El SAC-D está listo para despegar y estudiar el cambio climático

Lo construyó Invap y será lanzado mañana. Lleva el instrumento Aquarius, que medirá la salinidad de los océanos desde el espacio.



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<p></p><p>El transporte del SAC-D, primero a Brasil y luego a EE. UU., fue hecho en aviones provistos por la Fuerza Aérea norteamericana y bajo importantes medidas de seguridad.</p>

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néstor pérez

ngperez2010@gmail.com

Serán 3042 segundos eternos para las 150 miembros de Invap que participaron de la construcción del SAC-D. Tras ese lapso, a cientos de kilómetros de altura, el cuarto satélite que construyó la empresa estatal rionegrina se separará del cohete que lo transporta y 30 segundos después sus transistores se encenderán. Medio minuto más tarde los paneles solares serán desplegados y, tras diez segundos más, el satélite ya estará en operaciones.

El SAC-D, que forma parte de una dinastía de satélites construidos en Bariloche que comenzó con el lanzamiento del SAC-B, despegará mañana desde Vandenberg, California, tras una postergación de última hora, pues lo debía hacer hoy a las 11,20. Es una misión que tiene un inconmensurable valor para la tecnología argentina. Mostrará por qué la NASA confió a la empresa rionegrina la construcción del satélite que transporta el instrumento Aquarius, aparato valuado en más de 150 millones de dólares y construido por la agencia espacial norteamericana. El objetivo de la misión es vital para predecir el futuro del planeta: medir la salinidad superficial de los océanos y ayudar a desentrañar el proceso que está cambiando el clima terrestre.

El satélite llevará además otros siete instrumentos, cinco de ellos construidos en el país -uno en el Invap- y los dos restantes fabricados por las agencias espaciales de Italia y Francia.

“El lanzamiento del SAC-D marca el nivel competitivo de la tecnología argentina al mostrar que la agencia espacial número uno del mundo, que es la NASA, confía un instrumento que vale 150 o 200 millones de dólares, para que vuele en un satélite íntegramente diseñado y construido en la Argentina, en particular en nuestras instalaciones en Bariloche”, afirmó el gerente general y CEO de Invap, Héctor Otheguy. Cabe recordar que aún vuela en el espacio el SAC-C, lanzado en noviembre de 2000 y que tenía prevista una vida útil de cuatro años.

El lanzamiento del SAC-D se enmarca en un programa de colaboración que lleva casi 20 años entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales argentina (Conae) y la NASA. En este caso, la NASA pone el lanzamiento y el instrumento principal de la misión, y la Conae pone el satélite. Invap es el encargado del diseño y construcción del aparato en su rol de contratista de la Conae.

“La NASA hizo un concurso hace ocho años atrás, donde fue seleccionada la propuesta argentina junto al Jet Propulsion Laboratory, el lugar donde hicieron el instrumento Aquarius”, sintetizó Otheguy.

El proyecto para construir el satélite arrancó en 2004. Los primeros cuatro años se dedicaron al diseño de la plataforma satelital y de la misión. “A lo largo de este periodo se realizaron revisiones entre pares y con personal de NASA”, contó el ingeniero Luis Genovese, responsable del Proyecto SAC-D/Aquarius por Invap.

“Aprobado el diseño, se inició la etapa de fabricación. La construcción de la plataforma satelital se llevó a cabo íntegramente en Invap. Fabricamos la parte estructural, la mecánica, el control térmico y la biónica. Todo se hizo en este edificio”, explicó Genovese, hombre de hablar pausado y claro, mientras señala a sus espaldas el “cuarto limpio” donde actualmente se está construyendo el satélite de comunicaciones Arsat 1.

Luego vino el ensamblado de los distintos subsistemas, que requirió casi dos años de trabajo. Y después, con todas esas partes listas para iniciar el ensamblado final, se trasladó al “cuarto limpio” ya mencionado. “A partir de 2009 comenzamos con la recepción e instrumentos que van a bordo de la plataforma satelital. El acople del instrumento Aquarius demandó varios meses de trabajo”, recordó Genovese.

De los ocho instrumento que lleva el SAC-D, el principal, el Aquarius, define el objetivo primario de la misión. Genovese explicó que el aparato “va a permitir medir la salinidad de la superficie de los océanos por primera vez desde el espacio. Dando la posibilidad de obtener por primera vez el valor de salinidad de todos los océanos de la tierra, una vez por semana. En una semana el satélite va a ser capaz de barrer y recabar la información de salinidad de todos los océanos del mundo”.

Cuatro mediciones semanales permitirán proveer el mapa mensual de salinidad. Esta es la primera vez que esto se va a lograr desde el espacio.

“El objetivo principal de esa medición es contribuir al conjunto de parámetros de la tierra que se miden desde el espacio para mejorar la comprensión del clima del planeta. Y poder contar con más información para entender los procesos más importantes que intervienen en la circulación de los océanos. Esta es una información que hasta ahora había sido obtenida de forma muy puntual, ni con la periodicidad que se va a poder lograr con la misión”, afirmó el responsable del proyecto por Invap.

Los otros siete instrumentos complementan al Aquarius y uno de ellos tendrá especial importancia para la Región Andina. (Ver aparte)

¿Pero qué pasará con los datos obtenidos? Lo responde Otheguy: “Argentina es responsable del manejo del satélite. El ‘chofer’ del satélite es argentino y va a estar en Falda del Carmen (Córdoba), en la estación terrena Teófilo Tabanera de la Conae. Esta institución es la encargada de manejar el satélite y también de la bajada de datos. La información se comparte con EE. UU., que construyó el Aquarius. Los datos para argentina los maneja la Conae, que los distribuye a los distintos organismos de ciencia y tecnología, públicos en general, pero también los privados que necesiten la información por razones económicas.

La información útil para Argentina servirá para, entre otros ejemplos, la detección temprana de inundaciones a partir de medir la humedad en los suelos; dimensionar la probabilidad de que avance de la desertificación; medir la temperatura de la tierra, que está relacionada con probabilidad de sequías y también con incendios.

Ante el inminente lanzamiento, Otheguy advierte sobre la complejidad de poner un satélite en el espacio. “En poco más de dos metros por dos metros van ocho instrumentos muy delicados para realizar mediciones a 700 kilómetros de altura, en un satélite que vuela a 25.000 o 30.000 kilómetros por hora. Todo eso tiene que estar apuntando a un lugar donde uno quiere de la tierra. O sea que debe tener un sistema de posicionamiento muy delicado. Todo eso consume 1000 wats, lo que consume una plancha. En definitiva, para que sea exitosa la misión, hay muchas cosas que deben andar bien”.



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