En la deuda externa, la banca “es corresponsable”

El representante diplomático argentino en la Santa Sede subrayó la "firmeza" de Kirchner para negociar y alentó la profundización del Mercosur y la propuesta del G-21.



NEUQUEN (AN).- Como en un salto en el tiempo desde el primer peronismo de los años cincuenta hasta el que encarna hoy el presidente Néstor Kirchner, la vida de Carlos Custer parece cumplir una parábola. Es un sindicalista que ahora transita los pasillos del Vaticano como si fuera -y lo es- un segundo hogar, pero también es un dirigente de los días que corren. No representa a los gremios “fuertes” del viejo peronismo -metalúrgicos, petroleros, mecánicos, obreros de la carne o del ferrocarril- sino a los trabajadores que dependen del sector público.

Y proviene, no del socialcristianismo -a la manera de Antonio Cafiero, por ejemplo- sino de los núcleos católicos que amasaron la ideología de los años setenta: el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y luego la teología de la liberación. Integró por ocho años un consejo pontificio, el de Justicia y Paz, que albergó en su seno al cardenal Eduardo Pironio, el ex obispo de Mar del Plata que la Triple A hizo huir del país. Organizó centrales sindicales de alcance latinoamericano y ahora está en Roma, adonde todos los caminos conducen. Representó a la CTA en el exterior y vino al país como parte de la delegación oficial en el Congreso Eucarístico que se realizó en Corrientes.

Custer dice que el día anterior a esta entrevista compartió un almuerzo con el obispo emérito de Viedma, Miguel Hesayne; asegura que las homilías del cardenal Jorge Bergoglio sólo describen los males de la Argentina, que exceden la gestión de este gobierno, y recomienda atender a los documentos de la Iglesia más que a las posiciones particulares de sus miembros, en especial de la jerarquía.

En relación con la situación social y económica del país no basta con “pregonar, sino señalar también las causas de la pobreza: ese cóctel explosivo de corrupción, pillaje y neoliberalismo” que utilizaron dos “mecanismos perversos”, la concentración de la riqueza y la expatriación de los capitales. El país “no es pobre, es rico”.

Dice que es necesario redistribuir la riqueza y aplicar una política de mayor control de los capitales que se van. La corrección de la cosa pública debe tender a buscar en la Argentina “una mejor expresión de la integración social, mediante el control de la rentabilidad y una mayor presencia del Estado”.

Se entusiasma cuando habla del Mercosur y el futuro que implica esa alianza para el país y el continente americano. Es, según su visión, el verdadero espacio de desarrollo latinoamericano y el contrapeso del ALCA (Acta de Libre Comercio de las Américas) impulsado por el gobierno norteamericano. En ese contexto, los resultados de la reunión de la Organización Mundial de comercio en Cancún y las propuestas del G-21 “son esperanzadoras”, dice.

Sobre el Vaticano, responde, entre sonrisas que “tengo algunos amigos en Comunione e Liberazione” (el movimiento que le dio sustento a la visión social del papado de Juan Pablo II, fundado hace 50 años por Luigi Giussani y del que participa el polémico Rocco Buttiglione). Pero ahora, Buttiglione es funcionario del gobierno de Silvio Berlusconi, indicó; “se trata del posibilismo”.

– Uno de los factores de más peso en la economía argentina es la deuda y cómo negocia el actual gobierno. ¿Cómo se maneja en el campo diplomático este tema, en especial en Italia donde hay tantos ahorristas?

– En el plano internacional hay dos frentes: la renegociación de la deuda externa en términos que permitan el desa

rrollo del país y una mayor inversión social y después el comercio exterior, caracterizado por el proteccionismo de los países ricos. Se trata de buscar una relación comercial “justa”. En ambos temas, la Iglesia católica tiene una posición coincidente con la del gobierno. Tanto que el Papa ha abogado por la renegociación o la extinción de la deuda externa y tiene un mensaje claro contra el proteccionismo de los países industrializados. Son dos elementos clave para los argentinos en las relaciones con el Vaticano.

– ¿Cómo se evalúa la actual estrategia ante los organismos multilaterales?

– Sobre la deuda en términos políticos, sin lugar a dudas la firmeza argentina es valorada por expresar posiciones soberanas. Pero además, en esta negociación, lo importante es que nosotros profundicemos la integración y la solidaridad con los países del Mercosur. Estoy diciendo del Mercosur ampliado. Es importante ver también que hay un notorio progreso en la alianza, aunque falta mucho para una integración total. Pero como símbol de adhesión política, además de los países fundadores están como asociados Chile, Venezuela, Perú.

– Bueno, eso implica una estrategia común…

– Tal vez sea necesario comprender que la deuda no es problema de un solo país. Casi todas las naciones de Latinoamérica tienen problemas con la deuda y debería ser una oportunidad para demostrar una posición común. Eso representa una mejor relación de fuerzas para el momento de negociar. Tenemos el Mercosur y eso otorga una alternativa de desarrollo, tenemos una convergencia de intereses, y también tenemos problemas y derechos comunes para defender. La Argentina tiene una alianza estratégica con el Brasil; existe esa vocación por el Mercosur ampliado; hay que rescatar el espacio latinoamericano y, por último la relación con el G-21, son los cuatro elementos clave en la política exterior.

– ¿Cómo se perfila en Italia la negociación con los bonistas?

– Italia es uno de los países con más dificultades porque hay unos 460 mil bonistas…

– … ¿que suman cuánto?

– … deben andar en 15 y 18 mil millones de dólares. Acá hay que tener en cuenta la perversidad del sistema porque la mayor parte de estos bonos fue adquirida por los bancos que ganaron mucho dinero con los bonos de la deuda y que cuando vieron dificultades se asustaron y los desparramaron entre los ahorristas italianos, les dijeron que los intereses de Argentina eran mayores que los que daba el banco y los entramparon.

– ¿Y qué van a hacer ahora?

-En la Cámara de Diputados (de Italia) hay un proyecto de ley de un legislador socialista, Giorgio Benvenuto, por el cual Italia está haciendo un esfuerzo para resarcir a sus bonistas y pretende que los bancos y los organismos internacionales sean corresponsables según la cantidad de dinero en bonos que pusieron a circular. Ese proyecto fue aprobado por la Cámara de Diputados y falta que lo hagan los senadores. El criterio es que si el estado concurre en ayuda de los bonistas, también lo hagan los bancos, que cobraron altos dividendos en épocas de bonanza. Es decir, concentraron la riqueza y socializaron la pérdida.

– Es también el argumento de Néstor Kirchner cuando habla del Fondo Monetario…

– Claro, el hecho de hacer corresponsables a los bancos de toda esta situación avala lo que dice el presidente Kirchner respecto de la deuda. Acá hay una corresponsabilidad entre los organismos internacionales y los propios bancos.

– ¿Y cómo evalúa la situación interna en la Argentina?

– Bueno, acá voy a remitirme a la reunión que tuvo el presidente con la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal. El presidente ha sido muy claro al explicar las dificultades del país, y uno de los signos más importantes, la injusta distribución de la riqueza. Se trata de un punto de convergencia con la Iglesia argentina. El país medianamente ordenado con un gobierno que trata de encauzar las cosas, tiene posibilidades de recuperación. Por ejemplo las exportaciones que están en los 30 mil millones de dólares, el acuerdo potencial con China, 18 mil millones de dólares de reservas, no es poco. Y además, la firmeza del gobierno ante los organismos multilaterales de crédito como a los tenedores de la deuda. El presidente defiende con una tenacidad remarcable los intereses del país.

 

Gerardo Burton gburton@rionegro.com.ar

Nota asociada: La CTA hace pie en el Vaticano  

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En la deuda externa, la banca "es corresponsable"