En busca de apoyo, Bush deplora la inmigración ilegal

El presidente estadounidense trata de recuperar el respaldo del sector conservador, que lo critica por no contener el flujo de inmigrantes ilegales desde México.



El presidente estadounidense, George W. Bush, buscó ayer atraer nuevamente a sus distanciados aliados conservadores al señalar la existencia "de demasiados inmigrantes ilegales", aunque también relanzó un programa de estatuto temporal para trabajadores extranjeros.

La promesa de aumentar el control de las fronteras se produjo en momentos en que Bush es blanco de críticas de sus propios aliados por la nominación de Harriet Miers a la Suprema Corte, el derroche de gastos de su administración y el fracaso en detener el flujo de inmigrantes ilegales en la frontera de Estados Unidos con México.

En un intento por achicar la brecha en al menos uno de estos temas, el mandatario estadounidense aseguró en su emisión radial de los sábados que su gobierno deseaba "evitar que la gente ingrese a Estados Unidos ilegalmente".

"Nuestra patrulla de fronteras y agentes de migración están haciendo un buen trabajo, pero aún tenemos un problema. Ingresan demasiados inmigrantes ilegales, y estamos capturando una mayor cantidad de inmigrantes ilegales no mexicanos de los que podemos enviar a casa", dijo Bush.

Puntualizó que desde el 2001 su gobierno deportó a más de 4,8 millones de ilegales de Estados Unidos, incluyendo a más de 300.000 con antecedentes criminales, e indicó que estaba determinado a profundizar el programa de deportación.

Bush aseguró que la ley que otorga 32.000 millones de dólares a la seguridad interior, y que promulgó el pasado martes, ayudará a resolver el problema con la adjudicación de 2.300 millones de dólares para contratar a 1.000 nuevos agentes que patrullarán las fronteras, la instalación y la mejora de cercas, iluminación y rutas a lo largo de la frontera.

 

Desazón

 

El mandatario también manifestó su desazón por la práctica de liberar a los extranjeros no mexicanos que ingresan ilegalmente al país hasta su presentación en la corte de inmigración, algo que la mayoría elige ignorar. "Esto se llama 'atrapa-y-libera', y es inaceptable", afirmó Bush con firmeza.

No obstante, Bush dio un nuevo ímpetu al programa para crear un estatuto temporal para extranjeros que busquen trabajar en Estados Unidos, inicialmente lanzado el año pasado, pero que había quedado en suspenso por las fuertes críticas de los grupos conservadores.


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