EN CLAVE DE Y: Columnismo II





Decía la vez anterior que la columna tiene como misión informar entreteniendo o bien entretener informando. ¿Qué cosas, además de estas intenciones, caracteriza a una columna? Básicamente una estructura que tiene que estar acompañada por cierta periodicidad (diaria, semanal); y que ocupa un lugar y espacio determinados e invariables en el diario; tiene una presentación tipográfica destacada (se la suele aislar con recuadros para diferenciarla del resto de la página); generalmente tienen un título que las identifica, y más abajo el título del que tratará el escrito, en la mayoría de los casos está acompañada por la firma y el correo de quien escribe, en otras está la foto del autor.

Una definición muy ingeniosa la da Alexis Grohmann: «El periódico es una caja vacía que hay que llenar a diario y yo añadiría que la columna es una minicaja (también vacía en un principio, pero de cuyo llenado son responsables otros) dentro de ésta».

Ahora bien, no todo es tan sencillo, porque hay tanta diversidad de columnas como columnistas, entonces es muy difícil concertar una caracterización unificadora. En muchas de las columnas podemos dudar si son periodismo o literatura. Es el caso de los escritos del recientemente fallecido Francisco Umbral, maestro del columnismo español.

Es evidente que el «yo autor» que aparece en las columnas tiene un carácter complejo; cuando la columna es de información y claramente de opinión, el «yo autor» es el responsable de los dichos allí vertidos, además está avalado y sostenido por la firma o la mención de su nombre. En este diario tenemos como ejemplo de esta modalidad las columnas sobre folclore de Jorge Vergara.

El problema se presenta con las columnas que son más eclécticas, y que coquetean con la ficción además de la opinión y la información; este tipo de procedimiento, en determinadas situaciones, suscita equívocos, porque ese «yo autor» se transforma en un personaje que tiene puntos de contacto con quien firma, pero que no se identifica plenamente con el autor de carne y hueso. Esto lleva, claramente, a cierta confusión en los lectores que adjudican opiniones al autor o lo asocian a vivencias relatadas por las columnas que en realidad son producto de la imaginación. En esta categoría podemos agrupar a las columnas de María E. Salto, de Claudio Andrade y a quien estás leyendo.

Varias veces he tenido que explicar a lectores y lectoras que tal o cual opinión están puestas con ánimo de entablar discusiones, de deformarlas para una mejor calidad estética, y que algunas experiencias que suelo contar, en realidad, jamás me sucedieron, pertenecen al mundo de la ficción.

Por contarte todo esto, olvidé mi promesa de la semana anterior, referir un poco la historia de este género tan maleable. Al parecer nace en los periódicos del siglo XIX en Inglaterra y en los Estados Unidos y adquiere un gran impulso a partir de los años treinta. En los países de habla hispana tienen un antecedente muy prestigioso, el articulismo, género en el que destacados escritores daban una mirada crítica sobre la realidad.

En España, el columnismo es el género relevante en el periodismo actual.

 

NESTOR TKACZEK


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