del Plan Progresar, aumento del límite de financiación para la tarjeta Argenta con tasa de interés subsidiada– demuestran que la decisión es sostener el incremento del gasto.

En el equipo económico especulan en que podrán sostener la configuración gasto-emisión sin demasiados sobresaltos hasta diciembre y trasladar el costo de la corrección fiscal a quien asuma el mando.

Se basan para ello en la performance de las principales variables macroeconómicas durante el último verano, cuando los principales especialistas anticipaban un desmadre que nunca ocurrió. La inflación se ha contenido, la caída en el nivel de actividad fue menor a la esperada y el nivel de empleo se mantiene medianamente estable.

La argumentación parece razonable. Pero oculta a la vez la acumulación de inconsistencias que, tarde o temprano, saldrán a la luz.

Principalmente la acumulación estructural de déficit sin financiamiento genuino que lo respalde.

Con la vuelta a la política monetaria expansiva, el gobierno puede estar socavando una vez más las bases de la estabilidad temporal alcanzada en el receso estival.

El ABC de la economía reza que si crece la cantidad de billetes sin que lo hagan los bienes, muy probablemente suba el nivel de precios. Y si la plaza se inunda de pesos, en los que los agentes ya no confían, muy probablemente esos pesos corran al dólar, volviendo a presionar su cotización al alza.

Redacción Central


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