Elegir una carrera motiva angustias en los adolescentes
El valor terapéutico
por: SANDRA BARRETO
Al término de la adolescencia, el futuro empieza a ser una preocupación, que no sólo puede quitar el sueño sino también ser causa de patologías anímicas en el caso de no ser tenida en cuenta. Cumplida la etapa media de educación, el adolescente definirá qué oficio o carrera elegirá para desempeñarse tal vez toda su vida. Tendrá que elegir nada más ni nada menos quién ser.
Como si eso fuera poco, esta problemática viene íntimamente vinculada con una crisis particular: «Ya el adolescente es una persona que está padeciendo una angustia por la etapa tan conflictiva que está pasando», explica la licenciada Adriana Abba, psicóloga de la Universidad de La Plata. Esa crisis, explica, es la elaboración de un duelo por vínculos que ya no funcionan para entablar otros ante nuevas situaciones: «Sí o sí, está frente a una situación de duelo y de estructuración o reestructuración, deja atrás su niñez para convertirse en una persona adulta. Por lo tanto, esta crisis ya es una patología.»
Por eso hay muchas patologías que se confunden a partir de un cuadro adolescente: «Hay psicosis que tienen las mismas sintomatología que vivencia el adolescente, pero no necesariamente el adolescente tiene que sufrir una psicosis para presentar estos síntomas».
Cuando no puede resolver esta situación que se le plantea al momento de la elección de su carrera –qué quiere ser, cómo lo va a ser, qué posibilidades le dará la sociedad, qué probabilidades laborales concretas tendrá– se producen consecuencias muy significativas: «Tiene que decidir cómo va a insertarse en la sociedad, con qué profesión y cómo quiere verse en el futuro. Puede llegar a ser toda una quimera que desemboque en un fracaso que empeore su problema si no tiene l contención adecuada.»
Cómo orientarlos
El proceso de orientación es un procedimiento conducido por un psicólogo, que está elaborado y planteado para comprometerse y brindar soluciones al adolescente. Pero para que tenga lugar, tiene que existir un adolescente preocupado por su futuro y un terapeuta que organice ese proceso, el cual «no sólo se aboca a trabajar sobre las actitudes que posee la persona, sino también a identificar la manera que este adolescente quiere plantarse en el futuro».
Por ejemplo, si una persona tiene buenas notas en matemática, la opción que le daría un clásico «test vocacional» sería, dentro de otras, ser profesor de matemática. «En cambio, en el proceso vocacional se tiene en cuenta las aptitudes y las actitudes de su personalidad íntegra –describe Abba–: no solamente se verá sus capacidades en matemática sino también la capacidad que tiene para desempeñarse como profesor, en qué niveles educativos le gustaría trabajar, de qué forma va a relacionarse con los adolescentes o los adultos y cuáles serán los vínculos jerárquicos y de pares que quiere tener».
Otro problema frecuente es la confusión entre los roles con los que se identifica: «Si admira la función de un periodista determinado por su actividad en las entrevistas y por la posibilidad de elaboración de las notas, pero no supo comprender que el rol fundamental era la de un informador social, lo más probable es que cuando arribe al título y empiece a desarrollar su profesión en función de esas actividades, no concuerde lo que él imaginó con lo que la realidad es», ejemplifica.
A este abanico de nudos a desatar se suman las posibilidades laborales que existen dentro de la carrera que ha elegido: «En este momento, las personas no sólo elegirán en función de sus gustos, si no que también tendrán en cuenta qué posibilidades reales y concretas les brindan la sociedad.
Por ejemplo, si un chico del interior del país llega a Buenos Aires para estudiar Relaciones Exteriores pero con la firme condición de que cuando se reciba volverá a su ciudad, es tarea del profesional informarle que las dos cosas al mismo tiempo no son posibles, y habrá que buscar una carrera que contenga un marco parecido a la que él desea y que le permita retornar al luga donde quiere trabajar».
Es aquí donde el proceso de orientación informa, orienta y esclarece sobre cuáles son las carreras, cuál es el rol que desempeñará y de qué manera se tendrá que desenvolver dentro de determinados grupos sociales.
Pero lo más importante es que el psicólogo jamás elige, sólo orienta: «El que elige es el adolescente, y el profesional lo único que hace es acompañarlo brindándole información. Y, por sobre todas las cosas, cuando termina el proceso, que se realiza entre 6 y 8 sesiones, fue él quien pudo visualizar e insertarse en su futuro».
Para más información, escribir a: procesodeorientacion@yahoo.com.ar
Menguar el malestar
El proceso es un método preventivo que trata de controlar las posibilidades de fracaso en la elección.
Eso no quiere decir, según advierte la especialista, que el adolescente no se vaya a equivocar: «Lo que sí se condiciona es que el caudal de angustia por el fracaso va a ser menor que en aquel no tuvo contención, porque se trabaja la libertad de poder equivocarse».
Si los padres colocan a los chicos zapatos ortopédicos para mejorar alguna incorrección, ortodoncias para arreglar su dentadura o vacunas frente a posibles enfermedades, también habría que tener en cuenta las posibles patologías que se desencadenan en su hijo por situaciones de crisis no resueltas: «Si esta crisis no es resuelta desde lo esperado se puede generar una patología importante dentro de esa personalidad. O sea, existe dos posibilidades, o se resuelve sanamente o patológicamente frente a un estado depresivo o a otras situaciones que acaben en una enfermedad para la cual el niño esté predispuesto.»
La equivocación también está dentro de lo esperado pero el proceso de acompañar al adolescente es, en parte, para que comprenda que la equivocación es parte de esta elección.
por: SANDRA BARRETO
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