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El riesgo moral argentino

Elegir un bono argentino supone un peligro per se. Es la posibilidad de que el Estado argentino cambie las reglas del juego una vez que el contrato entre las partes fue consumado.





En el mundo de las finanzas, la información asimétrica es una de las claves para entender la razón por la que ciertos negocios resultan o no exitosos. Sucede que cuando entre una transacción, una de las partes cuenta con más o mejor información que la otra, se generan dos efectos que la teoría económica llama selección adversa y riesgo moral.

Lo primero sucede cuando quien tiene menos información, no es capaz de distinguir la buena o mala calidad de un instrumento de inversión. Si la otra parte en cambio, cuenta con mejor información y sabe de la mala calidad del instrumento, naturalmente intentará ocultarlo, induciendo al desinformado a invertir de todas formas. El resultado es que quienes tienen entre manos un instrumento de buena calidad, otorgan toda la información posible para diferenciarse del instrumento de mala calidad, y solo quedan en el mercado las peores opciones de inversión.

Lo segundo sucede cuando la parte que esta mas informada, conoce que las condiciones que pautará con la contraparte, podrán modificarse luego de firmado el contrato, alterando la valoración normal de la opción de inversión que ambas partes tienen antes de concretar la operación.

Los datos corregidos del Producto Bruto Interno (PBI) en el periodo 2004-2015, acaban de ser publicados por el nuevo Indec. La nueva información pone al descubierto una vez más la forma en que la estadística pública se manipuló para modificar el resultado de las colocaciones de títulos públicos en la última década, especialmente en relación a los bonos con cupón atado al PBI. Dichos bonos cuentan con una cláusula que dispara el pago del cupón si el crecimiento del PBI supera el 3%.

Sucede entonces que el Estado argentino comprometió un pago atado a una estadística que el propio Estado elabora. El ejemplo perfecto para el caso del riesgo moral. La manipulación de las estadísticas modifica las condiciones pautadas y perjudica al acreedor. Un ejemplo emblemático tuvo lugar en 2014. En febrero de ese año, el Indec publicó un informe preliminar del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), e indicó un crecimiento del 4,9% en el PBI de 2013. Sin embargo, tres meses mas tarde y ante la abrupta caída de las reservas del Banco Central (BCRA) en el primer trimestre de 2014, el crecimiento de 2013 fue “recalculado”, arrojando un 2,9%. Un resultado apenas inferior al necesario para disparar el pago por más de u$s 3.000 millones, de los bonos con cupón PBI, entregados en los canjes de deuda de 2005 y 2010.

La nueva revisión de los datos dada a conocer esta semana, es una muestra más del riesgo moral argentino. El mensaje a los acreedores es que los datos que durante los últimos años se utilizaron para determinar si se pagaba o no, estaban mal.

Se trata de una forma desleal de relacionarnos con el resto del mundo. Algo que se verifica mas allá de los nombres propios que circunstancialmente manejan la cosa pública, y que debiera ser corregido en adelante, si lo que se espera es no solo un mero cambio nominal, sino transformar la esencia de las cosas.

Datos

Datos

Datos

48,6%
Lo que creció el PBI en Argentina entre el 2004 y el 2015. Según el viejo Indec, el crecimiento había sido 65%.
$ 720.621
Los millones (en valores de 2004) a los que ascendió el producto bruto interno (PBI) argentino en el 2015.

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