El tirón de orejas de Obama



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En el tramo final de su segundo mandato, Barack Obama hizo uno de sus últimos viajes como presidente para advertirles a los mandamases del Reino Unido y Alemania: Washington no permitirá que ustedes se desentiendan de sus responsabilidades como nuestros socios.

La primera de ellas, la militar. “Europa ha sido en ocasiones autocomplaciente con su propia defensa”, dijo en Alemania con la canciller Angela Merkel midiendo cada palabra con la calculadora reflejada en su mirada. El jefe de la Casa Blanca definió a Estado Islámico (EI) como “la amenaza más urgente para nuestras naciones” e inmediatamente reclamó: “Cada miembro de la OTAN debe contribuir con su parte proporcional, un 2% del PBI, algo que no siempre ocurre.”

La anfitriona parpadeó: Alemania destina la mitad de ese porcentaje a sus gastos militares. En medio de las tensiones con Rusia, que apoya en Siria al tambaleante Bashar al Assad, el recordatorio sobre la amenaza de EI fue también un reproche por lo que Washington considera una actitud prescindente de Berlín en relación al apoyo necesario para la oposición al gobierno de Damasco.

Obama destacó las oportunidades que ofrece su país como destino de inversión y esa fue la sutil exposición en público de su otro gran objetivo: apurar el demorado acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP).

Documentos filtrados el último fin de semana por las muchas veces inoportuna Greenpeace confirmaron que las trabas de EE. UU. a las firmas europeas para concursar en licitaciones públicas y las exigencias para que Europa flexibilice estándares de calidad sostienen en pie de guerra a Bruselas contra el acuerdo.

Reunido con Merkel, con el presidente francés, François Hollande, y con los primeros ministros británico e italiano, David Cameron y Matteo Renzi, el jefe de la Casa Blanca transmitió sus reclamos por una firma del TTIP que él quiere estampada antes de fin de año. Otra postergación podría significar una dilación de al menos un par de años, especialmente ante un 2017 que tanto en Alemania como en Francia será de calendario electoral.

Todo, bajo el paraguas de una UE sin fracturas. “Estados Unidos y todo el mundo necesitan una Europa fuerte, próspera, democrática y unida”, proclamó Obama. En ese terreno, el líder demócrata había dedicado sus días de visita a Londres como aviso específico a los británicos, que el 23 de junio decidirán en referéndum su permanencia o no en la UE.

“Un Reino Unido fuera de la UE tendría menos valor para nosotros como aliado”, dijo, y para contestar al argumento de los partidarios del “Brexit” de que la salida de la UE le brindaría a Londres una posición de privilegio frente a Washington, aclaró que el abandono de Los 28 pondría a los británicos “a la cola” de los países que quieran firmar un acuerdo comercial bilateral con Washington: ni los primeros y ni siquiera entre los preferidos.

Los tirones de orejas, reservados para el premier Cameron, tuvieron su contrapeso con repetidas alusiones al histórico compromiso británico con la democracia y otros valores esenciales para la cultura occidental. Y en ese plano Obama, en su brindis con la reina Isabel II por sus 90 años, se valió de Shakespeare y citó un parlamento de “Enrique II” por demás elocuente: “Bendita comarca, sacra tierra. Paraíso, con nombre de Inglaterra”. A la vez, un sutil llamado a los británicos para que no confíen en que un limbo diplomático les brinde privilegio alguno.


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