En el límite

El gobierno, sin plan B, aventaja hacia la reelección de Cristina. Carrió y Duhalde, expectantes.



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de domingo a domingo

El acercamiento entre Alfonsín y De Narváez, el nuevo elemento de la discordia opositora.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

Al borde. Bailando entre las llamas y sintiendo la adrenalina y el peligro, como dice Lady Gaga en una de sus últimas canciones. En ese estado se encuentran por estas horas los radicales de Ricardo Alfonsín y los socialistas de Hermes Binner, desenamorados en la vivienda del Frente Progresista por culpa de un tercero: el peronista antikirch-nerista Francisco De Narváez. Los reproches cruzados entre los dos miembros de esa pareja “natural” son funcionales al gobierno que, sin confirmar aún la candidatura de Cristina Fernández de Kirch-ner, maneja encuestas que, de oficializarse (“no hay plan B”, aseguró el senador José Pampuro), la dan ganando en primera vuelta. Por encima de un lote difuso donde la tozudez de Elisa Carrió, de la Coalición Cívica, y Eduardo Duhalde, de Unión Popular, generan más interrogantes que certidumbres. Todavía, empero, la postulación de Alfonsín concita el principal interés de los embroncados con los modos, que juzgan “autoritarios” y “populistas”, de los K. De cómo resuelva el hijo del ex presidente el entramado electoral para octubre dependerán sus posibilidades, horadadas más que nada por quienes coquetearon con él hasta hace poco y por dirigentes del arco de centroizquierda resignados a dejar pasar el turno del 2011, para concentrarse en la elaboración más lenta de un proyecto que dé frutos en el 2015. “Si Binner, por rechazo a De Narváez, no quiere secundar a Ricardo, que se aparte del camino, preservando la estética de lo que tanto nos costó construir. Que posibilite retener la gobernación de Santa Fe en manos de su delfín (Antonio Bonfatti) y que no vaya a cruzarse a la vereda de enfrente”, expuso un dirigente de la UCR bonaerense, enrolado entre los pragmáticos que quieren cerrar cuanto antes el acuerdo con el “Colorado” De Narváez para tener alguna chance de ganarle a Cristina en menos de cinco meses. Si bien prometieron no seguir peleándose a través de los medios, los chisporroteos continúan por lo bajo porque las posiciones son irreductibles. Binner, que primero insinuó pretensiones presidenciales, luego fue a apoyar a Luis Juez en Córdoba (enemigo del radical Oscar Aguad) y luego convino con Alfonsín intentar salvar el matrimonio, insistiendo por sobre todo en el programa y en los principios. Mantuvo la tarjeta roja para el diputado De Narváez, en la provincia de Buenos Aires, y sentenció que antes de repetir una experiencia como la de la Alianza que derrotó a Carlos Menem en 1999, prefería dejar las cosas como están y que se quede en la Rosada Cristina Kirchner. “No juego a dos puntas, pero no hay que sumar por sumar… Hay que tener los votos y las ideas, si no, no sacaremos a la Argentina de su decadencia y terminaremos por pedir prestado, igual que hizo la Alianza con el ex ministro (Domingo) Cavallo”, fue terminante el gobernador socialista. A la reyerta se sumaron los de afuera. Carrió dijo estar avergonzada por los comportamientos de sus ex amigos políticos y fue despectiva con Binner: “No hablo de cosas que no existen”. “Pino” Solanas, de Proyecto Sur, y Margarita Stolbizer tironean al mandatario para que encabece una propuesta nacional tan distante del radicalismo como del peronismo. El histriónico Juez, siguiendo los pasos de “Lilita”, trató de incapaz a Alfonsín: “No manejó ni un quiosco en la peatonal”. Los alfonsinistas pusieron el grito en el cielo e hicieron notar que Juez no es progresista y que en Córdoba lleva en sus listas a hombres del PRO de Mauricio Macri. “En los 90 paró en todas las estaciones y no es responsable que Binner vaya a darle aliento a un dirigente que se la pasa tirando piedras al radicalismo”, marcó la cancha Carlos Pérez Gresia, secretario general de la UCR de Buenos Aires. Si en el postrero esfuerzo Alfonsín y Binner logran salvar las apariencias, no disiparán tan fácilmente las suspicacias. Los radicales estiman que les está haciendo perder tiempo e incluso sospechan que tiene implícitamente un entendimiento con Cristina para garantizar la gobernabilidad de Santa Fe durante los próximos cuatro años. Circulando por el andarivel de la derecha, el diputado Aguad señaló que la profundidad y la complejidad de los problemas de la Argentina no son para buscar soluciones con tibieza ni ambigüedades. “Ni por personas que no saben adónde van y tampoco saben si quieren el poder”, agregó en clara referencia a Binner. Puertas adentro, el radicalismo subrayó que le resultará harto complicado a Bonfatti retener el mando en Santa Fe, si Mario Barletta (el correligionario que obtuvo gran caudal electoral en las internas del domingo pasado) retacea su aporte. En ese caso el peronismo, a través de Agustín Rossi, podría recuperar la gobernación, dado que esta vez el FpV irá unificado, abroquelando a los ex mandatarios Carlos Reutemann y Jorge Obeid. Las idas y vueltas son agotadoras. De Narváez, para aliviar la tarea de Alfonsín, volvió sobre sus pasos y bajó exigencias nacionales. Su ámbito será la provincia, con el aporte de peronistas que en el 2009 colaboraron para aventajar a la lista de Néstor Kirch-ner en la lucha legislativa. Graciela Camaño, la esposa del gastronómico Luis Barrionuevo, se anotaría como primera candidata a senadora. Si Binner finalmente se manca, podría anotarse para la vicepresidencia Graciela Ocaña, quien tiene varias particularidades. Fue mano derecha de Carrió. Integró el gobierno de los Kirchner. Es una luchadora por la transparencia institucional y tiene en la mira al secretario general de la CGT, Hugo Moyano, quien por estos días también está en un tira y afloja con el gobierno por espacios y recursos. Todos los gestos de Cristina auguran que irá por la reelección.


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