El turismo rural diversifica la economía y genera rentas complementarias

Es factible que en ciertas zonas podría convertirse en el principal sustento de los habitantes. Convocan a un encuentro, en el que se relanzaría una propuesta para nuclear en un quinquenio a 1.000 emprendedores y facturar 1.000 millones de dólares anuales.





También contribuye a la revitalización social

Miguel Ángel Fuks

miguelangelfuks@yahoo.com.ar

El turismo rural crece en el país –y en el mundo– y se proyecta con posibilidades de desarrollo futuro, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (Magyp). Quienes incursionan en el quehacer lo realizan por descansos, para adquirir conocimientos históricos y culturales y encarar actividades complementarias. En estas cuestiones influyen las atenciones personalizadas y de buena calidad de los propietarios y los entornos naturales.

Ernesto Barrera, profesor y coordinador de la cátedra de Turismo Rural de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), conferencista y panelista en encuentros profesionales y sectoriales en el país y el exterior, explicó que “se caracteriza porque los visitantes participan activamente de las actividades. Los atractivos de los predios dedicados al agroturismo crecen proporcionalmente a cómo se diversifican, por lo que se recomienda a los productores incorporar la mayor cantidad de actividades, aunque éstas sólo sean contemplativas y no productivas”.

Eduardo Daniel Ragusa, licenciado en sistemas y consultor en turismo, sostuvo que el quehacer, en un primer momento, se identificó con los tipos de alojamientos y, posteriormente, con la perspectiva de que los visitantes disfrutaran de los paisajes y los entornos. El binomio turismo rural-alojamiento sirvió para recuperar, asimismo, la arquitectura rural, casas tradicionales y aljibes, por ejemplo, además de los utensilios tradicionales.

Hubo una evolución en función de las exigencias de los participantes de las actividades proporcionadas, que incluso demandaron otras nuevas. De esta manera, tanto las características del entorno (alojamientos o recursos naturales y rurales) como las recreaciones y deportes aportan atractivos únicos y ayudan a configurarlos como ofertas. Complementan las rentas y en ciertas zonas puede convertirse en el principal sustento. Entre sus repercusiones, Ragusa destacó:

• Las económicas. Por facilitar las actividades y las explotaciones agropecuarias; permitir la comercialización in situ de las producciones y colaborar para la preservación de las artesanías autóctonas.

• Las ambientales. Las más significativas y sensibles tienen que ver con las protecciones y las conservaciones, así como la recuperación del patrimonio natural y arquitectónico.

• Sociales. Las principales y positivas son las que mejoran los niveles de vida de los pobladores; la disminución de los éxodos rurales y la creación de nuevos puestos. Las negativas se refieren a las faltas de ordenamientos territoriales y de planificaciones y controles, que en el largo plazo pueden desembocar en el abandono de las tradicionales; las degradaciones y deterioros de los espacios naturales; mayores contaminaciones y la pérdida de autenticidad de la cultura autóctona. Estas cuestiones, a su vez, harían desaparecer atractivos de los entornos rurales como destinos, dificultando las evoluciones económicas futuras de las comarcas. Para evitar tales problemas, sería preciso lograr un desarrollo sustentable y definir lo que comercializarán las empresas privadas y las entidades a las que pertenecen.

En todo este proceso, el turismo rural cumple un papel más importante que el exclusivamente económico, ya que supone una fuente de revitalización social. De ahí la necesidad del asociativismo como cauce para la construcción de una “imagen de marca” del territorio, que tenga en cuenta a los habitantes y sea construida con la participación directa de los agentes conocedores del lugar.

El turismo rural debe basarse en la autenticidad de las relaciones entre los visitantes y los habitantes y un adecuado equilibrio entre los apoyos institucionales y las iniciativas privadas por fuera de las zonas en cuestión y las de los propios habitantes.

La organización de grupos de productores agropecuarios dedicados al turismo rural tuvo como punto de partida 1995, en el marco del programa Cambio Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Este organismo, como consecuencia de un proyecto de su Instituto de Economía, creó la Red Argentina de Turismo Rural (Ratur). En el 2000, la Dirección de Desarrollo Agropecuario del Magyp empezó a trabajar en el tema.

La misma cartera, a través del Proyecto Nacional de Turismo Rural (Pronatur), encaró promociones y cursos como parte del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (Prosap) y con la participación del Ministerio de Turismo de la Nación (Mintur) y el INTA, lo que permitió aumentar el volumen de producción turística, priorizando una activa participación privada; impulsar formas asociativas que incluían entidades y grupos de turismo rural, y buscar las participaciones de los gobiernos provinciales y municipales, a los que se les reconoció importancia estratégica para los desarrollos locales.

Las cinco regiones del Plan Federal Estratégico Nacional de Turismo, preparado en su momento por la ex-Secretaría de Turismo de la Nación (Sectur) –y actual ministerio (Mintur)– son las siguientes:

• Norte, compuesta por las provincias de Salta, Tucumán, Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero.

• Litoral, formada por Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Entre Ríos y Santa Fe.

• Centro, que abarca Buenos Aires y Córdoba.

• Cuyo, con Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja.

• Patagonia, integrada por La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Los habitantes rurales contribuyen al mantenimiento de las tradiciones, arquitecturas, naturaleza, saberes identificables y ocupan productivamente el territorio, más allá de los avatares de los mercados y de las exigencias tecnológicas. Las cotizaciones de los campos comienzan a tener en cuenta los recursos naturales y la proximidad a los mercados turísticos. Por eso se destaca que la actividad:

• Es propia del campo y de los pueblos rurales.

• Ayuda a contrarrestar la emigración.

• Valoriza la identidad de la población rural.

• Promueve el agregado de valor.

• Da protagonismo a las mujeres y los jóvenes.

• Aporta a la diversificación turística del país.

• Valoriza los recursos naturales y culturales.

El gobierno nacional brinda apoyo y financiamiento:

• El Mintur respalda emprendimientos comunitarios y publica en su página web los establecimientos involucrados.

• El Magyp, a través del Prosap y del INTA, efectúa aportes a los productores que se agrupan y al Pronatur.

• El Ministerio de Industria apoya el agregado de valor a la producción primaria, financiando a los emprendimientos que industrializan sus producciones y reciben turistas, por ejemplo con el Programa de Acceso a la Competitividad (Paac).

En el país habría 2.000 emprendedores, aproximadamente, tomando en cuenta los 800 establecimientos registrados por la cartera de Turismo y los 107 grupos coordinados por el INTA, cada uno de los cuales tenía 10 prestadores. La cantidad de beneficiarios directos se ampliaría incluyendo a quienes proporcionan servicios.

Productores agropecuarios, empresarios, emprendedores, profesionales y académicos, muchos también relacionados con el Área de Turismo Rural de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), fundaron la Cámara Argentina de Turismo Rural (Catur), en el 2006, que representa a un amplio espectro sectorial (ver cuadro). Presidida por Ernesto Barrera, apoya la diversificación agropecuaria, especialmente cuando incorpora servicios turísticos e impulsa las tareas familiares. Además, el quehacer suma modalidades que se sustentan en la naturaleza y la cultura rural y a los residentes locales.

La Catur también considera y valora los hoteles y restaurantes, agentes de viajes, industrias, artesanos, guías y baquianos de las diversas modalidades.

Con el apoyo de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) como coorganizadora, la Catur convocó a productores, emprendedores, profesionales y personas vinculadas con la actividad a un encuentro participativo e inclusivo Mil x Mil, por efectuarse en la ciudad de Buenos Aires, en mayo del 2013. El propósito es contribuir a los esfuerzos públicos y relanzar un proyecto que reúna en un quinquenio a 1.000 emprendedores y facture 1.000 millones de dólares anuales, que equivaldrían a cerca del 4% del gasto turístico agregado.


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