En El Turbio prefieren mantener el perfil rural

Pese a la creación del centro administrativo “Néstor Kirchner”,no quieren abrir un camino a El Hoyo.



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Arriba: el impresionante delta del río Turbio. Izquierda: los chicos de la escuela 186. Abajo: el caballo, transporte por excelencia

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El único tractor comunitario lleva la mercadería hasta el muelle, distante a una hora y media de caminata desde el paraje El Turbio.

Gentileza

LAGO PUELO (AEB). “Somos conscientes de que hoy es un día muy importante para la historia de este paraje, empezamos una nueva vida y lo único que vamos a pedir son herramientas para trabajar”, reflejó Juan Vigueras al terminar la asamblea con que los pobladores del paraje El Turbio aceptaron la propuesta para la creación de un centro administrativo que llevará el nombre de “Presidente Néstor Kirchner”.

Aquí los apellidos se repiten y se limitan a Fernández, Vigueras, Águila o Bahamonde. En total son 22 familias que prefieren mantener una identidad forjada durante un siglo, jalonada por la epopeya de sus propios abuelos llegados desde Chile. Incluso, la mayoría se opone a la construcción de un camino de acceso a través de El Desemboque –con salida hacia El Hoyo–, y la conectividad se hace con embarcaciones que deben surcar 18 kilómetros hasta el muelle del parque nacional.

Ahora se entusiasman con la lancha colectivo prometida por el gobierno del Chubut, que facilitará una vez por semana que puedan viajar a comprar los insumos indispensables para su subsistencia y sacar el excedente de su producción.

Allí la actividad económica preponderante gira en torno a la ganadería en pequeña escala (hasta 50 animales), a empleos estatales temporales y a servicios turísticos estacionales (cabalgatas o traslados). Además algunas familias producen tejuelas de ciprés para la venta.

En total son unas 75 personas, que permanecen aisladas en plena cordillera durante buena parte del año. Los aumentos son estacionales “en la época de cosecha de hongos, y sobre todo en verano cuando algunos pobladores regresan a pasar una temporada y colaborar en las tareas agropecuarias”, según valoró un proyecto del diputado Eduardo Daniel, autor de la iniciativa para crear la aldea rural.

La escuela, núcleo vital

El punto obligado de relaciones sociales es la escuela 186, donde se desarrolla buena parte de la vida comunitaria y el pasatiempo favorito de los chicos sigue siendo “andar a caballo y enlazar”. Son apenas 12 alumnos que desde septiembre a mayo mantienen un régimen de 10 días de clases continuos por 4 de descanso. Pernoctan en el mismo colegio, donde se alumbran con una micro turbina hidroeléctrica y desde el año pasado cuentan con internet.

“Acá tenemos buenos campos para criar animales, para hacer chacras, sembrar, pero nos faltan herramientas”, dijo uno de los vecinos ante los funcionarios del gabinete social nacional, a quienes pidieron la regularización de la tierra, la construcción de nuevas pasarelas y viviendas.

En coincidencia, todos valoran el esfuerzo que viene haciendo la administración del Parque Nacional Lago Puelo, que en los últimos años ha buscado integrarse a la comunidad y dotar a la zona de la infraestructura imprescindible, como la instalación de un muelle o el armado de un camino hasta la escuela que permita el paso del único tractor.

“Antes la política del Parque era echarlos –recordó Augusto Sánchez, el intendente–, ahora buscamos alternativas para que las unidades productivas sean rentables y permitan mantener las radicaciones, evitando que tengan que migrar y vender. Además, los hacemos responsables también de la conservación del lugar”, en referencia a los incendios forestales registrados durante los últimos años.

En referencia a las posibilidades de desarrollo del valle, la opinión generalizada es que “preferimos seguir así como estamos, no queremos que se llene de gente. El que quiera llegar que lo haga embarcado. Los abuelos siempre lo hicieron así, aún cuando para sacar a un enfermo tenían que remar todo el día para llegar al muelle de Puelo”, subrayó una de la mujeres de más edad.

Sin embargo, los más jóvenes van ensayando en los últimos tiempos alternativas para diversificar la economía tradicional de la ganadería y la madera.

Es el caso de los que se animaron a armar un camping para recibir al turismo y brindar a los excursionistas algunos servicios básicos. Desde El Turbio se puede ascender a los cerros Plataforma y Tres Picos (el más alto y renombrado de la zona), o seguir camino hasta La Esperanza (con 15.000 hectáreas sobre el límite internacional vendidas recientemente a un grupo inversor argentino), con un lago interno “y espectacular para los amantes de la pesca”.

Con todo, aclaran que “tampoco queremos un turismo masivo. El que llega hasta acá es porque busca estar solo, poder caminar por la montaña sin escuchar voces o disfrutar de un paseo a caballo contemplando los cóndores”.


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