Empresarios más locuaces
Como pudo preverse, el “coloquio” más reciente celebrado por el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) sirvió para que los asistentes se sometieran a una sesión de autocrítica colectiva. Es lo que suele suceder cuando un gobierno de características autoritarias está a punto de entregar el poder a otro que, es de suponer, soportará mejor las eventuales manifestaciones de disidencia. No sorprendió pues que, con muy pocas excepciones, quienes participaron del “coloquio” confesaran no haberse opuesto lo suficiente al gobierno kirchnerista cuyos voceros, por cierto, raramente dejaron pasar una oportunidad para retar en público a aquellos hombres de negocios que se animaron a manifestar la preocupación que les motivan muchas medidas oficiales, en especial las que hicieron del Indec una fábrica de estadísticas engañosas, las trabas a la importación de insumos imprescindibles y el cepo cambiario. Según los optimistas, el que algunos empresarios hayan afirmado que, en adelante, alzarán la voz para protestar contra lo que no les guste significa que nuestros “capitanes de la industria” han cambiado de mentalidad y que, por fin, están decididos a ponerse a la altura de sus responsabilidades morales y cívicas, pero lo más probable es que sólo sea cuestión de un intento tardío de adaptarse a circunstancias nuevas. Como todos sabrán muy bien, el próximo mandatario, trátese de Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa, será mucho menos proclive que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a maltratar a quienes disientan con el relato gubernamental, de suerte que criticarlo no les supondría riesgo alguno. Extrañaría, pues, que en los meses venideros los empresarios no aprovecharan las oportunidades que surjan para defender sus propios intereses con mayor vehemencia que en la “década ganada” y los difíciles años posteriores. Acaso sería injusto atribuir la negativa de la mayoría de los empresarios a expresar su disconformidad con la gestión económica de los sucesivos gobiernos kirchneristas a la falta de coraje moral. Por razones evidentes, hasta los más seguros de sí mismos tienen que tomar en cuenta no sólo las posibles consecuencias para su propio patrimonio de una decisión de asumir una postura netamente opositora, sino también los perjuicios que podrían sufrir los accionistas y los empleados de su empresa que, como es natural, raramente quieren pagar los costos de lo que, para muchos, sería una maniobra política protagonizada por ejecutivos cuyas opiniones no necesariamente compartirán. Por lo demás, durante años la política económica kirchnerista disfrutó de la aprobación de buena parte de la población del país, con el resultado de que aquellos empresarios que se sentían tentados a oponérsele entendían muy bien que no les sería dado conseguir el apoyo unánime de sus colegas. Es comprensible, pues, que los empresarios no se hayan acostumbrado a arriesgarse enojando a los gobernantes de turno aun cuando no dependen directamente de su propia relación con el Estado nacional o con una administración provincial. De todos modos, no cabe duda de que les convendría a virtualmente todos que el empresariado adoptara actitudes menos pasivas frente a las alternativas económicas del país. Lo comprendan o no ciertos ideólogos influyentes, sin un sector empresarial fuerte que posea la confianza suficiente para defender con tenacidad y elocuencia sus intereses corporativos, la Argentina nunca logrará recuperar el terreno que a través de los años ha perdido. Mientras que en los países desarrollados, en especial Estados Unidos pero también Alemania, Japón, Suecia, Italia y muchos otros, los empresarios exitosos gozan de mucho prestigio social –tanto como los futbolistas o basquetbolistas más destacados–, aquí los logros de sus equivalentes suelen motivar más denuncias que elogios. Será por esa razón que poquísimas empresas argentinas han resultado capaces de conquistar mercados en el exterior, como han hecho aquellas de países que, hasta hace apenas un par de décadas, eran relativamente pobres como Corea del Sur, hasta que muchos jóvenes talentosos y vigorosos eligieron probar suerte en el mundo de los negocios sin que se les ocurriera dedicarse a otras actividades que en nuestro país son consideradas más valiosas.