El trueque, un buen medio para poder pasar el invierno

Redacción

Por Redacción

El sistema de trueque, formal e informal, se instaló en el país y en casi todas las ciudades de la región como manera de enfrentar la caída de ingresos y la falta de trabajo.

El caso de Bariloche es, sin embargo, uno de lo más destacados por la cantidad de gente y por el sector a la que pertenecen (la mayoría del sector medio). Allí, los únicos requisitos para ser miembro de la Red Global de Trueque son asistir a las reuniones, capacitarse y ser productor y consumidor de bienes, servicios y saberes. Pero los socios no buscan promover artículos o servicios, sino ayudarse mutuamente a alcanzar una vida superior mediante el trabajo, la comprensión y el intercambio justo, sin estar condicionados por el dinero. Para ellos, ingresar al club equivale a negociar bajo pautas éticas.

La diversidad de productos servicios y necesidades expuestas en las reuniones del Club del Trueque hacen que se parezca bastante a una feria medieval, pero los mentores del sistema debieron incorporar nuevos elementos para hacerlo más efectivo: por ejemplo, el «crédito» y el «Vuriloche», son monedas alternativas que permiten que un socio adquiera un producto o servicio sin la necesidad del trueque.

A los socios los llaman «prosumidores» porque deben ser obligatoriamente productores y consumidores para pertenecer al Club. No se permite la oferta o intercambio de objetos usados, sino de características artesanales y utilizando materias que no perjudiquen el medio ambiente. Los visitantes pueden observar, pero no intervenir en ese mercado, reservado únicamente a los socios.

Al comienzo las ferias se realizaban los sábados en la Escuela 255 de Mange y Rolando, y los domingos en la Escuela 44 de Puerto Moreno, pero ahora todos los días funciona algún «nodo», y allí se intercambian artículos, productos y servicios imposibles de cuantificar. En el último fin de semana, la actividad convocó a más de 1000 personas.

En Viedma y Patagones, los clubes del Trueque están dando de comer a más de 10.000 personas.

La feria de frutas y verduras por su parte, se transformó además como centro de abastecedor mayorista y como para que las familias puedan pasar el invierno. Hay quienes se llevan cajones repletos de tomates para fabricar salsa, y algo similar ocurre con los duraznos. Muchos de estos productos se intercambian en el club del trueque.

A los habituales vendedores de frutas, verduras, artesanos, elaboradores de comida, se sumaron últimamente al club algunos profesionales como mecánicos dentales, odontólogos, pedicuros, psicólogos, profesores de inglés y maestros para apoyo escolar. Hay hasta una arquitecta y un karateca que ofrece clases de defensa personal.

La necesidad llevó a la gente a formar nuevos desprendimientos, y ahora los «prosumidores» se juntan en el asentamiento agrícola de El Juncal, en las chacras del Valle Inferior, la localidad rural de San Javier y el balneario El Cóndor.

En Roca, se da el truque formal, muy parecido al que ocurre en otros lugar. Pero también se impone el canje informal. Javier, por ejemplo, es odontólogo y para mantener el mismo nivel de ganancias que meses atrás tuvo que abrir el espectro a la hora de acordar el pago con sus pacientes. Semanas atrás recibió media res a cambio de la aplicación de prótesis dentarias a un muchacho y ahora ya tiene pautado con un empleado de un comercio dedicado a la venta de alimentos derivados del pollo la recepción de una caja con productos avícolas por la atención odontológica. Su esposa Analía se quedó sin trabajo a fines del año pasado y para que las cuentas «cierren» también pensó en la colocación de la línea control para las llamadas telefónicas. (AB, AV y AR)


El sistema de trueque, formal e informal, se instaló en el país y en casi todas las ciudades de la región como manera de enfrentar la caída de ingresos y la falta de trabajo.

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