En el Sur el invierno se vive mejor en el campo que en los pueblos

"Yo vivo feliz y contento en el campo", dice un puestero de 26 años. Con leña y víveres para "tirar" hasta la primavera, la situación de las familias rurales es mejor, a pesar del aislamiento. En cambio, quienes han dejado los puestos para vivir en los pueblos, no tienen trabajo y dependen de la ayuda oficial, que se hace escasa ante el tamaño de las necesidades.

INGENIERO JACOBACCI (AJ).- Aunque parezca mentira, el invierno es más fácil de sobrellevar en la zona rural que en muchos pueblos de la Región Sur. Al menos así lo afirman los pobladores quienes, a pesar del aislamiento que sufren los parajes en esta época del año por las condiciones climáticas, sostienen que «la pasan mejor» que muchas personas que viven en las localidades de la zona.

Cada año la crudeza del invierno azota con fuerza en la Región Sur. Las bajísimas temperaturas y los helados y fuertes vientos así lo ponen de manifiesto. Si bien en muchos hogares no alcanza la leña y el kerosén para la calefacción y escasean los víveres, esta situación afecta más a los habitantes de los centros poblados. .

Durante casi dos décadas de la presencia de la nieve en esta época había sido muy escasa en la zona, aunque el intenso frío siempre se hizo sentir. Sin embargo el año pasado la región volvió a vivir un invierno como los que siempre recuerdan los viejos pobladores, cuando sostienen «inviernos eran los de antes, con mucha nieve y frío». Comenzó a nevar muy tempramo, durante los tres meses que dura la estación la presencia de la nieve fue permanente -solamente en junio se registraron más de 40 centímetros- y las temperaturas superaron los 25 grados bajo cero.

Este año, en lo que va del invierno la situación se presenta muy similar. Si bien durante junio ya se habían registrado algunas «nevaditas», la nieve apenas pintó el suelo y se fue en pocas horas. Sin embargo el pasado viernes se registraron más de 30 centímetros de promedio en casi toda la Región Sur superando, en las zonas más altas, los 70. Y el pronóstico anuncia para lo que queda de este mes y para agosto mucho frío y más nieve.

Este anuncio no parece preocupar demasiado a los habitantes de la zona rural quienes sostienen que, si bien no cuentan plata ni con grandes lujos, «la comida y la leña nunca falta» porque la toman del campo. Además con lo que ganan por la venta de lana y animales durante el verano se proveen de los alimentos, vestimenta y combustible líquido para afrontar las inclemencias del tiempo de los meses venideros.

«Yo vivo feliz y contento acá en el campo. No tengo plata ni grandes lujos, pero la paso bien» sostiene sonriente Alfredo Abel Huircán, capataz de un campo ubicado en la zona de Pilquiniyeu, distante a unos 80 kilómetros al sur de Maquinchao.

Desde hace dos años, Huircán cuida cerca de 1100 ovejas en una de las zona más inóspitas de la Región Sur. El hombre tiene 26 años y vive solo en una casa ubicada en medio de una gran pampa.

Por ese lugar donde, según sus palabras, el viento y el frío castiga muy fuerte, pasa la única ruta que llega hasta Pilquiniyeu, una la pequeña aldea perdida en la zona oeste de la meseta de Somuncura cercada de altas cumbres que sobrepasan los 1800 metros de altura. «Lo único que me falta es una compañera, pero ya la voy a conseguir» prosigue en medio de una prolongada carcajada.

«Yo la paso bien -vuelve a repetir un poco más serio-. Mis patrones me tienen muy bien. Cuando no tengo carne, carneo algún animal. Los víveres los compré en abril en Maquinchao. Además en esta zona se consigue mucha leña por eso cuando me falta salgo al campo y la traigo en el caballo. Por eso no tengo de qué quejarme» puntualiza.

Ante la baja rentabilidad de los campos desde el año pasado el Gobierno implementa en el invierno un programa de ayuda a pequeños productores que beneficia a unos 3300 campesinos de menos de 1000 animales con 210 kilos de víveres calculado para un período de subsistencia cercano a los 90 días.

El problema del aislamiento

«Estos víveres que nos da el Gobierno nos ayuda nmucho a paliar la situación. Además el que puede juntar algo de plata con la venta de la lana compra en el verano y guarda para el invierno» señala Luis María Caifilipe, un productor de 800 ovejas propietario de un campo ubicado a escasos 5 kilómetros de Pilquiniyeu.

Generalmente el camino que llega a esa zona se anega en invierno por la acumulación de nieve. Sin embargo los trabajos de enripiado realizados recientemente por Viarse han mejorado su estado y hasta el momento esa ruta permanece transitable.

Cuando la ruta se corta el único transporte que no se queda es el caballo y por este medio salen del campo cuando hay que ir al pueblo hacer algún trámite o a llevar algún enfermo. Caifilipe, quien vive con su esposa y dos hijos en una humilde casa construida de adobe y barro añade que este año ha nevado poco y eso favorece a los pobladores de esa zona rural.

«Esta zona es muy fría porque es muy alta y cuando nieva mucho se pone muy frío. Las temperaturas rondan los 30 grados bajo cero». La nieve, el intenso frío o los fuertes vientos, no son obstaculos para Caifilipe.

Los trabajos del campo lo obligan a levantarse todos los días alrededor de las 6 de la mañana y, luego de desayunar con unos mates y tortas fritas, salir a recorrerlo y a juntar algunos palos de leña para pasar el día.

«En esta época hay que llevar las ovejas al reparo de los cerros o de los montes grandes porque si la nieve las agarra en los mallines se pueden morir» añade su esposa, Olga Melivilo.

La crudeza del invierno no tiene contemplaciones, sin embargo en la zona rural se hace más fácil combatirla.

José Antonio Mellado

«Esas eran nevadas, paisanito»

Pilquiniyeu es un pequeña aldea de campesinos a escasos kilómetros del límite entre Río Negro y Chubut por donde cruza el Paralelo 42. El caserío fue construido en la ladera de una montaña, en las cercanías del cerro Chauchaiñeu, cuyo pico alcanza los 1.872 metros del altura. El lugar es habitado por unas 40 personas, número que se incrementa durante septiembre-mayo. En este período funciona la escuela primaria 22, «Niñas de Ayohuma», donde concurren 36 alumnos de la zona.

La aldea tiene dos pequeños almacenes, una radio VLU para comunicarse con Maquinchao y un puesto sanitario atendido por una enfermera. Los aldeanos sostienen que allí se vive mejor que en los pueblos de la Región Sur.

«A pesar de que está media «fulera» la mano, acá la pasamos bastante bien» señala Sandro Melivilo quien tiene en sociedad con otros campesinos unas 400 ovejas.

Uno de sus socios, Luis Ibañez, añade que ya es costumbre en el campo prepararse con tiempo para afrontar el invierno. «Carneamos algún yeguarizo y hacemos «charquis» -preparado de la carne con sal-. Compramos fideos, harina, sal, azúcar, etc. Cuando no alcanza con lo que sacamos por la venta de la lana, vendemos algunos animales. Pero siempre nos preparamos bien» sostiene. Como el lugar no tiene ni luz eléctrica no hay heladeras para mantener los alimentos. Sin embargo, no hace falta ya que «con el frío que hace, colgamos la carne afuera, en algún árbol alto para que no se la coman los perros y se conserva muy bien» añade Melivilo.

Aderito Ziganda llegó hace muchos años a la aldea, proveniente del sur del Chubut para administrar un campo que, según cuenta, al poco tiempo tuvo que vender por razones familiares. Hoy es propietario de uno de los dos almacenes. Además tiene a su cargo la bomba y la red de agua potable de la aldea, trabajo del que hace alarde. El «vasco», como lo llaman quienes lo conocen, utiliza como muletilla la palabra «paisanito» cada vez que se dirige a los demás. A pesar de sus raíces con este vocablo lo identifica la gente cuando alguien pregunta por él. Como hombre de negocios asegura que «con 90 centavos que cuesta el kilo de lana, la gente que tiene 300 ó 500 ovejas no hace nada.

«La ayuda del Gobierno -víveres a pequeños productores- alcanza para que la gente en el campo se defienda más que en los pueblos» sostiene. Ziganda coincide con los aldeanos en lo fuerte que castiga el clima a esa lugar. Sin embargo recuerda que en los años 82 y 84 la nieve superó los dos metros de altura y afirma con fuerza a este cronista «esas sí que eran nevadas, paisanito». (J.A.M.)

«Vine para estar mejor y hoy vivo de la ayuda oficial»

La abrupta caída que comenzó a experimentar el mercado lanero a principios de la década del 90 fue determinante para la Región Sur, donde la ganadería representa el principal recurso económico.

Los bajos precios de la lana y los altos costos de producción incidieron en la sustancial merma en la cantidad de cabezas que experimentó la región. El campo perdió su rentabilidad y los campesinos comenzaron a vender sus ovejas y cabras. Así, de 1,569 millones de cabezas de ganado que exisitían en el 1988 solo quedaron 1,135 en el 1997, lo que marcó un descenso en la producción lanera de cerca de un 35 por ciento. Hoy el número de cabezas se mantiene estable.

Los campesinos decidieron abandonar los campos y radicarse en los pueblos en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo la situación del país les jugó una mala pasada y las cosas fueron empeorando con el paso del tiempo.

«Me vine del campo para estar mejor y hoy no tengo trabajo. Vivo de la ayuda del Gobierno. Pero la leña que nos dan es muy poca y las bolsas de alimentos las reparten cada un mes y medio. señala Carlos Huentenao, un vecino de Maquinchao

«Esta zona es muy fría y se consume mucha leña. Por eso salimos a buscar al campo y si no alcanza quemamos bosta de caballo, huesos, con lo que pueda arder nos calefaccionamos», añade Huentenao.

Esta localidad es la más afectada por la crisis porque la ganadería es su único recurso económico. En otras localidades existe la explotación de diatomita o piedra laja como producciones alternativas que generan ingresos extras.

«Tenemos techo de cartón en la casa, por eso le ponemos neneo -planta autóctona de la zona- para que no se llueva ni le pase el frío» sostiene.

El oficio de «prensero» le permite a Huentenao apovechar su estadía en los campos en tiempo de la zafra para proveerse de comida y algo de leña.

«En verano cazamos algunos piches y libres y los salamos. Además traemos un poco de leña y así podemos «tirar» en el invierno».

Antes y durante el invierno el gobierno reparte leña, kerosén, gas oil y gas en el marco del Plan Calor. Invierte alrededor de 600.000 pesos para comprar 3.000.000 de kilos de leña, 279.000 litros de combustible líquido -querosén y gas oil- y 20.000 garrafas de gas para beneficiar a unas 6.000 familias carenciadas. Sin embargo estos números no son suficientes ya que «se estima que solamente de leña se quemana unos 8 millones de kilos en el año en la Región Sur» sostiene Poli Lefiú, de la área de Acción Social de municipio de Maquinchao.

«En el pueblo -añade- la situación se torna muy difícil porque la ayuda del Gobierno no alcanza y porque no hay trabajo y la gente no puede comprar leña y víveres. En cambio en el campo se vive mejor porque la gente tiene animales para comer y montes para hacer leña».

Esta situación no varía en en el resto de las localidades de la zona. Al menos así lo describe Martín Zalazar un ex campesino que se radicó en Los Menucos hace algunos años y que desde hace tiempo integra la masa de desocupados de la localidad. «Trabajo estable no tengo. Ahora hago alguna «changuita» de vez en cuando y en la época de la zafra trabajo en el campo de alambrador o lo que sea» afirma.

Zalazar vive junto a su esposa y dos hijos en una pequeña casita en un barrio humilde. En el patio de su vivienda pueden verse caparazones de huevos, patas y otros huesos de avestruz, cueros de liebres y armazones de piches que, según afirma, sale a cazar al campo en el verano para dejar preparado alguna reserva de comida para el invierno.

«También juntamos leña. Pero tenemos que contratar una camioneta para que la traiga hay que pagar 20 o 30 pesos, si no es muy lejos el viaje. Ahora cuando nos falta salimos con la carretilla». El hombre agradece a una de sus hija que vive y trabaja en Viedma y que cuando puede le manda ropa y comida para poder vivir. (J.A.M.).-


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Ver Planes ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora