El último recital de Atahualpa



Ese día Víctor Pintos llegó notoriamente afectado a la redacción de “Página/12”. Venía de cubrir una breve presentación de una leyenda del folclore en un local de Caballito. No había cantado, solo dijo unas palabras y leyó poemas.

“Creo que vi el último recital de Atahualpa Yupanqui”, le dijo a su editor. Escribió la nota en una Olivetti, entre el rumor denso de la tarde en una época en que los diarios argentinos vivían la transición entre una tecnología y otra, y la entregó. Vaya a saber uno que pasó con ese artículo premonitorio, lo cierto es que se perdió entre otros miles de papeles que no decían nada si se los comparaba con el testimonio de Víctor. “Cartas a Nenette” (Sudamericana) es su revancha. Los astros confluyeron para que Pintos pudiera hacer su libro. Horas antes de comenzar oficialmente a seleccionar las cartas viajó al Cerro Colorado, Córdoba. Dicen los lugareños que esa geografía te recibe bien o te expulsa. A Víctor le fueron concedidas la llaves de un hermoso reino, la naturaleza que crece afuera de las ventanas de la casa de Atahualpa.

-¿Tuviste la necesidad de ir primero a la casa de Yupanqui?

-Si, la geografía me recibió bien. Estuve en su casa, me quedé allí todo el verano con una notebook. Fue una sensación muy fuerte, ese lugar tiene una energía increíble.

-¿Cómo te encontraste con las cartas?

-Una vez visité el departamento de Atahualpa, donde vivía su hijo el Kolla, ahí estaban apiladas, eran miles de cartas. Le propuse hacer algo con eso, pero pasó un tiempo hasta que se concretó. Para mí fue muy sorpresivo leer la vida y el pensamiento de Atahualpa en sus cartas, acercarme tanto a su intimidad.

– ¿Supongo que te sorprendieron también algunas opiniones del folclorista, como cuando se alegra de la llegada de Videla?

-¡Viste!, pensé muchas veces este tema, pero llegué a la conclusión de que no soy quien para decidir sobre ese pensamiento, el sintió eso y forma parte de sus cartas.

-Su personalidad era una combinación extraña .

-Era un hombre inteligente, profundo, lo puedes leer en todo lo que escribió, leía mucho, muchísimo, tenía un cultura muy amplia. En su momento apoyó el comunismo, eso lo vez al principio del libro y luego, promediando, descubres como Atahualpa renegó de los autoritarismos. Esto es básicamente diario de vida.

-Es llamativa también su tremenda vocación por el estudio.

-No podía estarse quieto, dormía poco y componía a horas inusitadas. En una de sus últimas cartas cuenta que está estudiando muchas horas, leyendo. Mantuvo una gran energía interior aun en el final de su vida.

Claudio Andrade


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