El sistema de salud pública de Neuquén, en problemas

<span style="text-transform:uppercase">Los fondos destinados al sector este año representan el 10% del total del presupuesto.</span>



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Las primeras proyecciones oficiales dan cuenta de que el gasto consolidado en el sistema de salud de la provincia del Neuquén se ubica este año entre los más bajos de las últimas temporadas.

Su participación durante el primer semestre del 2011 cayó al 10,7% en relación con las erogaciones totales efectuadas por la provincia, perdiendo así más de dos puntos porcentuales respecto de lo que se le otorgaba en el 2009 (ver infografía en la página siguiente). De estos valores se puede inferir que el crecimiento que experimentó el presupuesto neuquino en los últimos años no se correspondió con las transferencias realizadas al sistema.

La pérdida de participación en dos puntos porcentuales significa hoy –proyectado sólo para el 2011– cerca de 100 millones de pesos que el sector resignó en sólo 24 meses, un dato no menor a la hora de observar las carencias que muestra el sistema y los reclamos de la ciudadanía en busca de una mejor calidad en el servicio.

Las estadísticas oficiales del Ministerio de Hacienda detallan asimismo que en los seis primeros meses del corriente año las transferencias hacia el sistema de salud alcanzaron los 463 millones de pesos.

La cifra refleja un crecimiento, en valores absolutos, del orden del 15% cuando se la compara con los niveles consolidados en el presupuesto ejecutado a junio del año pasado y una suba en torno del 150% cuando se la relaciona con los montos destinados para la misma fecha del 2007, año en que dejó la gobernación Jorge Sobisch.

Sin embargo, los incrementos señalados se desvanecen cuando se relacionan con la inflación regional, indicador que termina nivelando cualquier esfuerzo presupuestario hacia abajo.

Al analizar el gasto real destinado al sistema de salud deflactado por el índice de precios de la provincia se advierte que los fondos transferidos a este importante servicio prácticamente se estancaron en los últimos años.

¿Qué se puede esperar de un sistema que soporta una mayor presión por servicios con un presupuesto casi similar al de hace cuatro años? No hay que entender mucho de economía para deducir la respuesta: un progresivo deterioro del mismo.

Sin dejar de destacar la complejidad que arrastra todos los días la puesta en marcha de este importante servicio, ya sea por la cantidad de actores que participan en él como por la puja de intereses existente –que muchas veces exceden el plano específico de la salud–, los números que se observan en los presupuestos ejecutados dejan abiertos algunos interrogantes que, en varios casos, tienen mucho que ver con la calidad de servicio que se está brindando.

Analicemos algunos de estos puntos, entre otros tantos, que merecen ser destacados.

• El gasto real en salud se incrementó hasta el 2009 para después desplomarse en los dos años siguientes y volver a valores muy similares a los del 2007 (ver infografía). Las relaciones dan mucho peor cuando se comparan el 2009 y el 2011: durante este último año –siempre hablando en términos reales– se transfirió un 17% menos de recursos que hace 48 meses. Teniendo en cuenta la evolución poblacional de la provincia y las inversiones que se necesitan para sostener la complejidad tecnológica que requiere el servicio de salud, no es una buena señal que el gasto real en el sistema no dé signos de crecimiento en los últimos años.

• Su participación en el total de las erogaciones presupuestarias muestra también una tendencia creciente hasta el 2009 para luego caer hasta concentrar sólo el 10,7% del gasto en la primera parte del año (ver infografía). Ésta es la participación más baja que registró la administración Sapag en sus cuatro años de gestión.

• La masa salarial que se destina al sistema de salud creció tanto en valores absolutos como reales –deflactados por inflación– durante el período bajo análisis. Otro dato a tener en cuenta es que en cuatro años la planta de Salud pasó de 6.122 a 6.894 empleados (profesionales, técnicos y administrativos), lo que muestra que en el período 2007-2011 se incorporaron al sistema 772 trabajadores.

• Sobre la base de este último dato, se advierte que la participación del gasto salarial en el total de los recursos destinados al sistema creció, de lo que se desprende también que las transferencias para inversiones y gastos de funcionamiento se vieron afectadas en el período en análisis.

¿Es un problema de fondos?

Las frías estadísticas presupuestarias dan cuenta de que las partidas para Salud, lejos de aumentar en valores reales durante los últimos años, han disminuido a la vez que otros sectores u organismos del Estado han visto crecer su participación dentro del presupuesto.

Pero, paradójicamente, el hecho de elevar las transferencias de partidas a Salud no garantiza que el sistema mejore la calidad de su oferta de servicios. Hay antecedentes en la provincia que avalan este concepto: Educación es uno de ellos.

Es más, desde el gobierno provincial se defiende la política sanitaria aplicada aduciendo que las transferencias hacia el sistema de salud muestran un crecimiento promedio anual (en valores absolutos) del orden de los 60 millones de pesos. Cierto. Ahora bien, lo que hay que preguntarse es cuántos de los millones ejecutados llegan verdaderamente a la gente como una mejora del servicio brindado.

Esto demuestra que el sistema sanitario no escapa a los problemas administrativos ni a las redes burocráticas que arrastra el actual gobierno provincial.

Son innumerables las demandas existentes por carencia de insumos en algunos hospitales y salas de la provincia, así como las falencias que muestran algunos de los programas de medicina preventiva y asistencial (incluido el triste récord de 67 casos de neumonía reportado hace unas semanas).

Si no se mejora la capacidad de gestión dentro del sistema de modo de eficientizar la utilización de los recursos existentes, no hay incremento de partidas que pueda revertir esta caótica situación.

Para algunos especialistas ligados al sector es sumamente importante contar con recursos suficientes para llevar adelante las políticas sanitarias en una provincia, pero más importante aún se considera el contar con capacidad de gestión para poder lograr los objetivos preestablecidos. Ambas variables van de la mano: fondos y gestión; si una de ellas falla, la organización no funciona.

Hoy el sistema de salud pública en Neuquén muestra un grado de anarquía preocupante. La tercerización de servicios es lo que termina por suplir –por efecto de una mala gestión pública– el rol del Estado en segmentos clave de la estructura. Y este esquema, lamentablemente, cada vez cobra una mayor importancia en la provincia.

Las primeras proyecciones oficiales dan cuenta de que el gasto consolidado en el sistema de salud de la provincia del Neuquén se ubica este año entre los más bajos de las últimas temporadas.

Su participación durante el primer semestre del 2011 cayó al 10,7% en relación con las erogaciones totales efectuadas por la provincia, perdiendo así más de dos puntos porcentuales respecto de lo que se le otorgaba en el 2009 (ver infografía en la página siguiente). De estos valores se puede inferir que el crecimiento que experimentó el presupuesto neuquino en los últimos años no se correspondió con las transferencias realizadas al sistema.

La pérdida de participación en dos puntos porcentuales significa hoy –proyectado sólo para el 2011– cerca de 100 millones de pesos que el sector resignó en sólo 24 meses, un dato no menor a la hora de observar las carencias que muestra el sistema y los reclamos de la ciudadanía en busca de una mejor calidad en el servicio.

Las estadísticas oficiales del Ministerio de Hacienda detallan asimismo que en los seis primeros meses del corriente año las transferencias hacia el sistema de salud alcanzaron los 463 millones de pesos.

La cifra refleja un crecimiento, en valores absolutos, del orden del 15% cuando se la compara con los niveles consolidados en el presupuesto ejecutado a junio del año pasado y una suba en torno del 150% cuando se la relaciona con los montos destinados para la misma fecha del 2007, año en que dejó la gobernación Jorge Sobisch.

Sin embargo, los incrementos señalados se desvanecen cuando se relacionan con la inflación regional, indicador que termina nivelando cualquier esfuerzo presupuestario hacia abajo.

Al analizar el gasto real destinado al sistema de salud deflactado por el índice de precios de la provincia se advierte que los fondos transferidos a este importante servicio prácticamente se estancaron en los últimos años.

¿Qué se puede esperar de un sistema que soporta una mayor presión por servicios con un presupuesto casi similar al de hace cuatro años? No hay que entender mucho de economía para deducir la respuesta: un progresivo deterioro del mismo.

Sin dejar de destacar la complejidad que arrastra todos los días la puesta en marcha de este importante servicio, ya sea por la cantidad de actores que participan en él como por la puja de intereses existente –que muchas veces exceden el plano específico de la salud–, los números que se observan en los presupuestos ejecutados dejan abiertos algunos interrogantes que, en varios casos, tienen mucho que ver con la calidad de servicio que se está brindando.

Analicemos algunos de estos puntos, entre otros tantos, que merecen ser destacados.

• El gasto real en salud se incrementó hasta el 2009 para después desplomarse en los dos años siguientes y volver a valores muy similares a los del 2007 (ver infografía). Las relaciones dan mucho peor cuando se comparan el 2009 y el 2011: durante este último año –siempre hablando en términos reales– se transfirió un 17% menos de recursos que hace 48 meses. Teniendo en cuenta la evolución poblacional de la provincia y las inversiones que se necesitan para sostener la complejidad tecnológica que requiere el servicio de salud, no es una buena señal que el gasto real en el sistema no dé signos de crecimiento en los últimos años.

• Su participación en el total de las erogaciones presupuestarias muestra también una tendencia creciente hasta el 2009 para luego caer hasta concentrar sólo el 10,7% del gasto en la primera parte del año (ver infografía). Ésta es la participación más baja que registró la administración Sapag en sus cuatro años de gestión.

• La masa salarial que se destina al sistema de salud creció tanto en valores absolutos como reales –deflactados por inflación– durante el período bajo análisis. Otro dato a tener en cuenta es que en cuatro años la planta de Salud pasó de 6.122 a 6.894 empleados (profesionales, técnicos y administrativos), lo que muestra que en el período 2007-2011 se incorporaron al sistema 772 trabajadores.

• Sobre la base de este último dato, se advierte que la participación del gasto salarial en el total de los recursos destinados al sistema creció, de lo que se desprende también que las transferencias para inversiones y gastos de funcionamiento se vieron afectadas en el período en análisis.

¿Es un problema

de fondos?

Las frías estadísticas presupuestarias dan cuenta de que las partidas para Salud, lejos de aumentar en valores reales durante los últimos años, han disminuido a la vez que otros sectores u organismos del Estado han visto crecer su participación dentro del presupuesto.

Pero, paradójicamente, el hecho de elevar las transferencias de partidas a Salud no garantiza que el sistema mejore la calidad de su oferta de servicios. Hay antecedentes en la provincia que avalan este concepto: Educación es uno de ellos.

Es más, desde el gobierno provincial se defiende la política sanitaria aplicada aduciendo que las transferencias hacia el sistema de salud muestran un crecimiento promedio anual (en valores absolutos) del orden de los 60 millones de pesos. Cierto. Ahora bien, lo que hay que preguntarse es cuántos de los millones ejecutados llegan verdaderamente a la gente como una mejora del servicio brindado.

Esto demuestra que el sistema sanitario no escapa a los problemas administrativos ni a las redes burocráticas que arrastra el actual gobierno provincial.

Son innumerables las demandas existentes por carencia de insumos en algunos hospitales y salas de la provincia, así como las falencias que muestran algunos de los programas de medicina preventiva y asistencial (incluido el triste récord de 67 casos de neumonía reportado hace unas semanas).

Si no se mejora la capacidad de gestión dentro del sistema de modo de eficientizar la utilización de los recursos existentes, no hay incremento de partidas que pueda revertir esta caótica situación.

Para algunos especialistas ligados al sector es sumamente importante contar con recursos suficientes para llevar adelante las políticas sanitarias en una provincia, pero más importante aún se considera el contar con capacidad de gestión para poder lograr los objetivos preestablecidos. Ambas variables van de la mano: fondos y gestión; si una de ellas falla, la organización no funciona.

Hoy el sistema de salud pública en Neuquén muestra un grado de anarquía preocupante. La tercerización de servicios es lo que termina por suplir –por efecto de una mala gestión pública– el rol del Estado en segmentos clave de la estructura. Y este esquema, lamentablemente, cada vez cobra una mayor importancia en la provincia.

javier lojo

jlojo@rionegro.com.ar


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El sistema de salud pública de Neuquén, en problemas