El talento hizo la diferencia

Pechito López se consagró campeón en el Super TC 2000 con un equipo privado. Giallombardo, el rey del TC.



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Archivo(Foto: La Rana aprovechó el cambio reglamentario que favoreció a Ford e hizo historia en La Plata. )

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Archivo(Foto: El Super TC 2000 metió mucho ruido, pero dio poco espectáculo. JM López fue el mejor. )

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Emanuel Moriatis lo intentó varias veces en la Clase 3. Esta vez se le dio.(Foto: Archivo )

Le llevó tiempo recuperarse de su frustrado ingreso a la Fórmula 1. Pero como un guerrero que es, José M. López volvió a demostrar su enorme talento y se consagró campeón del primer certamen del Super TC 2000. Tuvo méritos la consagración de Mauro Giallombardo en el TC, pero el repentino cambio reglamentario de la categoría cuando terminaba la etapa regular le quitó brillo. Casi no hubo domingos libres, algo que cuesta entender debido a la incierta economía argentina. El automovilismo para todos aportó poco, salvo a la ACTC. Son pocos los clubes que se animan a organizar pruebas y cada vez más las categorías insisten con firmar acuerdos con los gobiernos. Más allá de todo, el automovilismo parece que sigue teniendo espalda para aguantar, porque los números que se manejan en cualquier categoría son escalofrian-tes. El TC y el nuevo Super TC 2000 fueron los referentes máximos de la actividad. Cada uno con sus altos y bajos, pero con una marca en común como fue Ford. El Super TC 2000 aportó los motores V 8 y su particular sonido. El circuito callejero porteño conmocionó durante una semana a Buenos Aires y la lleno de velocidad. Imposible conocer la cantidad de público que asistió, pero en las calles del centro porteño hubo más espectadores que los que van a cualquier autódromo de Argentina. No habrá retorno al Obelisco, porque la próxima será en Palermo. Un acierto de la categoría que se contrapuso con otras pruebas aburridas y un certamen que se fue armando en pleno desarrollo. Pechito López volvió a festejar un título y demostró la jerarquía del equipo privado PSG 16. Pechito, de la mano de su nuevo equipo, dio vuelta un certamen que empezó muy complicado y donde terminó festejando gracias a un gran auto, pero también a su enorme talento. El TC tuvo variedad de ganadores y llegó a la definición con unos cuantos candidatos al título, aunque sus cambios reglamentarios pegaron fuerte en los aficionados, que siguió apoyando, aunque sin multitudes como en otros tiempos. La desprolijidad de los retoques en medio del certamen beneficiaron a los Ford y que fueron decisivos como lo afirmó el campeón Giallombardo. Matías Rossi fue quien más puntos sumó, pero la Copa de Oro tuvo a cuatro Ford adelante, incluso en la última fecha en La Plata, cuando Giallombardo fue campeón. El Turismo Nacional viene un paso más atrás, si bien las pruebas son tremendas y hay tanto calidad como cantidad de pilotos. Emanuel Moriatis se dio el gusto de festejar en la Clase 3 y el juvenil Facundo Chapur lo hizo en la 2. Tiene reglamentos lógicos y el público no se confunde, aunque le cuesta convocar. El TR V6 tuvo complicaciones económicas que hasta hicieron tambalear su continuidad. La cancelación de la denominada “Carrera del año”, marcó un punto de inflexión en una divisional que pudo completar su certamen. Agustín Canapino con su Mercedes y el Sportteam de Sergio Polze marcaron el rumbo. Se consagró primer tricampeón consecutivo, superando a Juan M. Traverso y Omar Martínez. La seguridad fue más un tema de conversación que de trabajo real y efectivo, porque se vieron pocos avances y en la mayoría de los circuitos la tierra generó sus problemas. Todas las categorías llegaron al final, lo que no es poca cosa en épocas difíciles.


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